La próxima recesión… ¿de 2017?

Todos los ciclos, antes o después, llegan a su fin. La economía estadounidense está inmersa en uno de los más duraderos de la historia, ¿cambiará pronto su suerte?

Foto: El candidato presidencial republicano Donald Trump abraza una bandera de EEUU durante un mitin electoral en Derry, New Hampshire, el 19 de agosto de 2015 (Reuters).
El candidato presidencial republicano Donald Trump abraza una bandera de EEUU durante un mitin electoral en Derry, New Hampshire, el 19 de agosto de 2015 (Reuters).

Hoy hablamos de futurología, de tratar de predecir el futuro sin utilizar una base científica. Aunque, contrariamente a otros artículos de esta temática, vamos a intentar dar datos e ideas para que cada cual se forme su propia opinión. El tema es sencillo, ¿puede estar a la vuelta de la esquina una nueva recesión? A pesar de la confianza reinante en los mercados, existen cada vez más indicadores e incertidumbres que dan pie a pensar que sí. Incluso hay quien, viendo el panorama, se lanza a pronosticar que será en 2017. ¿Por qué?

Existe una simple, pero poderosa, razón al respecto. Estamos ante uno de los ciclos más longevos de la economía estadounidense de la historia reciente. La economía norteamericana salió de la recesión en la segunda mitad del año 2009 lo que, incluyendo el mes de mayo del presente ejercicio, significa que ya alcanza los 83 meses de duración. Solo 3 expansiones le hacen frente: de diciembre de 1982 a julio de 1990 con 92 meses, de febrero de 1961 a diciembre de 1969 con 106 meses y de marzo de 1991 a marzo de 2001 con 10 años completos.

La expansión media dura unos 5 años, vamos por 7, y lo máximo está en 10

No hace falta ser un gurú para intuir que, o estamos ante una expansión extraordinaria y sin parangón histórico en duración, o antes de 2019 la recesión aparecerá. Es sin duda lo más probable. Es más, si nos limitamos a probabilidades matemáticas y obviamos la acción del hombre sobre los datos, teniendo en cuenta que la expansión media suele durar 55 meses, sería una buena estrategia predecirla recurrentemente desde hace un tiempo (como hacen algunos anuncios de prensa de servicios de inversión, que cada año predicen la crisis del año venidero). Antes o después aparecerá.

Debo advertir a aquellos que ya estén escribiendo su modelo de negocio basándose en esta idea, que los últimos ciclos han tenido una duración superior a los demás. De hecho, si observamos el siglo XX y lo comparamos con las estimaciones existentes del anterior, también se nota una mayor duración en los mismos. Cuanto más evoluciona el sistema económico, más intervenciones suele sufrir el ciclo, especialmente de gobiernos y bancos centrales. Esto provoca una mayor dificultad en la predicción y también que, la presente expansión, pueda tener una duración inusualmente alta, haciendo errar a la simple probabilidad.

Ya van dos años desde que se escribió: “la burbuja actual estallará tras las elecciones (de EEUU)”

Aun teniendo eso en cuenta, la expansión media dura unos 5 años, vamos por 7, y lo máximo está en 10. Y para eso, este último, es un resultado bastante atípico. Lo normal, como dije, es que antes de 2019 suframos otra crisis. ¿Cuándo? Eso ya es más complicado de decir. Ahí pasamos de la matemática al puro análisis de los desequilibrios e indicadores existentes. E incluso a la intuición. En este sentido debo de admitir que hay una predicción que no puedo sacarme de la cabeza y ya van dos años desde que se escribió: “la burbuja actual estallará tras las elecciones (de EEUU)”.

En mayo de 2014 Jeremy Grantham, cofundador de GMO (firma que gestiona más de 100 mil millones de dólares) y una de las voces más respetadas del mundo de la inversión, escribió en una de sus cartas trimestrales que el presente ciclo podría dar a su fin coincidiendo con el ciclo presidencial. Por algún ‘extraño’ motivo, la política monetaria y fiscal serían más expansivas en las segundas mitades de los ciclos presidenciales, por la contra, después de las elecciones suele producirse una caída, especialmente el segundo año después de las elecciones.

Teniendo en cuenta que dicha elecciones serán el 8 de noviembre de este año, 2017 y 2018 serán años peligrosos para la economía y los mercados. De hecho Grantham se decantaba en su carta original por 2017. Y, aunque el propio inversor se mostraba escéptico por este tipo de relaciones, a esta le daba crédito. Coincidiría además la previsión con lo ‘lógico’ según el análisis realizado anteriormente de las duraciones históricas.

Muñecos de Donald Trump y Hillary Clinton. (Reuters)
Muñecos de Donald Trump y Hillary Clinton. (Reuters)

No es el único, el conocido Juan Ignacio Crespo está presentando en los últimos días su nuevo libro, que coincide de lleno con la temática planteada. Basta ver el título: ¿Por qué en 2017 volveremos a entrar en recesión? Predice que, debido al fin de la expansión de la economía norteamericana, a la desaceleración de China, y a otros indicadores como la caída del precio de las materias primas, el frenazo del comercio mundial o la subida de los costes financieros, nos enfrentaremos a un nuevo crash el año que viene. No solo eso, cree que para combatirlo los bancos centrales decidirán comprar acciones, haciéndose prácticamente con el control de la economía en una suerte de nuevo capitalismo de estado. ¡Vuelve el Instituto Nacional de Industria señores!

Hay más, porque el mercado del crédito y el de tipos de interés también empieza a dar los primeros síntomas de alarma con respecto a la salud del actual ciclo expansivo, al menos en EEUU. El diferencial de la curva de tipos de interés se sitúa actualmente en 94 puntos básicos, superando los 170 pb el verano pasado y los 250 pb hace dos. Esto es, actualmente la curva sigue teniendo pendiente positiva, situándose los tipos a largo por encima de los tipos a corto, si bien cada vez tiene menos recorrido. Una curva de tipos plana es uno de los indicadores más fiables que existen de una próxima recesión.

No hace falta recordar la teórica voluntad de la Reserva Federal de subir los tipos de interés, lo que provocaría una elevación a corto plazo y por tanto un mayor aplanamiento. Todo sigue su curso. Y al igual que en 2008 los bancos europeos estaban masivamente endeudados a corto en dólares para comprar a largo activos inmobiliarios en dicha divisa (cuando el ladrillo comenzó a caer la financiación a corto desapareció y todo explotó), ahora son los emergentes quienes han adoptado su rol: muy endeudados en dólares y con posiciones muy especulativas.

Los bancos centrales decidirán comprar acciones, haciéndose prácticamente con el control de la economía en una suerte de capitalismo de estado

Además el aplanamiento complica el funcionamiento del sistema financiero. Los bancos se financian a corto e invierten a largo, si no hay diferencial entre ambos es más complicado ganar dinero, lo que desincentiva la asunción de riesgo de las entidades prudentes. Por si fuese poco la morosidad, al igual que el aplanamiento, también sigue su curso, y tras una vorágine de dinero barato, empieza a hacer aparición. Esto también desincentiva el riesgo, pero no solo eso, el ciclo del crédito es otro buen indicador de recesión y en 2017 – 2018 podría dar a su fin.

Podríamos hablar de Europa, pero si EEUU cae iremos detrás. Podríamos hablar de China, pero sus brutales desequilibrios son de sobra conocidos y, por tanto, la verdadera locomotora sigue siendo la de siempre, la estadounidense. Por ello, desgraciadamente, aunque pueda parecer futurología, existen demasiados indicios que hacen pensar en una crisis en 2017 o 2018. Y nos cogerá con el pie cambiado, con la munición en mínimos y sin una verdadera recuperación anterior. Y veremos, probablemente, nuevas medidas que no hemos visto hasta la fecha (¿helicóptero monetario, quizá capitalismo de estado?). Pero así es la economía, así es el juego, así es el mundo que nos ha tocado vivir.

Perlas de Kike
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