El voto es un tobogán y las primarias una ruleta

La encuesta presenta un seísmo de intensidad moderada en el centro-derecha desde la pre-investidura de Rajoy hasta hoy. El proceso de elección de secretario general en el PSOE sigue siendo una incógnita

Foto: Una persona selecciona una de las papeletas al Congreso dispuestas en un colegio electoral de Madrid, en diciembre de 2015. (EFE)
Una persona selecciona una de las papeletas al Congreso dispuestas en un colegio electoral de Madrid, en diciembre de 2015. (EFE)

Partido Popular, 132 escaños; PSOE, 75 escaños; Unidos Podemos, 64 escaños; Ciudadanos, 52 escaños. Quedan 27 escaños para los partidos nacionalistas, 13 de ellos para ERC (solo 6 para la antigua Convergència).

Si hubiera elecciones mañana, esta sería la composición del Congreso partiendo de la estimación de voto de la encuesta que publica El Confidencial (aclaro que este reparto de escaños es una elaboración propia, no de DYM).

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En términos prácticos: una cómoda mayoría de 184 escaños para la suma del PP y Ciudadanos, una pérdida de 17 escaños para la izquierda (10 menos para el PSOE y 7 menos para Unidos Podemos) y la consagración de ERC como la fuerza hegemónica del nacionalismo catalán.

Una encuesta es una imagen fija. Para convertir la foto en una secuencia, hay que acudir a la evolución de los datos en el tiempo. Tomemos como referencia tres momentos: las elecciones del 26 de junio, la encuesta de DYM en octubre (vísperas de la investidura de Rajoy) y la medición actual, cuando ya han transcurrido casi seis meses de legislatura efectiva.

Parecería que desde la pre-investidura de Rajoy hasta hoy se ha producido un seísmo de intensidad moderada en el centro-derecha. De una estimación a otra, el PP habría retrocedido más de 5 puntos dejándose 21 escaños en el camino, mientras Ciudadanos habría dado un salto de 4 puntos y medio con una ganancia de 28 escaños. De ser cierto, ello supondría un espaldarazo a la estrategia de Rivera e indicaría que el PP ha comenzado a pagar muy pronto por su gestión en el gobierno. Aunque es posible que en octubre todo estuviera alterado por la amenaza inminente de las terceras elecciones y la explosión de la crisis del PSOE.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, junto a la líder del PP de Madrid, Cristina Cifuentes. (EFE)
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, junto a la líder del PP de Madrid, Cristina Cifuentes. (EFE)

Esta y las demás encuestas conocidas muestran que, si las circunstancias llevaran a Mariano Rajoy a provocar en este mismo año unas elecciones anticipadas, el escenario resultante más verosímil sería el de un gobierno de coalición del centro-derecha con mayoría absoluta y un empate afianzado en una izquierda debilitada.

La brecha generacional sigue siendo el factor más discriminante del comportamiento electoral en España. Dividiendo a la sociedad en dos grandes bloques de edad, uno por debajo de 45 años y otro por encima, veamos cómo cada uno de los cuatro grandes partidos distribuye sus apoyos:

El voto se divide según la edad
Partidos18-45 añosMás de 45 años
Partido Popular4159
PSOE4456
Unidos Podemos6634
Ciudadanos69

31

Mientras los dos partidos tradicionales descansan sobre el voto de los mayores de 45 años, dos de cada tres votantes de Unidos Podemos y de Ciudadanos están por debajo de esa edad. Este es ya un rasgo estructural de la nueva realidad electoral española tras el fin del bipartidismo.

La encuesta dedica una atención especial a las primarias del PSOE. No sería posible –ni sus autores lo pretenden- tomarlo como un pronóstico del resultado de las primarias. No solo porque el universo consultado no coincide con el de los que participarán en la votación. En realidad, para aproximarse a una predicción sería más productivo indagar entre los secretarios de organización de sus muchas agrupaciones locales, que son los principales prescriptores en este tipo de comicios en los que el voto está fuertemente sindicado. Recuerdo que en la opinión pública y entre los votantes socialistas, Trinidad Jiménez estaba muy por delante de Tomás Gómez y Eduardo Madina superaba con claridad a Pedro Sánchez.

Para alcanzar una predicción, sería más productivo indagar entre los secretarios de organización de las muchas agrupaciones locales de los partidos

No es extraño que, en todas las encuestas, Pedro Sánchez aparezca destacado de sus dos rivales. Guste o no, Sánchez ha sido, durante los últimos dos años y medio, el coprotagonista de la política española junto a Mariano Rajoy. Es el referente de liderazgo socialista más reciente en la retina de los ciudadanos; todos los dirigentes del PSOE, incluidos los que ahora se le oponen, recorrieron España pidiendo el voto para hacerlo presidente del Gobierno. Y al menos cinco millones de personas, atendiendo a esa petición, lo han votado dos veces en el último año. En términos sociales, la carga de la prueba en negativo recae sobre quienes lo encumbraron, lo secundaron y ahora lo combaten. Otra cosa es lo que ocurra en el pantanoso piélago de las estructuras orgánicas, que responden a lógicas inaprehensibles para los sondeos de opinión.

A estas alturas, parece claro que Susana Díaz tiene un problema serio con la opinión pública y con la base social del Partido Socialista. Probablemente hay estereotipos asociados a su imagen política que la perjudican. El más visible de ellos –aunque no el único- es el de su posición ideológica: en esta encuesta, la gente la sitúa mucho más a la derecha del lugar que corresponde al Partido Socialista y en el que se ubican la mayoría de sus votantes.

Es normal que Pedro Sánchez supere a sus dos rivales. El candidato a liderar el PSOE protagonizó la política española junto a Rajoy en los últimos años

¿Le impedirá eso ganar las primarias? No necesariamente: como digo, en ese campo de juego opera otra lógica. De hecho, hay razones para seguir considerándola favorita. Pero si gana y se pone al frente de su partido, le queda por delante un trabajo importante para transformar el liderazgo orgánico en uno socialmente reconocido y electoralmente competitivo.

En esta encuesta, Patxi López aparece mejor situado en la línea de salida que lo que generalmente se le reconoce. Se lo ve ideológicamente alineado con el votante socialista medio (Sánchez está fuertemente escorado a la izquierda y Díaz a la derecha); y su ejecutoría institucional como Lehendakari vasco y presidente del Congreso le proporciona notoriedad y reconocimiento.

[Encuesta electoral de DYM para El Confidencial]

Si eso se confirmara y se tradujera en votos militantes –lo que, insisto, no hay que dar por hecho-, podríamos asistir a una elección con el voto dividido en tercios, en la que el ganador estuviera por debajo del 40% y el tercero quedara cerca del 30%. En ese escenario hipotético, el resultado sería una ruleta. Y además, podría darse la peliaguda circunstancia de que el ganador de las primarias no tuviera la mayoría de los delegados en el posterior congreso socialista.

Es lo que sucede cuando se permite que un modelo organizativo consistente degenere en una ensalada confusa de ingredientes dispares que no pegan ni con cola.

Una Cierta Mirada

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