De Alsasua a la Autónoma en la efeméride de ETA

La sombra polimorfa de ETA, cinco años después del cese de su 'actividad armada', planea sobre Euskadi y Navarra

Foto: Fotografía capturada de la página digital del diario 'Gara' en la que se publicó el comunicado de la organización terrorista ETA. (EFE)
Fotografía capturada de la página digital del diario 'Gara' en la que se publicó el comunicado de la organización terrorista ETA. (EFE)

Hoy hace cinco años que la banda terrorista ETA, a través de un vídeo distribuido por el diario 'Gara', comunicó el cese definitivo de su 'actividad armada'. Tres días antes —el 17 de octubre de 2011—, la Conferencia de Ayete, en San Sebastián, reunió a Kofi Annan, ex secretario general de la ONU y Premio Nobel de la Paz, Gerry Adams, presidente del Sinn Féin irlandés, Berti Ahern, ex primer ministro de Irlanda, Pierre Joxe, exministro de Defensa e Interior de Francia, Gro Harlem, ex primera ministra de Noruega, y Jonathan Powell, jefe del gabinete de Tony Blair durante las conversaciones de paz en el Ulster. El grupo de 'mediadores' internacionales pidió a la banda que abandonase el terrorismo (con otras palabras) y requirió del Gobierno español una suerte, muy confusa, de disposición al diálogo. Estas personalidades sabían que ETA secundaría su llamamiento. Así lo hizo. Desde entonces, la banda no ha asesinado, se ha reducido drásticamente la denominada 'kale borroka' y ha desaparecido la extorsión del 'impuesto revolucionario'.

Los etarras, desde 1975 hasta 2011, asesinaron a 829 personas, 343 civiles y 486 militares y policías de los distintos cuerpos. Secuestraron a decenas de personas, extorsionaron a miles, provocaron una diáspora de vascos de la que Euskadi aún no se ha recuperado (consultar 'La diáspora vasca', de José María Calleja) y destrozaron el país (consultar 'ETA SA. El dinero que mueve el terrorismo y los costes que genera', de Mikel Buesa). Sus últimos atentados, sin embargo, estaban temporalmente próximos al cese de su 'actividad armada'. El 30 de julio de 2009, los etarras asesinaron a dos guardias civiles en Palma de Mallorca y el 16 de marzo de 2010, a un policía francés. Evitaron perpetrar más asesinatos durante los 19 meses previos a su declaración del 20 de octubre de 2011. La sociedad vasca —y por extensión, la española— ha recuperado la calma, algunos terroristas se han arrepentido y pedido perdón (ninguno, que se sepa, ha colaborado con la policía y la justicia), aunque muchos siguen, en Francia y en España, manteniendo el 'patriotismo' de su devastación, que alcanza toda su expresividad emocional en el definitivo libro sobre las víctimas —'Vidas rotas'— de Florencio Domínguez, Rogelio Alonso y Marcos García Rey.

EH Bildu es la fuerza política que mantiene debidamente camuflado, con eufemismos, el discurso de la legitimidad de la barbarie de ETA

La derrota de ETA ha sido policial —especialmente policial— y política. No me adentraré en el berenjenal ético de la procedencia o no de determinados comportamientos de los distintos gobiernos de la democracia, pero sí en que fueron guiados por la buena voluntad, no siempre acompañada del acierto. En términos políticos, lo más importante ha sido la rectificación ética del PNV bajo el doble liderazgo de Andoni Ortuzar —presidente de la organización— e Iñigo Urkullu —lendakari—, que han dejado atrás los conniventes años de plomo de Ibarretxe y Arzalluz. La sociedad vasca está girando, pero sin plena resolución. No está sana. Necesita una catarsis. Lo demostraría el excepcional trabajo periodístico de 'El Correo' de Bilbao del pasado día 16. Once afectados por la violencia etarra y medio centenar de personalidades de la sociedad civil vasca “ofrecen su relato y hablan de cómo debe recordarse en el futuro” el terrorismo, constando el diario que “otros muchos han preferido guardar silencio y no aparecer en el reportaje”. Todas las respuestas publicadas por el periódico bilbaíno se alinean, con un tono sincero, con la necesidad de una seria reflexión moral. Todavía no se ha producido en la medida de lo necesario.

La sombra polimorfa de ETA, cinco años después del cese de su 'actividad armada', planea sobre Euskadi y Navarra. En la Comunidad Foral, EH Bildu fue la segunda fuerza política en las elecciones de mayo de 2015, con ocho escaños y más de 47.000 votos; en el País Vasco, el pasado 25-S, también fue segunda en el 'ranking', con 18 escaños y casi 225.000 sufragios. Es la fuerza política que mantiene debidamente camuflado, con eufemismos, el discurso de la legitimidad de la barbarie de ETA. Son sus militantes y parte de su electorado los factores de socialización de un miedo difuso. Y retroalimentan también la radicalización. Su transformación es solo cosmética, y cuando llega la ocasión se retrata: EH Bildu no ha condenado la terrible paliza a dos guardias civiles y sus novias en la localidad navarra de Alsasua. Fue una paliza ensañada. Como en los 'mejores tiempos'. Hay algunos malvados que ayer no condenaron a los 'hijos de la ira' que aplastaron la libertad de expresión de González y Cebrián en la Universidad Autónoma de Madrid. Esos embozados que llamaban al expresidente “terrorista” y “asesino” y apoyaban a los presos de ETA son tributarios del discurso post-etarra de EH Bildu, que oficia de banderín de enganche de todas las extremosidades. Que Podemos tenga cuidado con mimetizaciones que tanto convienen a los amigos de los etarras.

La efeméride de ETA ha coincidido con estos acontecimientos. Pero también con otros esperanzadores: la magnífica novela —de un verismo escalofriante— de Fernando Aramburu ('Patria'), que derrota literariamente a la banda terrorista; el excelente relato-reportaje de Miguel Ángel Mellado sobre Miguel Ángel Blanco ('El hijo de todos') y la afirmación rotunda, valiente y certera de la escritora vasca Edurne Portela: “La carcajada de 'Ocho apellidos vascos' no es decente” ('El País' de 26 de septiembre). Los que vivimos aquello, sabemos que la sombra polimorfa de ETA no se ha disipado y que la comedia banal vasco-andaluza de la tragedia era una indecencia o, como escribí en este mismo blog el 1 de abril de 2014, "un bodrio”. Por cierto: el aula magna de la Autónoma de Madrid en la que se impidió vandálicamente que González y Cebrián hablasen ayer lleva el nombre de Francisco Tomás y Valiente, el catedrático de Historia del Derecho y expresidente del Constitucional a quien ETA asesinó en su despacho académico el 14 de febrero de 1996.

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