Lo de Puig&Moll

Me cuenta un antiguo director del medio en el que Ximo Puig fue auxiliar de redacción cómo el 'president' valenciano trató de hacerse socio del rotativo por vías políticas y sindicales

Foto: El 'president' de la Generalitat valenciana, Ximo Puig. (EFE)
El 'president' de la Generalitat valenciana, Ximo Puig. (EFE)

Los hechos están ahí y son irrefutables. Imagino la que se hubiera montado política/mediáticamente si Isabel Bonig, sin ir más lejos, hubiera dado 600.000 euros a un diario como 'La Razón' y de paso hubiera cortado el cupón del dividendo en esa empresa.

No me extraña nada de lo que ha ocurrido por la personalidad de los actores que, de ser de otra formación política, ya hubieran sido llamados por el fiscal anticorrupción y por el juez de guardia sin que ello suponga condena alguna 'a priori'. Me cuenta un antiguo director del medio en el que Ximo Puig fue auxiliar de redacción, que se trataba entonces como un mediocre aspirante a profesional del periodismo que al final consiguió —por vías políticas y sindicales— hacerse socio del rotativo al igual que otros compañeros de militancia del PSOE.


El Grupo Moll (Prensa Ibérica) es un viejo conocido de la comunidad mediática española pese a que siempre anduvo con un silente paso haciendo negocios (legítimos, por supuesto) en aquellos lares donde se daban las condiciones. Compró siempre barato y ha mantenido y mantiene un perfil "made in gorra y mandil" mirando de reojo al que tiene el poder político. Es decir, justamente lo contrario que esos editores anglosajones que aparecen en las series televisivas jugándose el cuello cuando el político listillo de turno quiere campar por sus respetos.

No es el único grupo mediático en España que practica lo descrito. El patrón de la cosa es aragonés de nacimiento y por esas tierras también pululan otros empresarios de los medios que siempre están de hinojos ante el que manda.


Cuando mi amigo y colega Carmelo Calvo Ridruejo dejó de trabajar para RENFE y el entorno del gobierno del PP de Mariano Rajoy, antes lo hizo con el de Aznar, siempre protegido por la siempre permanentemente presente Ana Pastor, se fue de edecán de Moll. Le he preguntado por los 1,4 millones de subvenciones que la Generalitat de Puig le ha endiñado a Prensa Ibérica (principal conglomerado mediático en la Comunidad) y por el cobro de los 11.000 euros por parte del mandatario político del peluquín.

He esperado varias horas y no llega contestación alguna.

Las sospechas siempre regresan.

Palo Alto
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