Noches tropicales, la nueva pesadilla de los veranos ibéricos
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Jorge Olcina Cantos

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Noches tropicales, la nueva pesadilla de los veranos ibéricos

La falta de confort térmico debido a las altas temperaturas nocturnas dificulta el descanso y genera diversas disfunciones en el organismo. La crisis climática esta acentuando este fenómeno en nuestro país

placeholder Foto: Las altas temperaturas nocturnas amenazan la salud (EFE)
Las altas temperaturas nocturnas amenazan la salud (EFE)

El problema del calor en España no es sólo ya el registro de las altas temperaturas diurnas, es la prolongación de la sensación de bochorno por la noche que impide descansar debidamente. De manera que el calor nocturno tiene un componente patológico para la salud humana. Por ello preocupa cada vez más el registro cada vez mayor de las denominadas noches tropicales en muchas ciudades españolas.

Se entiende por “noche tropical” aquella que registra temperaturas superiores a 20ºC. Recordemos que la temperatura ambiente de confort para el cuerpo humano se sitúa entre 16-18º C, por encima de estos valores, comenzamos a notar desazón térmica, a no estar completamente a gusto con nuestro entorno. Y conforme se incrementa esta temperatura la sensación de disconfort va en aumento.

Hasta los años ochenta apenas se anotaban temperaturas nocturnas estivales superiores a 20ºC en ninguna región española

Se hace difícil dormir sin apoyo de refrigeración artificial (ventiladores, aire acondicionado). En los últimos años, además, se ha hecho habitual el empleo de un nuevo concepto que está indicando el progresivo efecto del calentamiento climático en los veranos ibéricos: la “noche ecuatorial”, cuando la temperatura no baja de 25º C. La falta de confort térmico, en este caso, es absoluta.

Podría pensarse que las “noches tropicales” son un rasgo propio del verano. Pero si acudimos a los registros meteorológicos del último medio siglo, nos sorprende comprobar que hasta los años ochenta apenas se anotaban temperaturas nocturnas en verano superiores a 20ºC en ninguna región española. Era algo anecdótico, incluso en las jornadas de ola de calor. Desde entonces la situación ha cambiado radicalmente. Incluso en localidades del litoral cantábrico se registran varias noches tropicales de media al año.

placeholder Las altas temperaturas se mantienen en los atardeceres de Madrid (EFE)
Las altas temperaturas se mantienen en los atardeceres de Madrid (EFE)

En Madrid se han duplicado las noches tropicales desde mediados del siglo XX a la actualidad, cuando no se baja de 35 noches tropicales al año. Pero donde este fenómeno ha cobrado mayor protagonismo es en el litoral mediterráneo, donde las “noches tropicales” se han multiplicado por cinco o seis veces desde 1980 a la actualidad. En localidades como Valencia o Alicante se ha pasado de registrar 10 ó 15 noches tropicales en los años ochenta a no bajar de 90 en la actualidad. Y más significativo resulta el dato del incremento que han tenido las “noches ecuatoriales”. Por ejemplo, en Valencia se ha pasado de cuatro noches ecuatoriales de media en los años ochenta a cuarenta en la actualidad.

Varios factores coinciden en este fenómeno. Por supuesto la clave está en el proceso actual de calentamiento climático que está elevando las temperaturas en todo el planeta, también en España. El problema de la subida de temperatura por efecto del cambio climático no es el registro de máximas progresivamente más altas, es sobre todo la prolongación del calor por la noche.

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Nuestro clima está convirtiéndose en un clima térmicamente cada vez menos confortable, en especial en los meses de verano, que ya no son sólo los de julio y agosto, sino que la temporada cálida del año se prolonga hacia junio y septiembre ya de forma evidente, como muestran los datos. Un buen indicador para estudiar el proceso de calentamiento climático en nuestro país es el análisis del número de aparatos de aire acondicionado instalados en viviendas y comercios desde 1980 a la actualidad. Nos sorprendería como se ha acelerado la venta de estas unidades desde el año 2000. Es un negocio al alza.

Los grandes núcleos urbanos que, como sabemos, generan "islas de calor" debido a su configuración y empleo de materiales que acumulan el calor, se convierten en trampas de incomodidad térmica en verano. Porque no tenemos nuestras ciudades adaptadas a las condiciones de calor más frecuente y constante que se está registrando en las últimas décadas. Ni en el diseño de zonas verdes y espacios de sombra, ni en la aclimatación, energéticamente eficiente, de los edificios. Aquí hay mucho por hacer en los próximos años dentro de las medidas de adaptación al cambio climático.

placeholder El calor extremo es una gran amenaza para la salud (EFE)
El calor extremo es una gran amenaza para la salud (EFE)

Y luego está el factor regional en el litoral mediterráneo que explica por qué en esta zona de España es donde más noches tropicales al año se registran. El mar Mediterráneo frente a las costas españolas, se ha calentado el doble de lo que lo ha hecho el aire, desde 1980 a la actualidad. El Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo, organismo de referencia en el estudio de la evolución térmica de la cuenca del Mediterráneo, ha demostrado que la subida de temperatura del mar se cifra en 1,4º C, frente a los 0,7º C de aumento del aire.

Aquí está la clave de la elevada pérdida de confort térmico en esta parte de España. Un mar Mediterráneo que desde junio alcanza 24-25º C y que se mantiene con estos registros casi tropicales, hasta finales de septiembre, inyecta ese calor al aire que circula por la costa impidiendo que la temperatura pueda bajar, durante muchas jornadas, de 20º o de 25º C. Es lo que podemos llamar la “mediterraneización” del cambio climático en la fachada este peninsular y en Baleares. Un mecanismo genuino de este ámbito geográfico provocado por la progresiva acumulación de calor que se está produciendo en el propio mar.

Foto: Foto: Unsplash/@chmiiller.

El tema es preocupante. Porque el exceso de calor tiene efectos sobre la salud humana. Como ha señalado un reciente informe de la Comisión Europea, en Europa muere más gente por calor que por frío. Pero esta realidad oculta una cuestión que no registran las estadísticas: las afecciones de salud causadas o agravadas por el calor nocturno. Y todo esto tiene un coste económico en el aumento del gasto sanitario que genera y va a seguir causando el calor.

Pero también un efecto ambiental directo: la solución basada en la instalación de aparatos de aire acondicionado, que se ha desarrollado en toda Europa en las últimas décadas, supone incremento del consumo energético, en un contexto en el que todavía el modelo de producción de energía inicia su cambio para cumplir los objetivos de descarbonización en 2050. Por tanto, más calor significa, de momento, más emisiones de gases de efecto invernadero, además de una subida impopular del recibo de la luz en los domicilios y empresas.

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El contexto actual de cambio climático no favorece la obtención del confort térmico necesario en nuestras ciudades y viviendas. Por el contrario, las proyecciones climáticas anuncian un incremento de temperaturas máximas y mínimas hacia finales de siglo. No hay soluciones mágicas para evitar el desarrollo cada vez más frecuente de jornadas de calor en España, en Europa. Es una evidencia más del proceso de calentamiento climático que vivimos. Aunque sí, sería mágico que los gobiernos redujeran drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero. De momento, parece una utopía de muy difícil cumplimiento. Entre tanto, más “noches tropicales” nos esperan.

Jorge Olcina Cantos es Catedrático de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Alicante y Director del Laboratorio de Climatología de dicha institución académica.

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