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El club de la lucha europeo: Von der Leyen exige situar los intereses por encima de los valores
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Josep Martí Blanch

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El club de la lucha europeo: Von der Leyen exige situar los intereses por encima de los valores

De la diplomacia de siempre al realismo de trinchera: el asalto germánico de la Comisión Europea que ningunea al multilateralista de Pedro Sánchez

Foto: La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (EFE/EPA/Olivier Matthys)
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (EFE/EPA/Olivier Matthys)
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Avalancha informativa. Por un lado, Trump, anunciando con su proverbial tono ostentoso que la guerra en Irán casi está acabada y dando a entender que lo que puede venir cuando se ponga fin a los bombardeos es la toma del estrecho de Ormuz para garantizar la normalidad del tráfico marítimo en ese lugar estratégico. Horas antes, Emmanuel Macron anunciaba que, bajo liderazgo francés, países europeos enviarán una fuerza naval que incluirá el portaaviones nuclear Charles de Gaulle, dos portahelicópteros y ocho fragatas a ese mismo punto con idéntico objetivo cuando finalice la fase crítica de la guerra. Añadió Macron que será una misión defensiva, no un modo de participar en la guerra.

Quizás se esté vislumbrando, de fondo, un objetivo común en ambas partes del Atlántico. La guerra habrá sido cosa de estadounidenses e israelíes, pero las consecuencias obligan a más países a tomar partido. Irán, con el régimen de los ayatolás o sin él, debilitado. Y la OTAN y Europa dejándole claro que no dispondrá de la posibilidad de chantajear al mundo estrangulando el paso de cargueros. Una agresión iraní, en esa hipotética segunda fase, legitimaría que la maquinaria de guerra que se pusiera en marcha ya no fuese solo estadounidense e israelí, sino también europea. En términos futbolísticos, Europa seguirá hablando de actuaciones defensivas, sí, pero con una defensa jugando muy al ataque.

Y antes del anuncio del presidente francés, el discurso de Ursula von der Leyen en la conferencia global de embajadores europeos, que tampoco tuvo desperdicio. Le importan poco a la presidenta de la Comisión Europea las acusaciones de estar excediéndose en sus atribuciones. Más bien parece todo lo contrario. ¿No quieres caldo? Dos tazas.

Si ya venía enseñando la patita, ayer Von der Leyen se mostró de cuerpo entero: alineamiento total con Washington y un discurso descarnadamente realista sobre la necesidad de que Europa anteponga de una vez sus intereses a sus valores, sobre todo cuando los segundos pueden ser un lastre para los primeros.

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El mundo es otro y, por tanto, hay que jugar la partida con nuevas reglas. Ese es el resumen de lo que dijo la presidenta de la Comisión. Ni una lágrima por el régimen de los ayatolás, pero sobre todo indiferencia ante los motivos que han propiciado la escalada bélica. Las causas son lo de menos, quien haya sido el primer agresor, también. Esto nos aleja del foco sobre el que hay que tomar decisiones, que no es otro que el interés europeo ante las consecuencias reales de una guerra. Esto es, hay que tomar partido. Y ese tomar partido significa para Von der Leyen encontrar el modo de estar al lado sin fisuras de los estadounidenses y los israelíes, en particular de los primeros.

En clave española, el discurso de Von der Leyen puede leerse sin traductor. La presidenta de la comisión milita en las antípodas de Pedro Sánchez, -¡ah, con el cariño que ha llegado a dispensarle en el pasado!- en lo tocante a las políticas de disuasión y defensa cuando estas han de pasar el examen de lo práctico. Una enmienda a la totalidad de la posición oficial española. Para Von der Leyen, los discursos que militan en la ortodoxia de la multilateralidad, el poder de la diplomacia ejercida al modo de la UE en las últimas décadas, o el pacifismo afincado en el supremacismo de los valores democráticos y humanistas no son más que naturaleza muerta. Pinturas que representan un mundo ya fallecido, aunque algunos se resistan a enterrarlo. Toca jugar la partida que ha deparado el presente con nuevas reglas. Y si estas son las del club de la lucha, pues que así sea. Este tomar partido, en la cabeza de Von der Leyen, pasa indefectiblemente por mantenerse bajo el paraguas del aliado tradicional sin fisuras, aunque a algunos se les haga bola.

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Más allá de esta lectura, y de las consecuencias que un posicionamiento tan explícito por parte de Von der Leyen pueda tener para los intereses estrictamente españoles, lo verdaderamente asombroso es que no pasa un solo día sin que se haga visible la incapacidad europea para hilvanar algo que se asemeje a un discurso que, sin ser compartido por todos los actores, no sea al menos pura contradicción. Nada es nuevo en realidad, sólo que las costuras se hacen más visibles con cada crisis.

A decir verdad, Von der Leyen resonó ayer más como una embajadora del canciller alemán, Friedrich Merz, y de los intereses germanos, que no como alguien al frente de una institución obligada a guardar un cierto equilibrio para no soliviantar a países miembros con posiciones abiertamente contrarias a los argumentos que ella desgranó. Por un momento se asemejó más a una ministra de Defensa alemana, cargo que ocupó en el periodo 2013-2019, que a la presidenta de la UE.

Quien pensaba que Von der Leyen se amedrentaría tras las acusaciones de algunos países por excederse en sus competencias, o que tendría algún efecto trasladar al ámbito público e insistir a través de los medios en el conflicto con la alta representante de la UE para la política exterior, Kaja Kallas, que es quien tiene competencias -limitadas, pero competencias- para manejarse en un asunto como el de la guerra de Irán, se dieron ayer de bruces contra la realidad. Von der Leyen milita activamente en el germanismo y utiliza abiertamente su cargo para remar en favor de las tesis de Berlín. Y el que pueda seguir, que siga.

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La reflexión sobre si la doctrina europea en política exterior, las instituciones comunitarias y los procesos de toma de decisiones que exigió ayer no son novedosas. Pero sí lo fue el tono descarnado con el que impelió hacia esa reflexión, dando a entender que las buenas intenciones -reflejadas en los valores de los que presume Europa- son a estas alturas más un obstáculo que una aportación beneficiosa para la credibilidad del continente como actor geopolítico. Por parte española sólo respondió la ministra Yolanda Díaz, lo que en la práctica quiere decir que al menos ayer no hubo respuesta alguna.

En el hormiguero europeo se mantiene la cacofonía propia de un escenario todavía imprevisible. Pero un deseo compartido parece ganar terreno para cuando finalicen los bombardeos: maniatar la maniobrabilidad de Irán con una operación defensiva que, llegado el caso, justificara que una hipotética reactivación de la guerra implicara esta vez sí a los europeos. Intereses, que diría Von der Leyen.

Avalancha informativa. Por un lado, Trump, anunciando con su proverbial tono ostentoso que la guerra en Irán casi está acabada y dando a entender que lo que puede venir cuando se ponga fin a los bombardeos es la toma del estrecho de Ormuz para garantizar la normalidad del tráfico marítimo en ese lugar estratégico. Horas antes, Emmanuel Macron anunciaba que, bajo liderazgo francés, países europeos enviarán una fuerza naval que incluirá el portaaviones nuclear Charles de Gaulle, dos portahelicópteros y ocho fragatas a ese mismo punto con idéntico objetivo cuando finalice la fase crítica de la guerra. Añadió Macron que será una misión defensiva, no un modo de participar en la guerra.

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