El problema de los robots y las inversiones
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Víctor Alvargonzález

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El problema de los robots y las inversiones

Quien no lo supiera ya, va viendo que, si bien a muy largo plazo invertir en un índice global es sin duda una buena opción, en el corto y medio plazo se pueden obtener mejores resultados

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Crear un robot para gestionar inversiones es un gran negocio. Mínima intervención humana - y por lo tanto pocos problemas de personal -, cero presencia de analistas y estrategas (que además de ser personas tienen sueldos altos). Porque la idea es que invertir en un índice global de renta variable es suficiente para obtener buenos rendimientos y, por lo tanto, sobra todo lo demás.

Pero el tiempo está demostrando que las cosas no son tan fáciles y que las máquinas tienen sus limitaciones. Quien no lo supiera ya, va viendo que, si bien a muy largo plazo invertir en un índice global es sin duda una buena opción, en el corto y medio plazo se pueden obtener mejores resultados dando un peso especial a determinados activos, sectores o países. El propio Warren Buffett le ha dicho a su mujer que cuando él se muera no se complique la vida e invierta todo el dinero en un fondo indexado al S&P 500. Eso sí, hasta entonces, que lo mantenga en Berkshire Hathaway (el vehículo de inversión que gestiona el señor Buffett).

Vayamos con los datos. En el año 2020 lo que mejor funcionó fueron la tecnología y China. Y cuando decimos que funcionó “mejor” estamos hablando de superar en dos dígitos al índice global o al S&P 500, que suele ser donde invierte los ahorros de los clientes el robot. Pero, pese a ser la segunda economía del mundo, China tiene un peso ínfimo en un índice global. En cuanto a la tecnología, no llega al 20 % del mismo. Una cartera que le haya dado un peso especial a China y a la tecnología habrá batido fácilmente al índice.

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Aclaro que no estoy diciendo que todo el mundo tenga la visión necesaria para batir a un índice global o que yo personalmente lo vaya a hacer siempre. Mi planteamiento es general y lo que digo es que para una persona puede ser difícil, pero es posible. En cambio para un robot es imposible, puesto que no puede desviarse de la composición del índice.

2021 tiene pinta de confirmar lo que ocurre casi todos los años, porque siempre hay activos, países o sectores que destacan. La Eurozona, el patito feo de la revolución digital, se ha convertido en el beneficiario del dinero que sale de la renta fija (buscando un buen dividendo) y ya se ha situado por delante del S&P 500 en varias ocasiones en lo que va de año. Pero su peso en el índice global no llega al 15%.

Otro inconveniente de los robots que se limitan a seguir a un índice es que tampoco hacen apuestas sectoriales. Eso supuso un coste de oportunidad el año pasado en temas como la inteligencia artificial, la biotecnología o la ecología. Este año el coste de oportunidad se percibe en el sector financiero o las materias primas, que van como una moto (ambos).

La gestión robotizada parece barata, pero si el robot va a concentrar la inversión en un índice global ¿por qué “pagarle” una comisión de gestión?

Otro inconveniente es el precio. La gestión robotizada parece barata, pero si el robot va a concentrar la inversión en un índice global ¿por qué “pagarle” una comisión de gestión? (o de “custodia”). En realidad no va a gestionar ni custodiar mucho y comprando un fondo indexado a ese mismo índice te ahorras la comisión de gestión de la cartera. Y la de custodia. Y si lo haces a través de un ETF te ahorras también la comisión de gestión de los fondos que hay en la cartera (solo pagas un corretaje, que es mucho menor). Puestos a indexarse y olvidarse hay formas mucho más baratas de hacerlo.

Soy totalmente partidario de automatizar todo lo automatizable y de digitalizar todo lo digitalizable. Y soy consciente de que muchos asesores y gestores de patrimonio cobran demasiado sólo por dar un “cariñito” que no aporta ningún valor. También estoy de acuerdo en que las máquinas hagan todo aquello que hacen igual o mejor que las personas. De hecho, dirijo una empresa de asesoramiento con un alto grado de automatización. Sólo trato de expresar mi opinión de que no todo es blanco o negro y que a veces merece la pena invertir en personas. Desde las personas que te atienden cuando surgen problemas operativos hasta analistas y estrategas que entienden los factores no cuantificables de los mercados. Que no son pocos ni poco importantes.

Porque otro problema que le veo a la gestión robotizada surge cuando el robot realmente gestiona – que también los hay -, es decir, no se limita a imitar un índice, sino que el algoritmo toma decisiones como si fuera un estratega de inversión. En ese caso el problema surge en aquello que precisamente creo tardará más en hacer mejor una máquina que una persona: entender tres factores fundamentales a la hora de invertir, que son el miedo, la euforia y las modas.

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El miedo hace que algo que está barato lo esté mucho más como consecuencia de la venta en pánico. En otras palabras, permite comprar con un descuento adicional. Por su parte, la euforia hace que los activos tengan una subida extra que permite ganar un “complemento por euforia ” (que puede llegar a ser muy significativo cuando la euforia se convierte en avaricia).

Al no entender un sentimiento tan humano como el pánico, el robot probablemente empiece a comprar demasiado pronto. Y al no comprender la euforia y mucho menos la avaricia, probablemente venda antes de tiempo. Porque no entiende como la gente puede seguir comprando algo que, dentro de lo que le han explicado al algoritmo, ya está “caro”. Incluso insertándole un coeficiente por euforia o pánico ¿cómo mide el grado adecuado en cada evento? Finalmente, pero no menos importante, lo que menos entiende un robot son las modas. Y como dijo Keynes, son un componente fundamental de los mercados. Y creo que cualquiera que tenga cierta experiencia en inversiones estará de acuerdo con Keynes en este sentido.

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