Todo estaba en el punto de partida: Podemos y el abatimiento de la izquierda

Es el momento de las explicaciones, de justificar cómo se ha llegado hasta aquí. Pero las consecuencias del fracaso de Podemos van más allá y están dejando efectos desoladores

Foto: Eran otros tiempos, pero las diferencias ya estaban presentes. (Reuters)
Eran otros tiempos, pero las diferencias ya estaban presentes. (Reuters)

Es curioso cómo, una vez constatada la derrota, han empezado a difundirse las explicaciones acerca de lo que no ha funcionado. Han aparecido numerosos artículos en los últimos días sobre lo que ha ido mal y sus causas, y el mismo Iglesias ha dedicado un 'Fort Apache' a explicitar los motivos del descarrilamiento. El líder de Podemos, en realidad, no ha hecho más que ratificar todo aquello que los suyos han divulgado por las redes en las últimas fechas: las élites querían acabar con Podemos, el PSOE forma parte de una malla de poder sistémica y su única intención durante las negociaciones era doblar el brazo a los morados para hacerles el mayor daño posible. En el fondo latía la negativa radical del sistema a incorporar políticas de izquierda, así como un cierre ideológico que redirige las alianzas hacia el PP y quizá Cs si entra en razón. En definitiva, el régimen del 78 se ha regenerado y trata de asentarse eliminando a su rival más incómodo, Podemos.

Era previsible una reacción como esta, que alude a la peligrosidad real de un partido no domesticado y a una reducción de los márgenes para la política, pero es una explicación insuficiente. Imaginemos que fuera así y existiera una intención expresa por parte de los poderes fácticos españoles de excluir del Gobierno a Podemos; es más, que la hubiera para que el partido desapareciese. Pero eso es algo que no está en sus manos. Hay que partir del detonante de todo este proceso, las últimas elecciones y los resultados obtenidos en ellas, que son los que enmarcan las posibilidades. Si hubiera ganado UP las elecciones, estaríamos en otro contexto, al igual que si hubieran obtenido los 53 diputados necesarios para lograr la mayoría absoluta junto con los 123 del PSOE. No fue así, y eso lo decidieron los electores, no los poderes fácticos.

El error táctico

En segunda instancia, incluso cuando hubiera un deseo expreso del PSOE de gobernar en solitario, que está presente en buena parte de sus dirigentes, los socialistas también eran conscientes de que UP les era necesario. En buena medida porque se trataba de la opción preferida de la mayoría de sus votantes, también porque hay cuadros socialistas que prefieren un Gobierno de izquierda y, desde luego, porque era la opción más factible. En ese escenario, las negociaciones fueron tardías y deficientes, llenas de desconfianza por ambas partes y demasiado centradas en el reparto de poder. Podemos jugó sus bazas y los socialistas las suyas, pero la realidad es que Iglesias no supo sacar partido de sus opciones. Sobrevaloró sus posibilidades, del mismo modo que creyó que el ansia de conservar el Gobierno por parte de Sánchez le llevaría a ceder más parcelas.

Puede que Pedro Sánchez e Iván Redondo no quisieran gobernar con Podemos, pero lo cierto es que Iglesias se lo puso muy fácil

Puede que los poderes fácticos no quisieran que UP estuviera en el Gobierno, pero hubo oferta para ello; más satisfactoria o menos, más justa o menos, pero la hubo, y lo cierto es que a una parte no menor de la población una vicepresidencia y tres ministerios no le parecen desdeñables. Y, en realidad, tampoco lo eran. Quizá se trataba de áreas que no eran claves, pero UP no podía pretender la misma cuota que si sus escaños sumasen mayoría absoluta y actuó como si así fuera. Además, es un partido con debilidades internas, lo que le perjudicaba a la hora de negociar, porque la otra parte lo sabía y sacó partido de ello, y conseguirá más de esa presión tras el fracaso. Y además existían otras opciones. De modo que quizá Sánchez y Redondo no querían gobernar con Podemos, pero lo cierto es que Iglesias se lo puso muy fácil. Los socialistas no jugaron muy limpio, pero los morados cayeron en la trampa.

Regresar al inicio

Tras la derrota, cada facción de UP, incluidos los que ya no están, trata de explicar a los suyos los motivos de que las cosas no hayan funcionado, pero lo curioso es que todos lo hacen desde la misma perspectiva. El sentido y emocionante artículo de Yayo Herrero describiendo los errores que llevaron al triunfo de la derecha en la ciudad de Madrid y en el que aboga por una reconstitución de la izquierda a partir de su vitalidad popular, no es más que una alabanza de lo que fue Ganemos. En el fondo, lo que expresa es que se hicieron las cosas bien en un momento concreto, pero que después todo se pervirtió y que para volver a tener éxito habría que regresar a ese instante. Errejón insiste en que habría que regresar a ese momento populista en el que se buscaba vincular a mayorías, y que se perdió por el desplazamiento hacia la izquierda y por el talante hostil de Iglesias. Y los anticapitalistas continúan en lo suyo, hablando de regresar a organizaciones horizontales y antifascistas y de lo común y de la importancia de los movimientos no institucionales.

El mensaje que transmiten todas las facciones es el mismo: todo iba bien y todo funcionaba hasta que los otros lo estropearon

Pero más allá de las propuestas de cada corriente, que consisten en regresar al punto de partida (es decir, a su punto de partida), el mensaje que transmiten es el siguiente: todo iba bien, todo funcionaba hasta que alguien lo estropeó. Algunos, como Isidro López, exdiputado en la Comunidad de Madrid, han sido muy explícitos, hablando de la “basura errejonista/carmenista” a raíz de la Operación Chamartín, pero esa hostilidad es común, aunque se exprese en términos más amables: todo iba bien hasta que nos convertimos en un partido que se basaba en el hiperliderazgo, todo iba bien hasta que los errejonistas se vendieron, todo iba bien hasta que entró IU, todo iba bien hasta que Iglesias purgó a Errejón, todo iba bien hasta que el Ibex decidió que no íbamos a gobernar.

Las verdaderas causas

A todos los que desean volver al punto de partida tratando de encontrar la pureza perdida, que era también la causa del éxito desde su perspectiva y que casualmente coincidía con las tesis que su corriente defiende, hay que señalarles de modo expreso que no es así; que todo lo que ha ocurrido es precisamente consecuencia del punto de partida. Podemos es un partido montado por tres corrientes muy distintas, a las que solo unía el rechazo de la izquierda tradicional, es decir, de IU, y la hostilidad frente al PP, pero que ni compartían proyecto ni se llevaban bien. Es un proyecto sin articulación territorial, ya que dependía de sus confluencias, y esa debilidad interna se acrecentó cuando IU se sumó a Podemos. Es un partido que carecía de bases, porque a todos aquellos que se fueron acercando a los círculos los mandaron rápidamente a casa, y que tampoco contaba con cuadros preparados. Es un partido que, como bien señala una extrabajadora de Podemos en un artículo conmovedor, se construyó a partir de un solo criterio, la lealtad (“te das cuenta de que los que mandan siguen en lógica de guerra. Que si no matas por ellos no eres fiel, que no vales la pena. Que no sirves para nada”). Es un partido que, por tanto, expulsó el talento (“te ves rodeada de necios inútiles a los mandos. Y sigues viendo lo que llevas viendo desde el primer día: gente absolutamente excepcional a la que alejan, o que se aleja porque no lo soporta más”). Es un partido que excluía a los que pensaban diferente con formas hostiles y calificativos despectivos. Es un partido construido a partir de la figura de un líder que se rodeó de un núcleo reducido de fieles, y que, en consecuencia, cuando se equivocó estratégica y tácticamente, no tenía a nadie al lado para reconvenirle. Con todas estas piezas, la derrota era el único destino.

Tierra devastada

Ahora, cada una de las corrientes, que actuaban del mismo modo, alega una causa justificativa y trata de quedarse con los restos con la excusa de un reinicio. No, gracias. No es cuestión de volver a vuestras casillas de salida, porque todo ha salido según lo esperado, no ha sido más que una sucesión de acontecimientos lógicos. Y lo peor no es la derrota, ni no estar en el Gobierno, ni la escasa presencia social, sino la sensación de abatimiento y desesperanza que habéis dejado, convirtiendo la izquierda en tierra devastada.

Desde luego, España necesita una izquierda a la altura de los tiempos y, aunque tarde, logrará construirse, de eso no hay duda. Hemos de afrontar problemas serios y más en una etapa de recomposición del capitalismo y de cambio geopolítico, que tiene consecuencias obvias en numerosos asuntos, materiales, sociales y climáticos. Por lo tanto, no más purgas, no más núcleos irradiadores, no más soberbia y desdén, no más desconocimiento de la sociedad en la que vivís, no más fórmulas de éxito televisivo, no más procesos constituyentes, no más significantes vacíos, no más conceptos altisonantes, no más estupideces. Tuvisteis vuestro momento y lo habéis desaprovechado. Actuad en consecuencia.

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