La jugada de Iglesias: repetir elecciones con Domènech de 'president'
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Ignacio Varela

Una Cierta Mirada

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La jugada de Iglesias: repetir elecciones con Domènech de 'president'

Sería posible formar una mayoría ocasional con el propósito de investir a un presidente. Para eso sí puede haber mayoría suficiente: la del bloque anti-155, del que forma parte el partido de Colau

Foto: Pablo Iglesias y Xavier Domènech. (EFE)
Pablo Iglesias y Xavier Domènech. (EFE)

Más allá de las virtudes y defectos que cada cual quiera adjudicarle, hay pautas de conducta en Pablo Iglesias que lo hacen singular. Una de ellas es que jamás deja de maquinar, ni siquiera cuando parece que se relaja. Otra, que nada de lo que dice o hace es gratuito: todo responde a un designio, sea este realista o delirante. Y la tercera, que no sabe callarse y siempre termina telegrafiando sus intenciones antes de tiempo. Conecten los tres rasgos y estarán más cerca de descodificar al personaje.

Tras el acto oficial del aniversario de la Constitución buscó a los periodistas para dejar caer un augurio: es muy probable, dijo, que se repitan las elecciones en Cataluña. Efectivamente, las encuestas convergen hacia un resultado que haga muy difícil formar gobierno. Pero ningún político en campaña se lanza a especular en público con esa idea salvo que tal circunstancia no sea para él un producto indeseado de la votación, sino la base de su estrategia.

Iván Gil, en su crónica de ayer recogía lo que se trasmite cada vez más intensamente desde el cuartel general de los comunes: la verdadera “solución Borgen” no es Iceta, sino Domènech. ¿Por qué? Porque llegado el caso de un bloqueo, dicen, él sería el único capaz de concitar el consenso soberanista mínimo imprescindible para evitar la repetición electoral. “O Domènech o más 155”, sería, según ese plan, el órdago que los comunes lanzarían para abrir paso a su candidato minoritario.

Domènech vuelve a proponerse para acabar con la política de bloques.

Es probable que Iglesias haya imaginado una carambola a varias bandas en la que su marca catalana se encuentre ocupando a la vez la alcaldía de Barcelona y la presidencia de la Generalitat; y todo ello sin votos, sólo aprovechando el empate entre los bloques y las luchas dentro del independentismo. Eso, sin duda, acallaría muchas voces que hoy le critican y cuestionan y lo consagraría como un genio de la estrategia ante 'errejones', 'bescansas' y demás infieles.

Pero más allá de las elucubraciones del líder podemita, vale la pena detenerse en el escenario del bloqueo.

La única forma de que el 155 se prolongue más allá de lo previsto es que del 21-D no salga un gobierno

Es cierto que el 155 tiene una fecha de caducidad, que es el momento en que haya un nuevo Govern elegido por el parlamento nacido de las elecciones. Lo contrario sería absurdo: la decisión de aplicar en el mismo acto la puesta en marcha del 155 y la convocatoria electoral vincula la resolución del 21-D con el final de la intervención de la Generalitat. Esa es la idea de Rajoy desde el principio, lo que él llama “el restablecimiento de la normalidad” (otra cosa sería que el nuevo Govern volviera a las andadas).

Así pues, la única forma de que el 155 se prolongue más allá de lo previsto es que del 21-D no salga un gobierno. Pero algo diferencia radicalmente ese posible bloqueo del que se produjo en España tras las elecciones de 2015: después del fracaso del 'procés', el soberanismo no puede permitirse la humillación de una segunda convocatoria electoral desde el Gobierno central.

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Necesitan desesperadamente que el 155 desaparezca, aunque sólo sea para recuperar la competencia de convocar nuevas elecciones. Si hay que repetir los comicios, que no sean convocados por Rajoy y organizados por Zoido. Eso exige investir a un presidente de la Generalitat, el que sea, con la mayoría que sea (soberanista, por supuesto). Parafraseando a Zapatero, se trataría de elegir a alguien “cueste lo que cueste y nos cueste lo que nos cueste”.

Foto: Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero, el pasado 17 de junio en el 39º Congreso Federal del PSOE. (EFE)

Si las tres candidaturas independentistas (ERC, JXCAT y CUP) no alcanzan la mayoría absoluta, es probable que no exista una combinación capaz de armar una mayoría de gobierno. Pero se abriría la posibilidad de formar una mayoría ocasional con el único propósito de investir a un presidente, recuperar las competencias del Govern y convocar nuevas elecciones. Sería una boda de conveniencia y sólo para una noche, pero les evitaría seguir bajo la bota opresora de Rajoy y de Montoro –y sobre todo, el trago de explicarlo.

Para eso sí puede haber mayoría suficiente: no la del bloque independentista, pero sí la del bloque anti-155, del que forma parte el partido de Colau. Ya que no nos ponemos de acuerdo para gobernar, al menos hagámoslo para que las segundas elecciones las administremos nosotros y no ellos.

Es ese el escenario en el que entraría en acción la jugada de Iglesias. Porque si se trata de elegir a un 'president' circunstancial para convocar elecciones, ni Puigdemont admitiría a alguien de ERC ni los de ERC a alguien del PDeCAT. De ninguna manera se concederían semejante ventaja dos fuerzas que, más allá de lo electoral, están jugándose la hegemonía del nacionalismo para la próxima década.

Domènech ni siquiera representa la opción real de poder de su partido para el futuro, porque su misión histórica es guardar la silla a Colau

Para esa función instrumental se ofrecería el elemento más débil –y a la vez más transversal- de la coalición anti-155: Domènech. Un personaje que, además, ni siquiera representa la opción real de poder de su partido para el futuro, porque su misión histórica es guardar la silla a Colau hasta que esta considere que ha llegado su momento. Si me apuran, cuanto más pobre sea su resultado el 21-D más tolerable sería para los demás ponerle en sillón para dos meses si con ese mal menor evitan el mal mayor de unas segundas elecciones convocadas por Rajoy.

placeholder Ada Colau y Pablo Iglesias haciéndose un 'selfie', en una foto de archivo. (Gtres)
Ada Colau y Pablo Iglesias haciéndose un 'selfie', en una foto de archivo. (Gtres)

Os obvio que una operación semejante sería un chollo para la dupla Iglesias-Colau. No sólo podrían presentarse como los que salvaron a Cataluña del 155 y recuperaron el autogobierno, sino que dos meses de ejercicio del poder mejorarían claramente su posición competitiva en esos segundos comicios –especialmente ante el PSC, que es su mayor rival.

Se dirá que la idea funcionaría igual o mejor poniendo a un independiente, a un transeúnte o al palo de una escoba, y es cierto. Pero hay una condición: tiene que ser un miembro del Parlament (artículo 67-2 del Estatuto). Ahí cabría una “solución Borgen” de duración tasada.

En conclusión: de todas las hipótesis en presencia, la suposición de que un bloqueo de gobierno y la consiguiente necesidad de repetir las elecciones traiga consigo la prolongación del 155 es, a mi juicio, la más costosa políticamente para el soberanismo (y dudo de que el propio Gobierno la desee); ello la hace la más improbable. Esa es la ventana de oportunidad que quizá ha visto Iglesias. Que, como suele ocurrir a quienes jamás dejan pasar una ocasión de exhibir su listeza, no ha resistido la tentación de retransmitirla anticipadamente.

Xavier Domènech Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) Independencia de Cataluña Elecciones Cataluña 2017