¿Dónde nos lleva el proteccionismo?

Sería mejor realizar otras políticas para disminuir la desigualdad y aumentar la competitividad en la economía global, pero se ha elegido el camino fácil que da votos más rápido.

Foto: Una puerta con un candado. (Reuters)
Una puerta con un candado. (Reuters)

La globalización está teniendo unas consecuencias muy positivas para la humanidad. El crecimiento económico global es muy elevado y sostenido, sobre todo en los países en vías de desarrollo. Se ha reducido la pobreza, el hambre y ha mejorado la calidad de vida de la mayoría.

Sin embargo, también tiene su lado negativo. Ha aumentado la desigualdad. Principalmente en los países desarrollados porque los trabajadores deben competir en salario y capacidades con la mano de obra más barata de las naciones en desarrollo. Los trabajos que requieren una menor cualificación son los más afectados.

Los políticos han aprovechado este descontento. Quienes defienden el proteccionismo no son casos aislados. Son el reflejo de una gran parte de la población de las naciones desarrolladas. En 2016 Donald Trump alcanzó la presidencia con su “América First”, en Reino Unido el movimiento del Leave ganó el referéndum del Brexit con el lema “Britain First” y el eslogan “Austria y los austriacos primero” estuvo a punto de dar la victoria a la ultraderecha austriaca. El año pasado Marine Le Pen obtuvo un fuerte respaldo en las presidenciales francesas defendiendo que el trabajo en Francia era para los franceses y prometió un impuesto que gravara la contratación de extranjeros. En 2018 la Liga se convirtió en la fuerza política italiana más votada con el lema “Prima gli Italiani” (primero los italianos). El movimiento político que está detrás de estos resultados sigue creciendo y lo vemos cada día en las nuevas medidas que se anuncian.

Los aranceles, muros y mayores controles fronterizos son una respuesta del mundo desarrollado a la globalización. Sería mucho mejor que se realizaran otras políticas para disminuir la desigualdad y aumentar la competitividad de los trabajadores y empresas en la economía global, pero se ha elegido el camino fácil que da votos más rápido.

En esta tesitura, nos toca tratar de prever a dónde nos lleva este giro de 180 grados. La globalización ha impulsado el crecimiento, sobre todo de los países emergentes y ha mantenido muy baja la inflación, principalmente en las naciones más desarrolladas. Lo más probable es que el proteccionismo acabe generando exactamente lo contrario, una desaceleración de la economía global y una subida fuerte de la inflación.

Sin embargo, es importante tener en cuenta los tiempos. De continuar la llamada guerra comercial tal y como está planteada, es razonable pensar que la inflación aparezca antes en Estados Unidos debido al impacto de los aranceles que aplica y que la ralentización se manifieste primero en los países emergentes más dependientes de las exportaciones, China entre ellos.

Lo más grave en mi opinión, es la elevada probabilidad de que los aranceles de Trump parezcan acertados antes de tener efectos negativos en el crecimiento norteamericano. Esperemos que esto no seduzca a los europeos y acabemos siguiendo los pasos de Estados Unidos.

En conclusión, el proteccionismo no es buen camino. Espero por el bien de todos que nos demos cuenta más pronto que tarde.

Rumbo Inversor
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