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¿Hay que huir de la deuda?
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Juan Gómez Bada

Rumbo Inversor

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¿Hay que huir de la deuda?

Las actuales subidas de tipos de los bancos centrales, a ritmos superiores a los de 2004, están despertando los miedos a que pueda generarse algo similar a lo que ocurrió en 2008

Foto: Bolsa de Madrid. (EFE/Vega Alonso)
Bolsa de Madrid. (EFE/Vega Alonso)

Los inversores todavía tenemos muy presente qué ocurrió en la crisis financiera que se inició en 2007 con las hipotecas subprime americanas. La Reserva Federal empezó a subir los tipos de interés en verano de 2004 un 0,25% en cada reunión para contener una economía en pleno empleo y una inflación que rondaba el 3%. Los tipos oficiales partieron del 1% en 2004 y alcanzaron el 5,25% en verano de 2006.

Es difícil olvidar el estallido de aquella crisis de crédito. El miedo a no cobrar las deudas se extendió como una mancha de aceite por todo tipo de activos. Los bancos y las empresas más endeudadas se desplomaban en bolsa día sí y día también. El elemento patógeno del cual huir en aquella crisis fue la deuda.

Foto: Foto: iStock.

Las actuales subidas de tipos de los bancos centrales, a ritmos superiores a los de entonces, están despertando los miedos a que pueda generarse algo similar en los próximos meses.

Sin embargo, hay un elemento diferencial esta vez que alterará el resultado: la inflación. En aquellos años, el incremento de los precios en Estados Unidos rondaba el 3%, en 2008 subió al 4% y cayó al -0,4% en 2009. En Europa los datos de inflación fueron similares a los americanos. Ahora, la situación es bien diferente: la inflación supera el 8% a ambos lados del Atlántico.

El rápido aumento de los precios juega muy a favor de los agentes económicos endeudados. Además, las ratios de endeudamiento de los particulares y empresas privadas son hoy mucho más contenidas en relación con el valor de sus activos y/o ingresos.

Foto: El Banco de España en la calle de Alcalá, Madrid. (EFE/MARISCAL)

En aquel entonces se dieron muchas hipotecas por más del 100% del valor de las casas, los precios de los inmuebles descendieron significativamente en términos nominales y el desempleo aumentó muy rápidamente. En esa situación muchos hipotecados no pudieron hacer frente a sus deudas.

Sin embargo, ahora las hipotecas no suelen financiar más del 80% del valor del inmueble. Además, con una inflación que supera el 8%, es muy difícil que el precio de los inmuebles pueda descender significativamente en términos nominales (en euros corrientes) de forma sostenida. De esta manera, aunque el hipotecado pierda su empleo siempre podrá vender su casa, pagar la hipoteca pendiente y quedarse con el remanente. Esta vez los números sí salen.

Por otro lado, en este entorno de fuertes subidas generalizadas de los precios, las empresas podrán devolver más fácilmente los créditos ICO y otras deudas. A medida que sube la inflación, las empresas aumentan sus ingresos y gastos, pero el valor de las deudas en euros se mantiene, por lo que el esfuerzo real que deben hacer para pagarlas disminuye.

Foto: Pedro Sánchez con Christine Lagarde. (EFE/Nolly)

Por último, recuerdo que el efecto de los tipos reales negativos en la deuda pública es espectacular. Seguimos gastando mucho más de lo que ingresamos, es decir, vivimos en déficit crónico, pero cada vez tenemos una ratio de endeudamiento sobre PIB más sostenible.

La conclusión lógica es que esta vez, mientras los tipos reales sigan siendo negativos, la deuda no será origen de todos los males, como en la crisis financiera. Seguirá siendo un elemento de riesgo que amplificará los resultados buenos o malos de las compañías, pero, en media, no lastrará las cotizaciones.

Los inversores todavía tenemos muy presente qué ocurrió en la crisis financiera que se inició en 2007 con las hipotecas subprime americanas. La Reserva Federal empezó a subir los tipos de interés en verano de 2004 un 0,25% en cada reunión para contener una economía en pleno empleo y una inflación que rondaba el 3%. Los tipos oficiales partieron del 1% en 2004 y alcanzaron el 5,25% en verano de 2006.

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