Lo que une a Vox con el independentismo

La misma mañana en que en Cataluña los partidos soberanistas desafiaban al TC con una nueva resolución de apoyo a la autodeterminación, Vox se saltaba el reglamento del Congreso

Foto: Los diputados de Vox en la Comisión Permanente, marchándose de la sesión. (EFE)
Los diputados de Vox en la Comisión Permanente, marchándose de la sesión. (EFE)

La misma mañana que en Cataluña los partidos independentistas desafiaban al Tribunal Constitucional con una nueva resolución en apoyo a la autodeterminación, Vox se saltaba a la torera el reglamento en el Congreso de los Diputados para imponer una declaración sobre Cataluña sin respetar el reglamento de la Cámara. Quieren condenar que el independentismo se quiera saltar la Constitución al tiempo que desprecian las normas en el corazón mismo de la soberanía nacional. La coherencia cotiza a la baja en campaña electoral.

Los diputados de la formación de Santiago Abascal no acataron ni el sitio que tenían asignado por el protocolo de la Cámara (ocuparon el espacio asignado a Ciudadanos) ni su portavoz, Macarena Olona, esperó el turno de palabra. Decían los de Vox que su objetivo era exigir que se incluyera en el orden del día una iniciativa sobre Cataluña que, al no haber sido previamente calificada por la Mesa de la Cámara, se tratase de lo que se tratase, era imposible de introducir en el orden del día. Como la diputada de Vox hizo caso omiso de las llamadas al orden de Meritxel Batet, la presidenta del Congreso acabó expulsándola ante la estupefacción y el aplauso unánime del resto de grupos parlamentarios y la atención de todas las cámaras allí presentes.

A los pocos minutos, el vídeo del numerito ya estaba siendo difundido en redes sociales por todos los diputados de Vox, que denunciaban estar siendo “silenciados”, víctimas de un reglamento “fascistamente inaplicado” y ser allí los únicos garantes de la unidad de España. A los que estén acostumbrados a seguir las sesiones del Parlament les resultará tremendamente familiar este argumentario. Los discursos de los políticos que se creen por encima de las normas terminan pareciéndose mucho entre sí.

No deberíamos normalizar que los políticos se crean con derecho a saltarse las leyes que rigen el marco de convivencia para tomarse la justicia por su mano y desafíen con fines propagandísticos los procedimientos establecidos en democracia. Eso es justamente lo que ha agravado el conflicto en Cataluña. Así que no es descabellado sospechar que los de Abascal, con su numerito en la Diputación Permanente, más que aportar solución alguna al conflicto catalán, aspiraban a viralizar para su parroquia una escena victimista en la que aparecer a la vez como rebeldes y víctimas del sistema.

No es la primera vez ni mucho menos que Vox declara su desprecio por la legalidad vigente para alimentar su imagen de ‘outsider’. “Nos da igual que sea legal o no”, dijo Abascal tajantemente tras conocer el fallo del Tribunal Supremo a favor de la exhumación de Franco que, con la única oposición de este partido y la familia del dictador, se llevará a cabo este jueves 24 de octubre. También Vox ha atacado al Supremo por parecerle tibia la sentencia del 'procés'. Abascal ha calificado incluso la condena impuesta por el alto tribunal a los líderes independentistas como “una vergüenza”. El resto de partidos, les haya gustado o no, ha optado por mostrar un prudente respeto hacia esta. Salvo los independentistas, claro. Ellos también consideran una vergüenza la sentencia del ‘procés’, aunque por motivos opuestos.

España se ha convertido lamentablemente en uno de los países de la Unión Europea donde la ciudadanía tiene peor imagen de sus instituciones y sus políticos. De ahí que utilizar la desobediencia de las normas establecidas y alimentar la imagen de ser antisistema, en el sentido más amplio de la palabra, puede tener un rédito electoral. De hecho, el escenario de confrontación que se ha generado desde el agravamiento de los disturbios en Cataluña está beneficiando a Vox en las últimas encuestas y de ahí que hayan decidido explotarlo, aunque sea saltándose los procedimientos más básicos.

Puede parecer una anécdota lo ocurrido con Olona en la Diputación Permanente, o una cuestión de formas que busca un fin superior, como defienden los de Vox, pero es sintomático de una falta de respeto a las formas que en democracia resulta tan básico como el fondo. Normalizar el desprecio al reglamento y los jueces debilita las instituciones. Tengan al menos el pudor de no hacerlo en nombre de la Constitución.

Segundo Párrafo
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