Más muertos en la carretera: más radares y más límites, única política de la DGT

La siniestralidad en las carreteras españolas se ha disparado esta verano, con un aumento del 15% en el número de fallecidos entre julio y agosto. Un

Foto: Desde hace cuatro años la siniestralidad crece en España. Este verano ha subido un 15%. EFE
Desde hace cuatro años la siniestralidad crece en España. Este verano ha subido un 15%. EFE

La siniestralidad en las carreteras españolas se ha disparado esta verano, con un aumento del 15% en el número de fallecidos entre julio y agosto. Un total de 259 personas han perdido la vida en los accidentes de tráfico producidos solo en las carreteras en este periodo de tiempo, según los datos facilitados por la DGT. Además, según esos datos, el 76% de los accidentes con víctimas ocurrieron en carreteras convencionales, no desdobladas.

Al anunciar estos datos, el director general de Tráfico, Pere Navarro, ha puesto a Francia de ejemplo en el descenso de los fallecidos en las carreteras, mencionando dos factores: la reducción del límite de velocidad en sus vías convencionales a 80 km/h y el hecho de que tenga más radares que España. Por ello, ha apostado por hacer lo mismo, reducir la velocidad en las carreteras convencionales y aumentar el número de radares.

Nuestros dirigentes, al menos en lo que a la automoción se refiere, siempre buscan solucionar los problemas a coste cero. Si hay más contaminación, se prohibe la circulación, si hay más accidentes, se bajan los límites de velocidad. Pero nunca se plantea invertir en formación de los conductores o en mejorar las carreteras. Tampoco en mejorar las infarestructuras de carbuirantes más ecológicos o en planes para incentivar la compra de coches muchos menos contaminantes, como hacen todos los países de nuestro entorno.

La política de la DGT ha sido, desde que Pere Navarro fue nombrado director general de Tráfico en su primera etapa al frente del organismo, siempre la misma: reducir los límites de velocidad y llenar las carreteras de radares. Tengo que reconocer que en un principio, y como una medida de choque, me pareció una buena decisión. Las cifras logradas fueron muy buenas, pero hay que dejar claro que no fue solo esta medida la que redujo las cifras de siniestralidad.

Los coches son mucho más seguros cada día, las carreteras, en su primera época al frente de la DGT eran mejores, había cada día nuevos tramos de carreteras desdobladas, y todo ello sumó a favor de esa ansiada reducción de víctimas. Pero sobre todo, una grave crisis que hizo que se redujera notablemente el tráfico y que los que seguían circulando lo hicieran muy tranquilos para evitar multas y reducir su consumo. Ahora, seguir con la misma política 15 años después parece un poco exagerado.

Mantenimiento de las carreteras

A lo largo de estos años, las carreteras españolas han acumulado un déficit de mantenimiento realmente brutal, que la asociación española de la carretera cuantifica en más de 7.000 millones de euros. El propio director general ha reconocido hace unas semanas que la culpa del aumento de la siniestralidad la tiene el Partido Popular porque ha reducido la plantilla de agentes vigilando las carreteras. Hace solo unos días, la culpa del aumento era que cada vez se usa más el móvil cuando se conduce. La otra razón clave de los siniestros es conducir bajo los efectos del alcohol o las drogas, como también reconoce el director general de Tráfico.

Son un cúmulo de razones que sin duda contribuyen a ese fuerte aumento de la siniestralidad, pero sobre todo lo que a mí me parece más importante es la falta de concienciación de los conductores a la hora de sentarse al volante para hacer un desplazamiento en coche. Esa es la clave, concienciar, educar, divulgar, enseñar para que todos los conductores respetemos las normas y a los demás usuarios de la vía. .

Pero la DGT va a resolver el problema reduciendo la velocidad, que es el sistema más sencillo, y por cierto mucho más rentable que todos los demás. Creo que tenemos un problema con la velocidad en las carreteras, pero el problema que yo veo no es el mismo que el que quiere ver la DGT. En una autopista de tres carriles, por ejemplo la N-1, hay coches que circulan a 80 o 90 km/h por el carril central, algo que los agentes de la DGT no sancionan nunca. La razón es que para sancionar una actitud así, muy peligrosa, tiene que haber un agente mirando a la carretera. Es mucho más fácil poner un radar que de manera automática envía la sanción al conductor cada vez que uno se pasa del límite.

En el otro lado de la balanza encontramos el que circula a 160 km/h por ese mismo tramo, algo ilegal y sancionable. El peligro de las carreteras españolas es que hay coches a 80 y otros a 160 compartiendo el mismo tramo con las consecuentes maniobras peligrosas, los frenazos porque parece que he visto un coche de radar, o los cambios de carril en el último momento para evitar un choque.

Vivimos en una época de rapidez máxima para todo, cada día más aviones, más trenes de alta velocidad, cada vez comunicaciones más inmediatas, pero dentro de todo este contexto, los desplazamientos en coche son cada día más lentos. Pese a que a los conductores nos machacan a impuestos y a multas, el transporte en coche está perseguido.

Más impuestos y más multas

Los impuestos que pagan los coches son muchos: un 50% del precio de cada litro de gasolina, más el IVA y el impuesto de Matriculación al comprar el vehículo, más el impuesto de circulación (IVTM) que se paga cada año. Con ese dinero se paga, por ejemplo un tren de alta velocidad. Esta última es una inversión ruinosa con la que los que pueden pagarse el billete ahorran media hora de su tiempo y todos los ciudadanos pagamos las brutales inversiones en construcción y en los mantenimientos de esos tramos. Pero no se invierte en carreteras en España, en las escuelas no se estudia Educación Vial, la formación de los nuevos conductores está en manos de militares jubilados y reconvertidos, los examinadores de la DGT.

Nuestros políticos, ahora del PSOE pero antes del PP y la situación era la misma, invierten ingentes cantidades de dinero en cosas que no valen para nada, que no tienen interés para los ciudadanos, pero en las carreteras y en la formación de los conductores, cero de inversión. Ahora habrá muchos más radares, nuevos límites de velocidad que hace unos años María Seguí tenía preparados pero que el Gobierno de Rajoy no se atrevió a aprobar tras el varapalo histórico del Senado. Ahora con Sánchez será diferente.

Automaníacos
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