Rufián, el vendedor de crecepelos: radiografía de un timo electoral
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Ignacio Varela

Una Cierta Mirada

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Rufián, el vendedor de crecepelos: radiografía de un timo electoral

Hoy dan más miedo otros cuatro años de Sánchez en la Moncloa con sus socios destituyentes que un gobierno de Feijóo apoyado por Vox. La pulsión de cambio es más potente que la de continuidad

Foto: El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián. (Europa Press/César Vallejo)
El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián. (Europa Press/César Vallejo)
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Los integrantes de la galaxia sanchista han descubierto que la geología electoral se les ha vuelto adversa y que, todos amontonados, siguen estando muy lejos de la suma de la derecha. La sociedad española ha virado en sus preferencias y temores: hoy dan más miedo otros cuatro años de Sánchez en la Moncloa con sus socios destituyentes que un Gobierno de Feijóo apoyado por Vox. La pulsión de cambio es más potente que la de continuidad. Ya lo era en 2023, pero a Sánchez se le apareció la virgen y Feijóo tiró a la grada un balón a portería vacía. Eso no se repetirá.

Podrían los autodenominados progresistas trabajar políticamente para tratar de invertir esa corriente de opinión, pero se ve que no se sienten capaces de ello. Les faltan ideas y, sobre todo, crédito en la sociedad. Así que andan a la búsqueda de fórmulas milagreras de ingeniería electoral que les permitan disimular el estrago. Puestos a sustituir el liderazgo por la hechicería, nadie como Gabriel Rufián, antiguo payaso parlamentario del separatismo hoy travestido en paladín de la izquierda carpetovetónica.

No es la primera vez. En el año 2000, el PSOE vio los ojos de la muerte y pensó: en 35 provincias los comunistas jamás han sacado un escaño, fueron votos perdidos. Si los convencemos de que no se presenten a cambio de algún puesto de salida en nuestras listas, quizá salvemos la cara. Los de IU los mandaron a paseo, pero aceptaron compartir algunas candidaturas residuales en el Senado. La respuesta social fue una gigantesca abstención de castigo en el espacio de la izquierda y una mayoría absoluta para Aznar superior a la esperada.

En 2015, Podemos tuvo 5,2 millones de votos e IU 900.000. La suma de ambos superaba ampliamente los 5,5 millones del PSOE. Nada tan sencillo: forzaron la repetición de las elecciones y fueron juntos. Pues bien, en el segundo intento el PSOE repitió su resultado y Podemos+IU (rebautizados como "Unidos Podemos") se quedaron en 5 millones raspados. No sólo no hubo sorpasso, sino que aumentó la distancia.

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La suposición de que una alianza electoral garantiza mecánicamente la suma de sus integrantes se ha comprobado falsa en múltiples ocasiones. En este terreno, uno más uno no siempre suman dos. El error de base, que afecta a la mayoría de los dirigentes partidarios, es considerar a los electores como soldados. El día en que los partidos se convenzan de que los votantes y los votos no son de su propiedad (y que no se pescan en caladeros, ni se cazan, ni se rascan, ni se roban) estarán más cerca de la realidad.

Como buen tahúr, Rufián ha olido la desesperación en la galaxia oficialista. Primero se ha promocionado como taumaturgo y después se ha sacado de la bocamanga una fórmula pretendidamente milagrosa que sacará a la ultraizquierda del agujero y servirá, dice, como vacuna frente a Vox.

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El invento consiste en identificar al jugador más fuerte en cada provincia y que sólo ese se presente a las elecciones generales, con renuncia de todos los demás. De esa manera, asegura el curandero, se rentabilizarán todos los votos del "espacio" y se robarán escaños de Vox a manos llenas. Como de costumbre, más efectista que efectivo. Supongamos que le compran la receta. Algunas observaciones al hilo:

¿Cómo se identifica exactamente al jugador más fuerte en cada provincia? ¿Se usa como baremo el último resultado electoral (el de las generales de 2023) o las encuestas actuales? Si se hace lo primero, en 38 provincias ya estaría el lío montado, porque en ellas comparecieron juntos Sumar, Izquierda Unida y Podemos, y no hay forma de saber a quién de ellos correspondió cada voto.

Como la marca común fue Sumar, los de Yolanda Díaz reclamarían en esas provincias el derecho a ser el caballo en la pista. En los términos de la propuesta rufianesca, ello significa que Izquierda Unida y Podemos quedarían fuera de la carrera en toda España, ya que no podrían acreditar ser la primera fuerza del "espacio" en ninguna provincia.

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Es sabido que no presentar candidatura en un territorio es el primer paso para desaparecer. Así pues, IU y Podemos firmarían por adelantado su acta de defunción a nivel nacional. Y cuesta imaginar a Iglesias, Maíllo y Yolanda Díaz jugándose a los chinos quién se presenta en cada provincia en detrimento de los otros dos sin terminar a bofetadas.

Vamos a las 12 provincias de las llamadas "nacionalidades históricas". Según la idea de Rufián, en Galicia sólo debería presentarse el BNG, que es, indiscutiblemente, la mayor fuerza a la izquierda del PSOE. Gran noticia para Yolanda Díaz: no podría competir ni en su tierra. Tampoco en Madrid, salvo que Más Madrid —un partido al que no pertenece— la adopte como su candidata. Un triste destino el de cunera, caiga donde caiga.

En el País Vasco y en Navarra, Bildu haría pleno como única candidatura de la izquierda verdadera. Otegi compartiría con Rufián la gloria de salvar a la izquierda española. Gran noticia también para el PNV, que vería así recompensada su larga fidelidad a Sánchez.

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En cuanto a Cataluña, la farsa sería completa. La fórmula de Rufián pasaría por convencer a su partido, ERC, de que renuncie a presentar candidatura en la provincia de Barcelona en favor de los Comunes; y a su vez, convencer a los Comunes de que se ausenten en Gerona, Lérida y Tarragona. Se comprende que Oriol Junqueras considere a Rufián un cantamañanas que haría bien si se instalara en Lavapiés y dejara de enredar en Cataluña.

Se entiende mal de qué manera semejante cambalache se traduciría en una gran pérdida de escaños precisamente para Vox. Más lógico es pensar que, además de los partidos a los que se demanda que cometan suicidio (IU y Podemos), si el invento levantara oleadas de entusiasmo en las masas progresistas, el principal damnificado sería el PSOE. Y en Barcelona (32 escaños), el sacrificio voluntario de ERC daría motivos para brindar a los demás nacionalistas: Puigdemont, la CUP y Aliança Catalana.

La viagra adulterada manufacturada por Rufián para dar que hablar en las tertulias es una estupidez tan grande como la pretensión de convertir al payaso reciclado en el líder de la ultraizquierda española. Desde luego, no resuelve el factor nuclear de la actual realidad electoral: que el bloque de la derecha aventaja ampliamente al de la izquierda sin que nada en el horizonte permita racionalmente esperar un vuelco de la tendencia, mientras Sánchez sigue esgrimiendo su candidatura más como desafío que como solución.

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Otra cosa sería si en el trasfondo de tanto contubernio aleteara el sueño de regresar al Frente Popular del 36, encabezado por el PSOE. Entonces sí estaríamos ante un terremoto político y electoral y una bomba lapa en el casco de la convivencia que pondría de nuevo a España contra la pared. Mientras algo así no suceda, el culebreo de Rufián no pasa de ser el timo de la estampita, enredos de un vendedor de crecepelos para repartir a su favor una tarta menguante.

Los integrantes de la galaxia sanchista han descubierto que la geología electoral se les ha vuelto adversa y que, todos amontonados, siguen estando muy lejos de la suma de la derecha. La sociedad española ha virado en sus preferencias y temores: hoy dan más miedo otros cuatro años de Sánchez en la Moncloa con sus socios destituyentes que un Gobierno de Feijóo apoyado por Vox. La pulsión de cambio es más potente que la de continuidad. Ya lo era en 2023, pero a Sánchez se le apareció la virgen y Feijóo tiró a la grada un balón a portería vacía. Eso no se repetirá.

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