Se cumplió el vaticinio: el euríbor ya está en negativo (y es mala noticia)

La deflación hacer crecer el valor real de las deudas, penaliza el ahorro y alimenta burbujas que generan inestabilidad, amén de hundir a la banca y, con ella, el crecimiento europeo

Foto: Foto: Corbis.
Foto: Corbis.

Ha sucedido.

Fue el 18 del pasado mes de noviembre cuando anunciamos en esta misma columna que veríamos el euríbor a un año en negativo. Algo de lo que nos hicimos eco en primera instancia, por gentileza de los analistas de Morgan Stanley, allá por junio de 2013: ‘¿Su hipoteca gratis? El euríbor puede valer cero (o menos)’.

Pues bien, dicha predicción se materializó el pasado viernes.

El mérito no es de un servidor sino del Servicio de Estudios de Bankia, que fue quien llegó a esa conclusión tras analizar la correlación entre la facilidad de depósito del BCE y el indicador interbancario. En la medida en que el banco central cobrara más por que las entidades financieras pudieran dejar los fondos en su balance, en lugar de pagar como había sido la norma histórica, más estarían los bancos dispuestos a exigir un rendimiento a otros por el mismo servicio, siempre que el diferencial frente a la alternativa del supervisor compensara el riesgo y la contrapartida ofreciera las debidas garantías.

Ha sido el caso apenas 90 días después de aquel pronóstico; estamos en el menos 0,002%.

No se trata de tan buena noticia para los deudores, pese a lo que podría parecer, y, sin embargo, supone un mazazo terrible para los acreedores, esto es: los bancos de la zona euro, especialmente aquellos que tienen la mayor parte de la financiación hipotecaria referenciada a ese indicador, como es el caso de la española.

Vayamos primero con los que deben.

No hay que olvidar qué es lo que conduce a tipos negativos, excepción que empieza a convertirse en norma, toda vez que naciones que suponen el 23% del PIB mundial ya viven inmersas, en mayor o menor medida en función de los plazos de la curva afectados, en esa realidad.

Los provoca, esencialmente, un incentivo monetario que busca paliar un entorno desinflacionario, cuando no directamente deflacionario. En este último caso, el valor real de las deudas, esto es: ajustadas por la inflación, crece y no decrece con el paso del tiempo. Se requiere más esfuerzo financiero para el repago de la misma deuda nominal de modo tal que lo que se gana por costes financieros a corto plazo, se pierde vía 'mayor' amortización de principal.

No solo eso, es evidente que en un escenario como el descrito, el ahorro es penalizado -veremos a ver si llegan a cobrarnos por nuestros depósitos en la banca comercial- lo que indudablemente dificulta aún más la obtención de fondos para hacer frente a lo adeudado, a la vez que la búsqueda de rentabilidad alimenta escenario de mayor inestabilidad y riesgo, como ha quedado demostrado.

Una coyuntura mala para todos.

Por tanto es miel, se libera renta, pero no tan sobre hojuelas como a primera vista cabría pensar.

Sin embargo, quien peor sale parada es la banca, toda vez que verá sufrir aún más su margen de intereses en un entorno en el que el aumento de la competencia provocará que tenga que ajustar las bridas de ‘spreads’ y comisiones para retener y captar a los clientes más rentables. Es verdad que en España más o menos un 8% de la cartera hipotecaria se amortiza anualmente y que, por tanto, el problema terminará muriendo solo. Pero la nueva producción, tanto en esa área de negocio como en otras de mayor margen, tampoco acompaña con la soltura necesaria, lo cual desemboca en la sempiterna solución de nuevos ajustes de capacidad para adecuar la realidad del sector a las necesidades de particulares y empresas solventes.

Vivimos en un mundo de excepcionalidades, en una auténtica ‘terra incognita’ que nos puede deparar cualquier cosa.

Pero, ojito.

Porque en una Europa bancarizada al 90%, con una dependencia brutal de sus instituciones financieras para canalizar el ahorro a la inversión, el que a esta industria le vaya más bien regular tirando a mal puede suponer un palo en la rueda más, y muy importante, al crecimiento regional. Y con una población envejecida, unos extremismos emergentes y una falta de liderazgo para acometer las necesarias reformas como la actual, pocas excusas adicionales necesita el sueño comunitario para desvanecerse.

'Timeo Danaos et dona ferentes'…

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