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Rodrigo Rodríguez

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Contra viento y marea

El mercado rebotaba con fuerza con unos datos de ventas que no implicaban que la economía estuviera ni muy caliente, ni en recesión y con unas expectativas de inflación del índice de Michigan algo menor de lo esperado

Foto: La Bolsa de Madrid. (EFE/Altea Tejido Sánchez)
La Bolsa de Madrid. (EFE/Altea Tejido Sánchez)

Si hace un mes me hubieran dicho los datos económicos que iban a salir esta semana y los resultados de algunas compañías, les hubiera dicho que el mercado habría marcado nuevos mínimos y la volatilidad se habría disparado a los niveles más altos del año. Sin embargo, con un dato de inflación de 9,1%, unos números "desastrosos" de JP Morgan y Morgan Stanley y con ambos CEOs suspendiendo la recompra de acciones, a pesar de los niveles a los que nos encontramos, ante potenciales adversidades, el mercado cerraba la semana cayendo 90 puntos básicos y la volatilidad veía su nivel más bajo desde principios de junio. (Cierto es que Citibank reportaba unos números excelentes y el mercado le premiaba con una subida del 13%, pues es el banco más barato en el ratio Price to Book: precio /valor contable).

El dólar continuaba su subida ante todo y ante todos, a pesar de que en la curva de tipos el bono americano a 2 años contra el 10 se situaba a niveles solo vistos antes de una gran recesión y los tipos de interés pasaban, de un día para otro, de esperar una subida de 100 puntos básicos, con un 80% de probabilidad el jueves, a solo un 20% de probabilidad el viernes.

Foto: Billetes de euro y dólar. (EFE/Luis Millán) Opinión

El mercado rebotaba con fuerza con unos datos de ventas que, si bien eran algo mejores de lo esperado, no implicaban que la economía estuviera ni muy caliente, ni en recesión, pero, sobre todo, con unas expectativas de inflación del índice de Michigan algo menor de lo esperado. Pero, de verdad, ¿alguien tiene una idea de cuál será la inflación a 5 años? Para mí volvemos a un tema de posicionamiento.

El nivel de futuros cortos de los fondos de riesgo (hedge funds) está en máximos históricos, mientras el nivel de apalancamiento está en mínimos. La mayoría de los inversores está negativo respecto al futuro del mercado y hasta los minoristas han estado vendiendo hasta recientemente. Conclusión: Las posibilidades de un cierre de cortos y su correspondiente rally bajista son enormes.

Foto: Foto: EC.

Déjenme que les explique mi razonamiento: la reciente caída de los precios del petróleo ha coincidido con un par de datos de inflación llamativos (IPC e IPP esta semana) y lo que parece ser una creciente preocupación por una recesión. Esta caída prolongada en los precios del petróleo —el Brent cayó por debajo de los niveles previos al conflicto de Ucrania esta semana—, aparentemente ayudaría a aliviar las preocupaciones sobre la inflación, especialmente dada la incapacidad de la Fed para afectar directamente los costos de energía y alimentos. Ver un IPC del 9,1% el miércoles fue ciertamente sorprendente, pero ver que la energía y los alimentos lideraron el aumento al menos indica que esta subida no fue un reflejo de que el endurecimiento de la Reserva Federal no funcionó del todo. La impresión del PPI superó las expectativas —+11,3 % interanual frente al 10,7 % estimado; 1,1 % intermensual frente al 0,8 % estimado— aunque, en una nota positiva, vale la pena señalar que el PPI básico mostró signos de desaceleración después de aumentar un 0,3 % intermensual frente al 0,4 % en mayo.

Si vemos que los precios de la energía vuelven a caer hasta los 80 USD o los 90 USD, la inflación podría normalizarse y la Fed no tendría que subir tanto (las expectativas de 100 pb retrocedieron rápidamente entre jueves y viernes como ya he explicado). A esto debemos añadir el efecto deflacionario de la demanda agregada que se ha ido contrayendo últimamente, lo cual se ha visto reflejado en una acumulación masiva de inventario en bienes duraderos.

Todo esto abre la puerta de la esperanza, puede que todavía remota, de ver una verdadera reversión de la inflación sorprendiendo al mercado. En conjunto, estos efectos deflacionarios pueden permitir que Powell y la Fed tengan más tiempo para controlar la necesidad de seguir subiendo los tipos de interés.

Foto: Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, con Christine Lagarde, presidenta del BCE. (EFE/Calvo)

Reducir la necesidad de aumentar aún más los tipos sería, sin duda, optimista y podría hacernos pensar que hemos encontrado un suelo (dada la cantidad de negatividad que se cotiza en este momento), pero, al mismo tiempo, el problema es como comenzó esta secuencia de eventos: caída de los precios del petróleo. Esta bajada se ha producido por una creciente preocupación por una recesión que comienza a surgir en todas las clases de activos y esto, ciertamente, no es nada optimista para las acciones. De tal modo que las próximas semanas, en las que se anunciarán los resultados empresariales del segundo trimestre, serán críticas una vez superado el momento de "pánico macro" que podía haber traído el IPC de esta semana.

Ahora bien, cabe destacar que el sentimiento, en todo el mercado, se ha vuelto extremadamente negativo, y así, los analistas de los bancos han recortado estimaciones a un ritmo alarmante, rebajando estimaciones en los últimos 5 días a más de 500 empresas en EEUU, algo que solo había pasado 4 veces desde la Gran Crisis financiera. Con tanta negatividad sobre el precio de las acciones, además de todos aquellos que tendrían que cubrir cortos si el mercado decide ir al alza, aparecen inversores que consideran que las valoraciones empiezan a estar a niveles interesantes y que hay que mirar hacia el futuro con la esperanza de que la luz al final del túnel esté más cerca.

El único problema, como señalaría el estratega jefe de renta variable de EEUU de Morgan Stanley, Mike Wilson, es que, para que ello pase, los mercados todavía tienen que descartar una recesión. Si no, solo nos encontraremos ante subidas técnicas y bruscas, pero que revertirán en el corto medio plazo.

Si hace un mes me hubieran dicho los datos económicos que iban a salir esta semana y los resultados de algunas compañías, les hubiera dicho que el mercado habría marcado nuevos mínimos y la volatilidad se habría disparado a los niveles más altos del año. Sin embargo, con un dato de inflación de 9,1%, unos números "desastrosos" de JP Morgan y Morgan Stanley y con ambos CEOs suspendiendo la recompra de acciones, a pesar de los niveles a los que nos encontramos, ante potenciales adversidades, el mercado cerraba la semana cayendo 90 puntos básicos y la volatilidad veía su nivel más bajo desde principios de junio. (Cierto es que Citibank reportaba unos números excelentes y el mercado le premiaba con una subida del 13%, pues es el banco más barato en el ratio Price to Book: precio /valor contable).

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