Invertir en deuda pública, un impuesto voluntario

El Estado gana un 8% por cada bono a 5 años que emite a este nivel. Recibe el 100% y en términos reales solamente debe devolver el 92%.

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Invertir en Deuda Pública, un impuesto voluntario

La rentabilidad actual de un bono del Estado español a 5 años es del -0,15%. A ese nivel el que invierta a vencimiento perderá un 0,15% anual, es decir un 0,75% de su dinero en 5 años. Asumiendo que la inflación se sitúa en media en el 1,5% (por debajo del objetivo del BCE), la pérdida total real para el inversor en 5 años alcanza el 8%.

Aunque consideremos que la probabilidad de impago del Tesoro es del 0% y que el rendimiento real que debe exigir el inversor por no disponer de su dinero durante 5 años sea también del 0%, algo con lo que no estoy de acuerdo en ningún caso, el inversor del bono pierde un 8% del valor de lo invertido. ¿Quién lo gana? El Estado sin hacer nada por ello.

Es decir, el Estado gana un 8% por cada bono a 5 años que emite a este nivel. Recibe el 100% y en términos reales solamente debe devolver el 92%.

¿Quién realiza esta inversión ruinosa? ¿Quién voluntariamente quiere pagar al Estado un 8% a cambio de nada? El primer inversor es el BCE, que ha comprado cerca de una cuarta parte de la deuda pública española. No lo hace para obtener beneficio sino como parte de su política monetaria para impulsar la economía. Presta a los Estados más de lo que éstos le deben devolver entregándoles de esta manera dinero a fondo perdido. Además, debido a su volumen, influye enormemente en el precio de las emisiones. Es decir, el tipo de interés que tienen que pagar o recibir los Estados por sus bonos depende directamente del apetito comprador de la autoridad monetaria.

Por cortesía del BCE, el que quiera financiar al Estado español a 5 años debe pagar un 8% real. Lo sorprendente es que haya inversores privados que lo hagan. Algunos piensan que no pueden invertir en otros activos con mayor rentabilidad (algo que no es cierto) y se sienten obligados a pagar a los Estados para que les guarden el dinero. Otros quieren obtener beneficios rápidamente revendiendo los bonos más caros (con rentabilidad aún más negativa) a los siguientes inversores. Y un tercer grupo invierte atraído por las rentabilidades pasadas de productos financieros que en el pasado invirtieron en deuda pública sin ser conscientes de que las rentabilidades a futuro serán necesariamente muy diferentes y claramente insatisfactorias.

La sombra del BCE se ha extendido también a la renta fija privada. Gran parte de los bonos emitidos por las empresas tienen rentabilidades negativas a pesar del nivel positivo de inflación, de que su probabilidad de quiebra no es 0% y de que el retorno real para los inversores por no disponer de su dinero durante años tampoco debería ser 0%. En este caso, los inversores en bonos no pagan un impuesto al Estado, sino que directamente entregan un valor real significativo a los accionistas de las empresas a las que prestan. Otra vez a cambio de nada.

En conclusión, mientras los Estados y los accionistas de las grandes empresas se enriquecen sin hacer nada, los inversores que directa o indirectamente invierten en bonos pierden parte del valor de su capital. Estos últimos deberían replantearse lo que están haciendo.

Rumbo Inversor
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