Nunca vimos a Pablo Iglesias tan hundido en el escaño

La votación no la perdió él, pero sí que fue el más abatido de todo el hemiciclo. Lastra incluso le acusó de querer conducir un coche "sin saber siquiera dónde está el volante"

Foto: El líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, en el Congreso de los Diputados. (EFE)
El líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, en el Congreso de los Diputados. (EFE)

Ya puede poner Irene Montero en su currículum, junto a la beca en Harvard que casi cursó, el cargo de casi vicepresidenta del Gobierno. Como la estancia en la prestigiosa universidad americana, la número dos de Podemos también tenía la plaza en el Consejo de Ministros concedida y al final la rechazó. Al menos, de momento.

Los intentos de PSOE y Podemos para formar un Gobierno de coalición han vuelto a fracasar, pero hasta el último minuto no estuvo claro si el Congreso tumbaría o no la investidura de Pedro Sánchez en el segundo intento. Y el resultado, 124 síes frente a 155 noes y 67 abstenciones, no refleja lo ajustado que fue en realidad. Hubo hasta un regateo de propuestas 'in extremis', en directo y desde la tribuna, como si en vez de negociar un gobierno lo fueran a subastar. Más que trepidante, resultó un espectáculo bochornoso.

La votación la perdió Pedro Sánchez, pero al que se veía más abatido en el hemiciclo era a Pablo Iglesias. Lastra le acusó de querer conducir un coche “sin saber siquiera dónde está el volante”. Y como llevaba un rato hundiéndose cada vez más en el escaño, cabía incluso dudar si llegaría hasta él cuando lo encontrara. Que ya tiene que estar tocado Iglesias para que le afecte un rapapolvo de Lastra. “Es la segunda vez que impide usted un Gobierno de izquierdas”, añadió la número dos del PSOE. Iglesias negaba con la cabeza. En realidad, van tres.

Resultaba muy extraño ver al líder de Unidas Podemos con ese aire de estar a punto de perder la votación, acostumbrados como estamos a esa pose suya de estar de vuelta de todo. Fue él quien la semana pasada dio el golpe de efecto en la entrevista con Antonio García Ferreras, cuando dijo que renunciaba a entrar en el Gobierno para desatascar las negociaciones (a cambio de Montero en la vicepresidencia). Desde ese momento pareció mantener un control en el tira y afloja que al llegar a la votación había perdido por completo.

No está claro cuándo se dio cuenta Iglesias de que le había fallado el cálculo. Pero al entrar en la Cámara ya llevaba el gesto de haber calibrado mal la jugada. Y como si quisiera rebobinar antes del punto de no retorno, el líder de Unidas Podemos se comprometió en la tribuna a renunciar a la cartera de Trabajo si le dejaban “las competencias en políticas activas de empleo”. ¿Qué esperaba que pasara entonces? ¿Que Sánchez dijera ‘sí, quiero’ y los demás gritaran que se besen? No sería la primera vez que en medio de una sesión de investidura, Iglesias le planta un beso en los morros a otro diputado en medio del hemiciclo. Fue a Xavier Domènech, en 2016, cuando a Iglesias todavía le divertían las investiduras fallidas de Sánchez. Esta le ha dejado peor cara.

Lo más sorprendente de la oferta de Iglesias 'in extremis' es que llegara justo después de que Pedro Sánchez se hubiera esforzado en sacarlo de quicio. “No se puede poner Hacienda en manos de alguien que no ha gestionado nunca”, le había espetado el presidente del Gobierno en eternas funciones a Iglesias en el turno de palabra en el que debía pedirle su apoyo. Si el líder de Podemos hubiera estado en plena forma, le habría podido responder a Sánchez que antes de llegar a Moncloa no constaba más gestión en su haber que la de concejal raso. Pero Iglesias, en vez de contraatacar, quiso seguir negociando en el tiempo de descuento dejando al descubierto que tenía más ganas que Sánchez de que saliera que sí. Hasta los de IU pidieron un receso, que la presidenta de la Cámara les negó, como último intento de reanimar la investidura moribunda.

Sánchez, sin embargo, que seguramente nunca tuvo intención de compartir con Iglesias el poder, había subido a la tribuna de a hacer campaña contra Iglesias: “¿Acaso es humillante ser ministro del Gobierno de España?”, le preguntó para desquitarse de los ataques recibidos la primera sesión de investidura.

Puede que Irene Montero y Pablo Iglesias se hayan quedado con más ganas que Sánchez de sacar adelante la investidura, pero es Sánchez quien ha fracasado realmente en estos tres meses tirados por la borda. Si el presidente en funciones hubiera puesto el mismo empeño en sacar adelante la negociación que el que está poniendo en dejar claro que la culpa del fracaso no es suya, hace tiempo que tendríamos Gobierno.

Segundo Párrafo
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