Sánchez explica a Davos en qué se ha convertido el socialismo. Y están encantados

El discurso del presidente español subraya las líneas ideológicas de su Gobierno al tiempo que muestra el gran giro que la socialdemocracia europea está dando

Foto: Pedro Sánchez, durante su intervención en Davos. (EFE)
Pedro Sánchez, durante su intervención en Davos. (EFE)

Pedro Sánchez fue presentado en Davos por José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, un dirigente global que ve con mucha simpatía a nuestro presidente. En su intervención, resonó una petición, “reforms, reforms, reforms” (que evocaba aquel “taxes, taxes, taxes” que hizo popular Rutger Bretman en la pasada edición), que constituye el mejor resumen de las exigencias que el entorno internacional formula al dirigente español.

Sánchez intervino para subrayar los elementos programáticos de su Gobierno, y repitió aquello que era esperable: crecimiento económico, transformación digital, transición ecológica, igualdad real entre hombres y mujeres y justicia social. Probablemente los desgranase en orden de importancia, y todos fueron matizados convenientemente. Afirmó que su Gobierno con Podemos será muy activo, y que además serían campeones de la 'accountability'.

El desvío alemán

Entender la dimensión del discurso de Sánchez y lo que supone para el socialismo contemporáneo exige un pequeño desvío. Quizás el país que mejor represente el presente y futuro de la izquierda sea Alemania. El SPD, el poderoso partido socialdemócrata, acabó por ser la muleta del Gobierno de Merkel con el objetivo de ofrecer estabilidad política al centro de la eurozona. El desgaste que conlleva convertirse en la parte con menos influencia de un Gobierno de coalición lo ha acabado pagando en las urnas. Alemania no solo ha visto crecer a la extrema derecha, que ha ganado colectivos típicos de la socialdemocracia, en especial en el este, sino que también ha visto crecer el voto verde. Los ecologistas podrían ser el partido de reemplazo por la izquierda de los socialdemócratas si estos siguen cayendo, ya que tienen bastante apoyo entre sectores jóvenes, urbanos y cosmopolitas.

La ecología supone un giro ideológico de calado en las socialdemocracias europeas, que se han reestructurado alrededor de la idea de progreso

La importancia de ese giro es mayor de lo que parece, no tanto porque los partidos clásicos de la socialdemocracia estén en riesgo de verse sobrepasados por los verdes, sino por un fenómeno de imitación, ya que el ideario ecologista está siendo asumido por los socialistas. Hay matices según países, pero, en general, este giro está muy presente en las izquierdas. España es un buen ejemplo, y una de las primeras medidas del Consejo de Ministros ha sido prometer un plan verde rápido y urgente para combatir la emergencia climática.

Los sacrificios para un buen futuro

Pero el asunto va más allá de la ecología. Implica un giro ideológico de calado en las socialdemocracias europeas, que se han reestructurado alrededor de la idea de progreso. Han construido un ideario en el que confluyen modernidad, digitalización e igualdad entre hombres y mujeres para el que la transición energética es una metáfora perfecta. La idea de fondo, la que cohesiona su visión, es la de afrontar una era de cambios a través de la innovación, de la tecnología, del avance cultural y de la construcción de un futuro brillante. Se trata de hacer sacrificios ahora, aunque sean duros y generen perdedores, de forma que se pueda alcanzar una sociedad mejor. Y, en ese sentido, la emergencia climática, que reúne la advertencia sobre grandes riesgos para el planeta con nuevas posibilidades laborales, innovación y oportunidades, es un marco idóneo.

Lo llamativo es que lo expuesto por Sánchez es exactamente el ideario de Davos: ningún lugar mejor para presentarlo

Este giro hacia el ecologismo, la modernidad, la tecnología y el feminismo define la izquierda europea, la dominante, pero también la secundaria, como ocurre con Podemos. Supone la reinvención ideológica de una parte del espectro político que se ha visto obligada a trazar nuevas estrategias para resituarse en el mapa político en un escenario desfavorable.

La socialdemocracia dejó de ser la fuerza de contención del capitalismo para convertirse en la fuerza de contención del descontento social

Lo curioso es que exactamente esa es la ideología de Davos, por lo que no ha podido elegir mejor Sánchez el lugar de exposición del programa de su Gobierno. Los temas centrales del foro en sus últimas ediciones, revolución industrial, feminismo y, este año, emergencia climática, parecen haber sido la fuente principal de inspiración de los partidos progresistas. E incluso de la propia UE: muchas de las ideas del fundador del foro, Klaus Schwab, han sido recogidas por la tecnocracia europea e incluso Von der Leyen le ha mencionado hace un par de días en términos superlativos. En fin, nadie ha definido mejor que Schwab el eje político en el que se apoya el progresismo: “La línea divisoria actual no está entre la izquierda y la derecha, sino entre los que abrazan el cambio y los que quieren conservar el pasado. Estos últimos se quedarán atrás”.

Los problemas bajo la alfombra

Esta es la ventaja, pero también el límite de los socialdemócratas europeos, el haberse convertido en el partido de Davos, el de un espacio de relaciones públicas a escala masiva, que se ha especializado en reconocer los problemas existentes y reorientarnos hacia nuevas formulaciones gatopardistas. Davos, como la socialdemocracia, es a la política lo que la responsabilidad social corporativa ha sido a las empresas, una operación discursiva sin anclaje en prácticas reales, una manera de esconder los problemas debajo de la alfombra con retoques estéticos y prácticas novedosas y modernas, como si fuera una pasarela de la moda en la que siempre sale ganando su industria.

Esta reformulación de la socialdemocracia, y de gran parte de la izquierda, como partido de progreso es significativa, especialmente desde Blair. La socialdemocracia dejó de ser la fuerza de contención del capitalismo, obligando a la redistribución y a la creación de las clases medias, y se convirtió en la fuerza de contención del descontento a través de la reinvención continua de su ideario. Ningún lugar más apropiado que Davos para que Sánchez exponga su programa.

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