La historia oculta de la compra de Novagalicia por Escotet

No terminan de remansarse las aguas financieras por el noroeste español. Como adelantamos hace tres semanas en El Confidencial, Juan Carlos Escotet, el nuevo propietario de

Foto: l presidente de Banesco, Juan Carlos Escotet (2i), acompañado por el presidente del Banco Etcheverría, Javier Etcheverría (i) y su consejero delegado Francisco Botas. (EFE)
l presidente de Banesco, Juan Carlos Escotet (2i), acompañado por el presidente del Banco Etcheverría, Javier Etcheverría (i) y su consejero delegado Francisco Botas. (EFE)

No terminan de remansarse las aguas financieras por el noroeste español. Como adelantamos hace tres semanas en El Confidencial, Juan Carlos Escotet, el nuevo propietario de esa gran caja ‘del país’ –como le gustaba presumir a Alberto Núñez Feijóo con motivo de la fusión de Caixanova y Caixa Galicia– se las está viendo y deseando para encontrar la financiación que le permita hacer frente al primer pago, 400 millones de euros en total incluida una cartera de fallidos, que debería haberse materializado, según el acuerdo de intenciones sujeto a las bendiciones nacionales y comunitarias, el pasado 31 de marzo. Ni en Latinoamérica, de la mano de Barclays, ni en Europa encuentra quien le acompañe en la aventura. El tiempo pasa y parece casi inevitable el que tenga que afrontar a pulmón, contra su deseo, una operación cara a la que resulta muy difícil asociar un equity story atractivo para los potenciales inversores. Un cóctel letal para sus intereses que esperemos no termine mal.

Efectivamente, con el paso de los meses ha quedado probado que la falta de un argumento estratégico para cerrar el traspaso de algunas entidades se ha suplido con factor precio, se midiera este en términos de múltiplos sobre valor en libros o de la garantías públicas sobre los agujeros negros que pudieran existir en sus cuentas anuales. Barato, barato. Aun así, en las instituciones más débiles ha sido frecuente que, a la hora de aterrizar el comprador, que la realidad haya superado con creces su peor escenario potencial, lo que ha llevado a que, con el tiempo, los consolidadores admitieran pocas alegrías no orgánicas si no venían acompañadas de las necesarias cautelas en forma de coberturas. En su día ya comentamos por aquí cuál ha sido la aportación real de negocio de la CAM a Sabadell, por poner sólo un ejemplo.

Juan Carlos Escotet se reúne con Alberto Núñez Feijóo. (EFE)
Juan Carlos Escotet se reúne con Alberto Núñez Feijóo. (EFE)

Sin embargo, el financiero venezolano, propietario ya del Banco Etcheverría, se despachó a finales de diciembre con una oferta superior a los 1.000 millones de euros por el 88,33% del capital que dejó al resto de los participantes en la subasta estupefactos, especialmente a un Guggenheim que contaba con el apoyo del anterior equipo gestor. Mucho dinero por más que el movimiento pudiera estar más que justificado para el adjudicatario final en términos de generación recurrente de flujos o menor riesgo político para su patrimonio (Valor Añadido, "Popular, Sabadell, NCG: América reconquista nuestra banca", 19-12-2013).

¿Qué pasó por el camino?

Resulta que, quien quisiera hacerse con NCG Banco en primera ronda, tendría que presentar una oferta que superara en un 50% a su inmediata perseguidora con una diferencia mínima de 200 millones (he corregido este dato a las 12:00 tras que me contactara el FROB aunque las cifras no cambian sustancialmente). Si no, se entraría en una segunda fase en la que los have your says de Banco de España, FROB y compañía podía truncar los intereses oficiales y ocultos del grupo adquirente (que se lo digan a Banco Espírito Santo y su adjudicación fantasma durante 24 horas del Banco Gallego).

Estimar por dónde podían ir los tiros del resto de contendientes era clave. La banca española jugaría por el lado de las EPA, mientras que los americanos llevaban tanto tiempo como contenders que no era difícil intuir por dónde se descolgarían. Pero hete ahí que, a última hora, alguien filtró interesadamente que llegaba J.C. Flowers con cerca de 700 kilos debajo del brazo. Y, en un ejercicio de irreflexión absurda –cualquiera que conozca el modus operandi de este inversor sabe que queda muy lejos de su forma de comprar–, los dueños aún virtuales de la firma gallega se lo tragaron.

Así se escribe la historia.

José María Castellano. (EFE)
José María Castellano. (EFE)

De esos barros, como decíamos al principio, vienen estos lodos. Si a ese hecho objetivo añadimos una negociación pobre sobre la cobertura de las posibles contingencias futuras –que, pese a los 9.000 kilos que había aportado ya el Estado antes de la venta, se va a quedar casi seguro corta, dificultando aún más la recuperación de lo invertido–; alguna decisión precipitada como prescindir de forma casi inmediata y sin una alternativa razonable de un José María Castellano que podría no sólo haber facilitado la transición, sino ayudado a conseguir la financiación; o el dar el liderazgo ejecutivo a un blindado Francisco Botas que recuerda, en cierto modo, al ex-March y ex-Bankia Francisco Verdú por su inexperiencia en la gestión de una entidad de este tamaño. El horizonte a corto y medio plazo para Escotet se presenta nublado, por más que consiga salvar este primer match ball.

Como siempre afirmo en estas ocasiones, nada podría desear más que equivocarme. Por el bien de España, de Galicia, del sector financiero y de todos los contribuyentes. Bien está lo que bien acaba, cierto. Ojalá sea así y el venezolano lo disfrute en su chaletón made in Joaquín Torres en A Coruña. Pero, de partida, la cosa pinta mal. Qué le vamos a hacer. A rezar tocan.

Buen fin de semana a todos.

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