Centrología

Leyendo las crónicas de campaña, los discursos de los políticos y las disquisiciones de los analistas, nadie diría que estas elecciones versan sobre los municipios y las comunidades

Foto: Un grupo de personas cuentan votos en un colegio electoral. (EFE)
Un grupo de personas cuentan votos en un colegio electoral. (EFE)

A este paso, todos terminaremos siendo diplomados en centrología. Leyendo las crónicas de campaña, los discursos de los políticos y las disquisiciones de los analistas, nadie diría que estas elecciones versan sobre los municipios y las comunidades autónomas (de Europa, para qué hablar). Qué va: al parecer son unas elecciones sobre el centro y el centrismo, convertido en fetiche colectivo, sumo objetivo estratégico y principio y fin de todas las cosas.

El discurso de los políticos se ha contaminado de politología; y el de los politólogos, de topografía. Por cada aislada mención al pueblo, a la ciudad, a la región y a sus habitantes, hay un alud de disecciones de los supuestos espacios políticos, siempre en la versión más rudimentaria: este se ha movido dos centímetros a la derecha mientras el otro se ha desplazado ligeramente hacia el centro, y esa parece ser la madre del cordero. Según parece, hay millones de ciudadanos pendientes de la escala métrica decimal para decidir su voto.

¿Qué es el centro? Un lugar mitológico al que todos desean llegar pero cada cual ubica en un sitio diferente. Es El Dorado, la Tierra Prometida

¿Qué es el centro? Un lugar mitológico al que todos desean llegar pero cada cual ubica en un sitio diferente. Es El Dorado, la Tierra Prometida, el lugar donde se conserva el Santo Grial del triunfo electoral. Algo de lo que todo el mundo habla, pero que nadie ha visto ni sabe definir. Quien no sabe explicar lo que pasa en una campaña electoral, se pone a hablar de movimientos en torno al centro y salva el apuro. Cuando un político carece de ideas, discursea sobre posiciones. Desde el puñetazo del 26-M, Pablo Casado no para de buscar el centro –y de farfullar sobre él- como el boxeador grogui busca las cuerdas.

Jamás he encontrado el manual que explique en qué consiste el ideario del centrismo. El centrismo es una entelequia política; como mucho, puede reconocerse como una actitud. Lo más frecuente es confundirlo con la moderación: en España, un centrista sería, básicamente, aquel que no grita ni insulta. Pero en absoluto es una construcción ideológica. Y desde luego, está muy lejos de ser una razón de voto.

La centralidad política no es estática: cambia en cada momento histórico en función de las circunstancias y de la sensibilidad social

Claro que existe la centralidad en política. Pero los dirigentes y los partidos que más eficazmente interpretan un papel central, sea desde ideologías progresistas o conservadoras, jamás usan las palabras “centro” o “centrismo”. No lo necesitan, porque su brújula funciona y los alinea correctamente. Y es que la centralidad política no es estática ni puede reducirse burdamente a un punto en una artificial escala topográfica del 1 al 10: cambia en cada momento histórico en función de las circunstancias y de la sensibilidad social. Lo que hoy es central y mayoritario, mañana puede ser lateral o marginal y llevarte a la derrota, por mucho que las encuestas te sitúen en el 5.

Habla del centro quien lo busca y no lo encuentra. Para seguir esta campaña, sigan esta regla y acertarán: El número de menciones al centro o al centrismo es directamente proporcional a la desorientación del que habla, sea político, politólogo, columnista, tertuliano o simple paseante.

Una Cierta Mirada
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