El CIS y el milagro de los panes y los peces

Doy por supuesto que el hecho de que el producto de cada nuevo guiso coincida siempre con el paladar táctico del cliente monclovita es pura coincidencia

Foto: Ángel Gabilondo e Iratxe García, en el inicio de campaña. (EFE)
Ángel Gabilondo e Iratxe García, en el inicio de campaña. (EFE)

Desde que Tezanos llegó a la dirección del CIS estamos descubriendo nuevos horizontes en el campo de las estimaciones de voto. Su creatividad es tan incesante como pródiga: en cada encuesta que realiza fabrica un nuevo modelo de estimación que enmienda todos los anteriores e impide cualquier comparación con los precedentes. Tratándose de un organismo público que construyó su reputación por la fiable estabilidad de sus procedimientos, este carrusel resulta un poco mareante, pero trae emoción: nunca se sabe qué nuevo invento metodológico presentará el instituto gubernamental en cada entrega del culebrón. Doy por supuesto que el hecho de que el producto de cada nuevo guiso coincida siempre con el paladar táctico del cliente monclovita es pura coincidencia.

El CIS y el milagro de los panes y los peces

En las generales, el CIS-de-Tezanos (hay que decirlo así, como una sola palabra, igual que “el-PSOE-de-Sánchez”) decidió volver a la ortodoxia y restableció el método tradicional que antes había repudiado. Ello le permitió formular una estimación razonablemente aproximada al resultado real de las elecciones. Pero su inquieta alma de científico le ha conducido en esta ocasión a un inédito experimento gastronómico consistente en mezclar todo tipo de ingredientes dulces y salados: el recuerdo de voto de 2015, la intención de voto a la generales de 2019 (que él mismo reconoce fuertemente sesgada a favor del PSOE), el resultado del 28-A, la imagen de los candidatos (por la que en unos territorios se pregunta y en otros no)… Todo ello da lugar a “un procedimiento de ponderación compuesta en tres etapas” para domeñar “la incertidumbre que se produce en las diferentes fases del proceso de modelado” (sic).

Añadamos a ello el hecho de que la monstruosa encuesta –en algunos territorios se han formulado más de 80 preguntas, demandando hasta cuatro intenciones de voto y sus correspondientes recuerdos para diferentes votaciones- se realizó en plena campaña de elecciones generales, que es como si le preguntan a usted dónde piensa veranear el año que viene mientras se afana buscando apartamento para este. Si el potaje resultante es indigesto para el lector de encuestas avezado, imagino cómo debieron quedar los entrevistados tras el interrogatorio.

Si decidimos atenernos a las estimaciones que presenta el CIS, aparecen dos conclusiones palmarias: por una parte, España ha enrojecido súbitamente. La crecida de los votos de la izquierda es desbordante y generalizada, afecta a todos los territorios y de ella no solo se beneficia el hermano rico (el PSOE), sino también el pobre (Podemos y derivados). Al parecer, mientras los españoles incubaban un voto mayoritariamente conservador para las generales (43% frente al 41%), reservaban un masivo vuelco ideológico hacia la izquierda para un mes más tarde.

Si el potaje resultante es indigesto para el lector de encuestas avezado, imagino cómo debieron quedar los entrevistados tras el interrogatorio

En esta encuesta no solo el PSOE aumenta su expectativa respecto a lo que obtuvo hace dos semanas; también lo hacen espectacularmente todas las candidaturas relacionadas con el mundo podemita, sin que la fragmentación de ese espacio por sus escisiones y luchas intestinas parezca afectar al renacido entusiasmo de los votantes.

En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, el modesto 43% de la izquierda en abril crecería 9 puntos, hasta un abrumador 52% en mayo. Y no tanto por el crecimiento del PSOE como por el resurgir de las dos listas resultantes de la fractura de Podemos, que, al parecer, habría hecho un negocio grandioso con su escisión: los 27 escaños de Unidos Podemos en 2015 se transformarían ahora en 35 sumando sus dos facciones. Y el melancólico 16% de las generales pasaría a un esplendoroso 26% sumando al Podemos de Iglesias y al Más Madrid de Errejón.

Otro ejemplo: en Castilla y León, hace dos semanas la derecha batió a la izquierda por 17 puntos. Sostiene el CIS que el 26 de mayo estarán empatadas, con ligera ventaja de la izquierda. Los casos similares se multiplican, porque se trata del milagro de los panes y los peces reproducido por toda la piel de toro.

Más misterioso aún es lo que sucede en la derecha. Aparentemente, los votantes de Ciudadanos y, sobre todo, los de Vox, se han evaporado por ensalmo. Y no precisamente para engordar al PP: hay territorios en los que todos los votos y escaños que pierden Cs y Vox nutren la despensa de la izquierda.

¿Qué pudo ocurrir? Observen el terrible desplome que el CIS augura a los de Abascal:

Votos de Vox (%)

28-4Estimación CIS 26-M
Aragón12,23,0
Asturias11,54,6
Baleares11,35,1
Canarias6,63,6
Cantabria11,25,3
Castilla-La Macha15,36,8
Castilla y León12,33,8
Extremadura10,82,6
Madrid13,95,7
Murcia18,69,9
Navarra4,8--
La Rioja9,02,3

En la cuenta de Tezanos, la suma de las tres derechas se ha convertido abruptamente en una resta dramática: España se ha vuelto roja en dos semanas, y nosotros sin enterarnos. Y albricias, el peligro de la extrema derecha se ha desvanecido tan de golpe como apareció.

Este desplome no puede ser por la decepción del 28-A, puesto que las entrevistas se hicieron antes. Y no se debe a un bajón en la intención de voto declarada, porque es muy parecida a la que el propio Tezanos tuvo en su preelectoral de las generales. Entonces, con un 4% de intención de voto, elevó su estimación al 12%. Ahora, una intención declarada igual o superior produce estimaciones hasta 10 puntos por debajo de la estimación anterior y de lo que Vox obtuvo. Como señala Isidoro Tapia, con el mismo dato de partida en abril lo hincharon y en mayo lo pinchan. Cosas de la ciencia que los legos no comprendemos.

Lo cierto es que si esta estimación se hiciera realidad, el 26 de mayo sería una noche de gloria para la izquierda como no se conocía otra desde 1983: prácticamente todos los gobiernos autonómicos en juego y casi todas las grandes ciudades caerían en la bolsa del feliz matrimonio Sánchez-Iglesias.

Esto me recuerda la célebre anécdota que se atribuye a Picasso, al que le encargaron un retrato, le salió cubista y, al presentárselo a su cliente, le dijo: “Ahora, a parecerse”. El capataz del CIS ha pintado este retrato, que también parece cubista. Para estar a la altura del genio, a los votantes solo les toca parecerse.

Una Cierta Mirada
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