La alianza de Vox y Ayuso contra Casado
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Esteban Hernández

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La alianza de Vox y Ayuso contra Casado

Las elecciones madrileñas ponen sobre la mesa tensiones importantes y, en especial, en la derecha española: su futuro puede quedar apuntado en los resultados del 4-M

placeholder Foto: Rocío Monasterio con Isabel Díaz Ayuso. (Juan Carlos Hidalgo/EFE)
Rocío Monasterio con Isabel Díaz Ayuso. (Juan Carlos Hidalgo/EFE)

Vox tiene una situación muy difícil en Madrid. La convocatoria de elecciones tiene como objetivo situar al PP en el lugar hegemónico de la derecha, destruyendo a Cs y relegando a Vox no a la esquina ideológica, sino a un lugar minoritario en cuanto fuerza política. Los comicios catalanes fueron un golpe duro para los populares, añadieron espuma a la efervescencia del partido de Abascal, y en Génova saben que este es el momento de devolverlo al rincón. Madrid es, paradójicamente, el lugar más desfavorable para Vox, en buena medida porque Ayuso representa a su votante tan bien como ellos, o mejor.

La jugada madrileña está dejando sin muchas opciones a Vox, salvo que sean capaces de reinventarse, lo que no parece muy probable. La mayoría de los partidos que concurren a estas elecciones convocadas por sorpresa han tratado de añadir elementos nuevos a su oferta. Podemos ha traído de regreso a Iglesias, transformando sustancialmente el escenario, el PSOE ha sacado del olvido a Gabilondo, le ha rodeado del equipo de Moncloa y ha añadido algunos de sus nombres a las listas, incluso el PP ha maniobrado para atraer a los descontentos de Cs. Vox no ha incluido diferencia alguna respecto de ofertas anteriores, salvo la de implicar directamente a Abascal en la campaña. Pero le hace falta algo más para sumar votantes.

Foto: El líder de Vox, Santiago Abascal, y la candidata en Madrid, Rocío Monasterio. (EFE)

La táctica de Vox

Vox es un partido poco flexible y que está anclado en una visión concreta de la sociedad, lo que limita mucho sus posibilidades electorales. Es, además, un partido cerrado, con un núcleo compuesto por pocas personas, y poco permeable a los cambios. Y cuando sus rivales, y es el caso del PP de Ayuso, representan mejor su propuesta de confrontación airada con el Gobierno central y con la izquierda, las posibilidades de crecer tienden a desvanecerse.

El riesgo para Madrid es la estrategia suicida de Teo y Pablo. Ayuso debería rogarles que la dejaran sola, como han hecho siempre

¿Qué hacer, entonces? ¿Cómo enfrentarse a la amenaza de absorción por parte de Ayuso? ¿Cómo convencer a sus votantes de la conveniencia de votar a Monasterio? La táctica elegida por Vox es interesante: quieren proteger a Ayuso de Casado y de Teodoro. La respuesta oficial a las encuestas que advierten de una posible debacle de Vox, que podría incluso no superar el 5%, es significativa: “Preparémonos para los desatinos de Génova 13, filtrando sondeos falsos… El único riesgo para Madrid son las estrategias suicidas de Teo y Pablo. Ayuso debería rogarles que la dejaran sola... como han hecho siempre”.

La verdadera derecha

Dicho de otro modo, ellos serían los garantes últimos de que gobernase la verdadera derecha, no aquella que se deja llevar por las tibiezas y por los volantazos ideológicos, como le ocurre al PP de Casado. Atribuyen así al voto a Vox una utilidad que puede animar a quienes dudan entre un partido y otro y devuelven los comicios a una vertiente política. En el fondo, están peleando por el alma ideológica de la derecha y por fijar sus ideas centrales, lo que puede ser un elemento de convicción: si nos votas, contribuiremos a que la derecha no pierda el foco.

Quieren ser los garantes de las esencias de la derecha de siempre, sin dejarla en manos de un endeble y errático Casado

El problema de jugar esta baza, que hay que entender posicionada en unas elecciones concretas, es el lugar contradictorio en que sitúa a Vox. Si tienen éxito, Ayuso triunfa en Madrid con su ayuda, y esa misma posición impulsa a la facción más a la derecha del PP y Vox se queda sin espacio. Sería una batalla por ser reabsorbidos; jugarían el papel del UKIP, que llevó al partido conservador hacia posiciones más duras y que se desvaneció precisamente por lograr sus objetivos.

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante una visita a una residencia de mayores. (EFE)

Para que les funcione la estrategia, necesitan un PP con un perfil más moderado que el actual, de forma que puedan ejercer de garantes de las esencias de la derecha de siempre, sin dejarla en manos de un endeble y errático Casado.

Lo paradójico de todo esto es que, en cierto modo, Vox tiene razón al jugar esta baza. La jugada del PP con estas elecciones tiene que ver con consolidar su hegemonía en la derecha, de modo que se pueda significar como el único aspirante que puede derribar a Sánchez. A su vez, Casado es consciente de que su control del partido es lo que garantizará el poder, y con él su candidatura, y esa es la explicación de las tensiones con los barones. La ideología le importa mucho menos, en el sentido de que, una vez asentado en ambas posiciones, el discurso que utilice será el que más le convenga para intentar conseguir el poder. Es en esas tensiones del PP, la ideológica y la interna, donde Vox se convertirá en un actor importante.

Vox tiene una situación muy difícil en Madrid. La convocatoria de elecciones tiene como objetivo situar al PP en el lugar hegemónico de la derecha, destruyendo a Cs y relegando a Vox no a la esquina ideológica, sino a un lugar minoritario en cuanto fuerza política. Los comicios catalanes fueron un golpe duro para los populares, añadieron espuma a la efervescencia del partido de Abascal, y en Génova saben que este es el momento de devolverlo al rincón. Madrid es, paradójicamente, el lugar más desfavorable para Vox, en buena medida porque Ayuso representa a su votante tan bien como ellos, o mejor.

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