La obsesión de China por sostener a sus bolsas

El problema surge porque China ha optado por hacer crecer el tamaño de los mercados financieros por la vía rápida, sin preocuparse por su eficiencia y eficacia

Foto: Juan Gómez Bada.
Juan Gómez Bada.

En esta columna no opinaré sobre el futuro la economía China. El objetivo es más modesto. Me limitaré a explicar por qué Pekín lleva dos meses tratando desesperadamente de hacer subir los precios de las acciones de las compañías chinas en bolsa.

En julio, China sorprendió al mercado anunciando varias medidas. Las dos principales fueron la prohibición de vender acciones a los directivos y grandes accionistas de las compañías (es decir, a quienes tienen más información) y la segunda establecer un fondo estatal para comprar acciones en bolsa con cargo a las reservas de su banco central. A muchos inversores nos extrañaron estas decisiones. Es ciento que en el último mes las acciones habían bajado un 30%, pero de enero a junio habían subido más de un 50%, en el año 2015 seguían en positivo y en los últimos 12 meses acumulaban una revalorización del 70% contando con las caídas de las últimas semanas. Es decir, no había motivos para pensar que las bajadas del precio de los activos financieros fuesen a provocar ningún tipo de alarma en la economía real.

Entre el 11 y el 13 de agosto, Pekín anunció tres devaluaciones que situaron al Yuan un 4,6% más barato frente al dólar americano. Lo más desconcertante en este caso fue la explicación. El Banco Popular de China dijo que “devaluaba para flexibilizar” el tipo de cambio de su divisa. No es coherente depreciar por decreto con flexibilizar, pero es cierto que el movimiento está hecho en la dirección que le pide el mercado. Esta semana, tras nuevas caídas en las bolsas, han recortado tipos de interés, han reducido el coeficiente de caja de los bancos y han permitido al fondo estatal de pensiones comprar hasta un 30% de su patrimonio en renta variable.

Descubrí el propósito del gobierno chino después de leer este post del blog del catedrático de economía Jose María O´kean. Desde que la crisis de 2007 afectase a las economías desarrolladas, Pekín ha perseguido sustituir las exportaciones como motor de crecimiento por el consumo interno. En consecuencia, la tasa de ahorro ha disminuido y, con ello, el dinero destinado a financiar las nuevas inversiones. Sin esa financiación no es posible sostener las elevadas tasas de crecimiento del país. En conclusión, el objetivo último del gobierno chino es aumentar el volumen de financiación hacia la actividad productiva.

Pekín desea entrar en el FMI para poder incluir al Yuan/remimbi en la cesta de derechos especiales de giro. Así podrán obtener financiación internacional

La segunda economía del planeta se había fijado en la primera. China miró a Estados Unidos para ver cómo resolvía el problema de la financiación una economía basada en el consumo. Se dieron cuenta que la mejor manera de canalizar el ahorro (recurso escaso) hacia la inversión es un sistema financiero grande, eficaz y eficiente. Sin embargo, el sistema financiero chino era pequeño comparado con su economía y distaba mucho de la eficacia y eficiencia del americano. Según datos del Banco Mundial, en 2012 el tamaño de la capitalización de las bolsas Chinas representaba el 43,7% de su PIB, muy por debajo del 115,5% de EEUU y de los ratios de la mayoría de economías desarrolladas. Los mercados de capitales son mucho más que el tamaño de las bolsas, pero sirve este ejemplo para darnos cuenta de las magnitudes.

Los mercados financieros, al igual que todos los mercados, se desarrollan si generan confianza a largo plazo a los oferentes y demandantes de productos. Esto se consigue si hay la seguridad jurídica, transparencia y los mínimos costes de transacción.

El problema surge porque China ha optado por hacer crecer el tamaño de los mercados financieros por la vía rápida, sin preocuparse por su eficiencia y eficacia. Pekín fomentó la compra de acciones mostrando a sus ciudadanos casos de beneficios pasados y favoreció su endeudamiento para la compra de títulos. Su propósito es que los precios se mantengan lo más alto posible, aunque no respondan al valor real de los mismos, para animar a otros empresarios a financiarse en los mercados a buenos precios y para aumentar su peso en los índices bursátiles con el fin de atraer la máxima financiación extranjera.

La mayoría de índices bursátiles ponderan los activos en función de la capitalización de las compañías. Es decir, a medida que suben los precios de las acciones chinas, mayor parte de la cartera los inversores internacionales deberá estar invertida en China. Esto es así porque cada vez hay más volumen de dinero en fondos indexados (ETFs), estructuras referenciadas a índices y productos que persiguen batir a los índices sin separarse mucho de ellos.

Deberíamos mejorar la supervisión, abaratar los elevados costes, reducir los plazos y simplificar los trámites que tienen las empresas para salir a cotizar

Utilicemos otro mercado para explicar el comportamiento de Pekín de una manera más sencilla. Pongamos una lonja de pescado. Para fomentar el crecimiento de ese mercado se debe garantizar a los compradores unos estándares de calidad de los alimentos, transparencia en la formación de los precios y que las compraventas se puedan realizar de una manera segura, sencilla y barata. Sin embargo, el gobierno chino ha preferido desarrollarlo de otra manera. Es como si hubiese hecho una fortísima campaña de publicidad del mercado entre sus ciudadanos con el fin de subir artificialmente el precio de pescado para atraer a más pescadores que ofrezcan mercancía en él y para que aumente la cuota de pescado mundial que se debe comprar en su mercado por parte de inversores extranjeros.

Por otro lado, como indica el profesor O´kean, Pekín desea entrar en el FMI para poder incluir al Yuan/remimbi en la cesta de derechos especiales de giro, dónde están el dólar estadounidense, el euro, la libra esterlina y el yen japonés. De esta manera podrán obtener más financiación internacional. El FMI, por su lado, le demanda a China que debe dejar cotizar libremente su divisa para poder acceder. Por ello, las devaluaciones de agosto se han anunciado como medidas de flexibilización del tipo de cambio.

En España, también necesitamos aumentar la financiación a la actividad productiva y debemos aprender de esto. Según los datos del Banco Mundial para 2012, la capitalización de la bolsa española representaba un 73,4% del PIB. A día de hoy habrá subido significativamente por la recuperación de las bolsas desde aquel mal año para la economía doméstica. No obstante, todavía estará muy lejos del peso que tiene en Estados Unidos.

Las bolsas de valores, más que financiar a las empresas, cumplen la labor de dar liquidez. Es decir, permiten a unos inversores poder vender los activos financieros a otros inversores de una manera segura, barata y sencilla. Son fundamentales para el desarrollo de business angels, fondos de capital semilla y de private equity. Estados Unidos tiene unos mercados de capitales más desarrollados que los españoles o europeos. En consecuencia, no es de extrañar que muchos empresarios españoles relacionados con nuevas tecnologías, biotecnología y otros sectores argumenten que deben crear o trasladar sus empresas a EEUU para obtener financiación. Gran parte de este capital se centra exclusivamente en empresas americanas. Las barreras jurídicas internacionales y el mal funcionamiento de los tratados de doble imposición desaniman a estos inversores a analizar empresas fuera de ese país.

Es fundamental para el crecimiento de la economía que los mercados financieros se desarrollen para canalizar el ahorro hacía la inversión de una manera más eficaz y eficiente. En este sentido, deberíamos esforzarnos en mejorar la supervisión, abaratar los elevados costes, reducir los plazos y simplificar los trámites que tienen las empresas para salir a cotizar o emitir deuda. Una parte significativa del dinero que obtienen las empresas en ampliaciones de capital o emisiones de deuda en los mercados se dedican a pagar tasas, asesores e intermediarios. Por otro lado, se debería fortalecer la labor de supervisión para que se pueda salvaguardar la transparencia y así evitar casos de abusos tanto de los directivos de empresas cotizadas como de las entidades financieras que intermedian. Por último, creo que deberíamos abandonar, como han hecho Reino Unido o Estados Unidos, la idea de implantar una tasa (Tobin) con el único objetivo de dificultar el desarrollo de los mercados de capitales.

 

*Juan Gómez Bada, asesor de Avantage Fund

Tribuna Mercados
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