No suben los activos de mayor valor, si no los más beneficiados por la política monetaria

Han pasado solamente 6 meses desde la última subida de tipos de la Reserva Federal. En esa reunión, la Fed indicó que tenía intención de seguir subiendo tipos en 2019.

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No suben los activos de mayor valor, si no los más beneficiados por la política monetaria

Han pasado solamente 6 meses desde la última subida de tipos de la Reserva Federal. En esa reunión, la Fed indicó que tenía intención de seguir subiendo tipos en 2019. El mercado esperaba entonces 2 subidas adicionales para este año, frente a las 4 realizadas el ejercicio pasado. El BCE, por su parte, anunciaba que primero empezaría a subir tipos y después reduciría el tamaño de su balance. La primera subida se esperaba para finales de este año.

El cambio de discurso de las autoridades monetarias se produjo en enero, tras el desplome de las bolsas de diciembre. Posteriormente han ido progresivamente modificando el mensaje hasta el punto que el mercado espera ahora una nueva ronda de estímulos monetarios (bajadas de tipos y/o compras de activos).

El impacto de la política monetaria en los mercados financieros ha sido muy significativo. Se han apreciado principalmente los activos susceptibles de ser comprados por el BCE: bonos soberanos, bonos corporativos y principales índices bursátiles. Recuerdo que el Banco de Japón lleva muchos años comprando acciones de las mayores empresas cotizadas vía ETFs indexados y que el BCE nunca ha descartado seguir sus pasos. También se han revalorizado las compañías de menor capitalización que se benefician de un entorno de tipos bajos debido a su elevado endeudamiento (eléctricas, otras utilities y SOCIMIs).

El motivo de la revalorización de estos activos no es el gran valor que aportan a los inversores que poseen sus títulos, muchos de ellos ofrecen muy bajo retorno para el elevado riesgo asumido y/o rendimientos reales negativos. La expectativa de revalorización se sostiene por la compra posterior de la autoridad monetaria o por la prolongación de las condiciones de financiación extremadamente laxas. Por estos motivos, los activos que cotizaban más caros son precisamente los que más han subido de precio, encareciéndose aun más.

Por otro lado, las compañías menos endeudadas y pequeñas, que cotizaban a menores múltiplos respecto a ventas, márgenes y beneficios no se han beneficiado de las recientes subidas y la cotización ha descendido en muchos casos. El miedo a una potencial ralentización económica pesa más para ellas que el efecto de una política monetaria todavía más laxa. Es decir, aquellos valores que ofrecían una mayor utilidad (valor) a los inversores porque cotizaban a niveles muy razonables respecto al retorno esperado se han abaratado todavía más. Y lo han hecho sin que sus modelos de negocio se hayan visto perjudicados y sin que las ventas hayan descendido. Es más, la mayoría de estas empresas seguirán aumentando sus ingresos en 2019.

Termino indicando que, a pesar de la evolución de los mercados en el primer semestre del año, los inversores que invertimos a largo plazo debemos seguir seleccionando los activos que consideramos que tienen mayor utilidad (valor) para nosotros en nuestro horizonte temporal. A pesar del efecto de los bancos centrales, no es razonable invertir a largo plazo en activos que nos ofrezcan un retorno real (descontada la inflación) negativo o muy escaso, ni en empresas cuyas valoraciones solamente se sostienen con costes de financiación extremadamente bajos.

Rumbo Inversor
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