Holanda contra el interés compuesto
  1. Mercados
  2. Te renta
Clarisa Sekulits

Te renta

Por

Holanda contra el interés compuesto

Los Países Bajos quieren gravar las ganancias de los inversores, incluso antes de que se materialicen. Una medida preocupante que podría frenar la inversión a largo plazo. La gran pregunta es: ¿podría España seguir su ejemplo?

Foto: Vista de la bolsa de valores de Ámsterdam. (Reuters)
Vista de la bolsa de valores de Ámsterdam. (Reuters)

Menudo susto nos han dado los Países Bajos. La semana pasada, el gobierno holandés puso en marcha una reforma fiscal, pendiente de aprobación final por el Senado, que introduce un impuesto del 36% sobre las ganancias de capital no realizadas en activos financieros. Si la reforma sale adelante, entraría en vigor el 1 de enero de 2028.

¿Y qué es eso de las plusvalías latentes o "no realizadas"? Pues es el aumento de valor de una inversión que aún no has vendido. Por ejemplo, si inviertes 100 euros en acciones y su valor sube a 150, Hacienda te cobraría por esos 50 euros de ganancia teórica. Lo cual es como plantar un huerto y tener que pagar impuestos por los tomates que tienes en la mata, pero que aún no has cosechado.

Esta medida puede suponer un problema por varias razones. La primera, que obliga a pagar impuestos por unas ganancias que todavía no se han producido. Y si el inversor no dispone del efectivo suficiente para hacer frente al impuesto, puede verse obligado a vender, aunque no quiera.

Además, ¿qué sucedería si al año siguiente tus inversiones bajasen? En ese caso, la normativa holandesa propone compensar esa "pérdida no realizada" con ganancias de años futuros sin límite de tiempo. Lo cual está muy bien si efectivamente mantienes tu inversión. O si tus inversiones suben. Pero también podría darse el caso, absolutamente injusto, de que tuvieras que tributar por unas plusvalías que no has disfrutado y, al año siguiente, vender en pérdidas.

Foto: educacion-financiera-inversion-espana-1hms Opinión

De todos modos, sea cual sea la redacción final de la norma, pagar impuestos por ganancias que aún no se han materializado es la muerte del interés compuesto. Lo bueno que tiene invertir a largo plazo es que las ganancias que obtienes generan, a su vez, nuevas ganancias. Eso hace que la bola de nieve crezca cada vez más rápido. Pero claro: si alguien mete la cuchara en esas ganancias, olvídate.

La pregunta del millón, y la que atormenta ahora mismo a analistas e inversores, es qué posibilidades hay de que una medida así se aplique en otras jurisdicciones, incluida la española. Afortunadamente, dicen los expertos que es poco probable. Por un lado, la Constitución española prohíbe que la fiscalidad sea confiscatoria. Y ya existen otros impuestos que gravan el patrimonio. Si se implementase esa medida, se produciría una doble imposición.

Pagar impuestos por ganancias que aún no se han materializado es la muerte del interés compuesto

Ni siquiera los partidos de izquierdas más proclives al endurecimiento fiscal han realizado propuestas en esa dirección. Prefieren centrarse en las herencias y los altos patrimonios. Al menos, por el momento.

Ahora bien, el riesgo está ahí. La Asociación de Inspectores de Hacienda del Estado (IHE) ha mencionado en diversas ocasiones la necesidad de reformar la tributación del ahorro para evitar que las grandes plusvalías queden "indefinidamente" sin tributar. Es verdad que nunca han apoyado específicamente propuestas como la de Holanda. Pero sí que defienden que hay que limitar el diferimiento infinito.

Así que, aunque el escenario holandés sea poco probable en España, hagamos un poco de economía ficción. ¿Qué sucedería en nuestro país si se implementase una medida parecida? Lo primero, una huida hacia los pocos activos que quedasen fuera de la norma. En el caso de Países Bajos, queda exceptuada la inversión en inmuebles y en start up. Si en España hiciéramos igual, tendríamos boom del ladrillo asegurado.

Foto: impuestos-trabajo-bruselas-recaudar-mas-del-capital

Por otro lado, y esto sería lo más grave, se desincentivaría en gran medida la inversión a largo plazo. La estrategia de comprar y mantener ya no sería tan atractiva. Y penalizar el ahorro a largo plazo es lo último que necesita un país como el nuestro, en el que el sistema público de pensiones se encuentra en una situación, cuanto menos, delicada.

Otra consecuencia predecible, a la par que indeseada, sería una fuga de capitales masiva, tanto de grandes fortunas como de pequeños ahorradores. Y, a la vez, los inversores extranjeros dejarían de invertir en España. Lo cual haría que nuestros activos se revalorizasen menos y nuestros mercados fueran menos líquidos.

En todo caso, no nos asustemos. No debemos angustiarnos ante la posibilidad de un apocalipsis fiscal; recordemos que la medida ni siquiera tiene luz verde definitiva en Holanda (el Senado todavía puede tumbarla). Pero sí es bueno que seamos conscientes de que la fiscalidad es algo que debe preocuparnos. No se trata de comprar argumentos maniqueos como "subir impuestos es bueno para la sociedad" o "es malo para la economía", sino de analizar qué impacto tendría en nuestras vidas cada reforma. Y, en última instancia, aplicar nuestro sentido interno de la justicia. Nuestra brújula moral.

A veces las cosas aparentemente complicadas son en realidad muy sencillas. ¿Te parece justo cobrarle a un agricultor por unos tomates que aún no ha vendido en el mercado y que igual se malogran antes de tiempo? Pues eso.

Menudo susto nos han dado los Países Bajos. La semana pasada, el gobierno holandés puso en marcha una reforma fiscal, pendiente de aprobación final por el Senado, que introduce un impuesto del 36% sobre las ganancias de capital no realizadas en activos financieros. Si la reforma sale adelante, entraría en vigor el 1 de enero de 2028.

Macroeconomía Fiscalidad Constitución
El redactor recomienda