Vox, el partido del bocinazo

Abascal capitaliza el cabreo con una manifestación tan legítima como irresponsable, y descriptiva de un partido incapaz de aportar soluciones a la crisis

Foto: La marcha motorizada promovida por Vox en Madrid, este sábado. (EFE)
La marcha motorizada promovida por Vox en Madrid, este sábado. (EFE)
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El atasco, la bocina, el dióxido de carbono, el conductor 'cabreao'. No cabe mejor definición escénica y estética entre un partido de bronca y la manera de manifestarse. Vox ha colapsado Madrid y ha 'intoxicado' otras ciudades como si a los partidarios de la protesta les urgiera subirse al coche, atronar a Sánchez con el claxon y sentir de nuevo el calor del asfalto. Se trataba de recuperar la calle recurriendo a la nostalgia del atasco. El codo asomado. La blasfemia. Y las casetes del Dúo Dinámico como placebo de la resistencia.

Nadie mejor para liderar la caravana motorizada que Santiago Abascal, cuya falta de ideas no contradice las habilidades en el manejo del altavoz y de las emociones. Vox es un partido de jarana, de jaleo. La pandemia requiere más responsabilidad y neutralidad que nunca, pero no iba a desaprovechar Abascal la oportunidad de liderar la iracundia de los madrileños con el señuelo de la bandera española y con el revanchismo patriotero. Recuperaban los manifestantes la autonomía del coche. Y se amontonaban en las avenidas de Madrid a semejanza de un circuito libertario cuya línea de meta no podía ser otra que la banderola gigante de la plaza de Colón.

Vox ha desempeñado un papel irrelevante durante la crisis. No ha aportado cordura ni soluciones. Ha malgastado su enorme poder en el Parlamento. Y se ha instalado en las acusaciones irresponsables e hiperbólicas, no ya atribuyendo a Sánchez todas las víctimas del parte de guerra, sino tratando de convencernos de que Iglesias ha fundado en España un narco-estado.

Se trataba de recuperar la calle recurriendo a la nostalgia del atasco. El codo asomado. La blasfemia

Vox es un partido que prospera en el desencuentro y la hiel. Necesita abastecerse de los instintos y de los despechos. Su naturaleza política se identifica en la crispación. Por eso lo benefician los estados de ánimo exacerbados y las situaciones extremas. Vox no fomenta la convivencia, la desnutre y la rompe. La manifestación motorizada solo podía ser un éxito porque el confinamiento y las caceroladas aspiraban a resarcirse en un argumento aglutinador, una fecha y hasta un itinerario.

Abascal ha convocado a los indignados. Y les ha devuelto la soberanía de la ciudad, aunque fuera durante unas horas de 'hooliganismo' y desahogo. De tanto gasoil y de tanto decibelio, no estaba claro si la 'mani' era contra Sánchez o contra Greta Thunberg. Es posible incluso que a Sánchez le convenga que el movimiento de oposición a su negligencia lo organice y lo promueva la extrema derecha o la derecha extrema. Abascal necesita a Sánchez tanto como Sánchez necesita a Abascal. Ningún lugar mejor que Colón para renovar el pacto.

El líder de Vox, Santiago Abascal, este sábado en la plaza de Colón en Madrid. (EFE)
El líder de Vox, Santiago Abascal, este sábado en la plaza de Colón en Madrid. (EFE)

A falta de argumentos constructivos, Vox propone el atasco y el bocinazo. No es tanto un partido de oposición como un partido de destrucción. Ni siquiera reviste demasiado mérito la 'atasquera' que ha colapsado la capital. Abascal proponía una vía de escape, una oportunidad para hacer vudú con Sánchez y para sepultar con decibelios las fechorías de Iglesias. La democracia no es la calle. La ocupen las esteladas o lo hagan los monovolúmenes rojigualdos.

Muchas razones hay para cuestionar la gestión negligente de la pandemia. Proliferan los motivos para cabrearse, indignarse y manifestarse, pero la perversión de Vox consiste en cultivar las bajas pasiones y adherirse a los mismos principios frontistas, clasistas o ideológicos que se reprochan, con razón, a los líderes sectarios de la izquierda y del soberanismo.

Había coches de todas las clases, de todos los modelos. No han protestado en Madrid los jugadores de golf ni los señoritos del barrio de Salamanca. La 'mani' del bocinazo se ha demostrado heterogénea y civilizada, con excepción de los aguiluchos y de los acosos a los periodistas, pero no puede decirse que sean civilizadoras las razones con las que Vox ha instrumentalizado el cabreo de los madrileños y de los foráneos.

Bien podría haber fletado Abascal unos Seat 600 o unos 1500, acaso unos Renaults 12 de capacidad familiar. Hubiera sido un guiño entrañable a la España del desarrollismo. Cuando no éramos Europa. Cuando no había extranjeros disputándonos el pan. Cuando se detenía a los maricones y se discriminaba a las mujeres. Cuando había seguridad en las calles.

La manifestación en coche promovida por Vox llega a la plaza de Colón, en Madrid. (EFE)
La manifestación en coche promovida por Vox llega a la plaza de Colón, en Madrid. (EFE)

Abascal ha fundado Vox no ya para evocar la España preglobalizada, sino para sembrar la discordia y exacerbar la psicosis. Es un derecho manifestarse, pero no hay derecho a vampirizar la susceptibilidad de una sociedad al límite de la paciencia y de la resistencia. Menos aún incumpliendo las reglas de las aglomeraciones y predisponiendo un ambiente festivo, campeones, campoeones, oé, oé, oé, en una ciudad martirizada por los cadáveres.

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