El mundo anglófono gira a la izquierda

Parece que Corbyn tenía algo de razón en su discurso del año pasado. Si quieres ser votado hoy en día en el mundo anglófono tienes que ser de izquierdas

Foto: El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn. (Reuters)
El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn. (Reuters)

La principal corresponsal política de la BBC, Laura Kuenssberg, consideró como una mera floritura retórica el discurso de Jeremy Corbyn en la conferencia anual del Partido Laborista, en otoño de 2017, en el que afirmó, entre otras cosas, que los laboristas habían creado un nuevo sentido común en la política británica (haciendo así referencia oblicua al marxista Antonio Gramsci) y que el partido –que ha cuadruplicado su tamaño en los últimos tres años y cuyos líderes ahora hablan abiertamente de ‘superar' el capitalismo- actualmente representa la corriente principal en la política británica.

Sin embargo, varias encuestas parecen haberle dado la razón a Corbyn, especialmente con respecto a sus políticas concretas. En una importante encuesta en Gran Bretaña el año pasado, un 83% de los entrevistados apoyaba la política laborista de renacionalizar el agua, un 77% apoyaba su plan de renacionalizar las compañías de gas y luz y un 76% apoyaba renacionalizar el ferrocarril. La mitad de los participantes quería que se nacionalizaran los bancos, e incluso había un 27% que creía que las compañías aéreas debían nacionalizarse (¿habrían tenido recientemente una mala experiencia en un vuelo de corta distancia?). En otras encuestas se ha descubierto que un 80% del público británico apoya que se aumente el salario mínimo, un 74% apoya imponer un límite a los alquileres en el sector inmobiliario privado y un 69% cree que los salarios de los más ricos deben limitarse.

Quizás cabría preguntarse que si las políticas que proponen los laboristas son tan populares, ¿por qué no ganaron las últimas elecciones generales? (obtuvieron un 40% del voto, mientras que los 'tories' sacaron un 43%). Obviamente, en elecciones de este tipo hay muchos más factores en juego. Es probable que uno de los más importantes fuera la campaña de propaganda contra Corbyn por parte de los medios establecidos (los MSM, en la jerga anglosajona), la cual ha sido estudiada académicamente.

Cuando empezó la campaña oficial de las elecciones generales del año pasado, los 'tories' tenían alrededor de 25 puntos de ventaja en las encuestas en intención de voto. Por otro lado, durante el periodo de las elecciones, los laboristas subieron 23 puntos en las mismas encuestas. Sería razonable especular que esto ocurrió en parte por las nuevas normas en Gran Bretaña sobre el reparto equitativo del tiempo para cada partido en la televisión pública en periodo de elecciones, y esto ayudó a los laboristas, quienes tenían, casi por primera vez, la oportunidad de publicitar sus políticas. Si la campaña hubiera durado dos semanas más es probable que, actualmente, los laboristas fueran el gobierno de las islas británicas, dado su trayectoria en aquel momento. Ahora se piensa que van a ganar las próximas elecciones generales.

Pero Gran Bretaña es un solo país. ¿Qué pasa en los demás territorios anglófonos? Aquí es preciso mencionar a Bernie Sanders, que casi ganó la nominación del Partido Demócrata en la última elección presidencial en Estados Unidos. Las ideas políticas de Sanders son muy parecidas a las de Corbyn. Los dos se describen a sí mismos como ‘socialistas democráticos’ y son de la misma generación política, la de los 60, que definió su radicalismo marcado y que también explica sus opiniones antiimperialistas.

Sanders es ahora el político más popular de EEUU, con mucha diferencia. Tiene un discurso con rasgos claramente populistas, que podría resumirse en el siguiente axioma: “Los ricos os están robando”. Ha comentado que le gustaría desmantelar “el complejo militar-industrial” estadounidense, de lo que ya hablaba el presidente Eisenhower, y redistribuir la riqueza de los más ricos en EEUU creando sistemas de educación universitaria y sanidad pública completamente gratuita por primera vez en la historia del país. Hay rumores de que Sanders se presentará a la próxima elección presidencial en 2020. Se piensa que es el único que podría derrotar a Trump y que el resto de los demócratas lo tendrían mucho más difícil.

Hay más ejemplos. La nueva primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Arden, ha comentado que el capitalismo ha fracasado en su país. Y Justin Trudeau, el primer ministro de Canadá, ganó las elecciones canadienses de 2015 –contra todo pronóstico- por conducir su partido dramáticamente hacia la izquierda (aunque haya sido menos radical después de ganar), prometiendo subir los impuestos a los más ricos e implementar gastos deficitarios en el país para poder crear proyectos de infraestructura.

Parece que Corbyn tenía algo de razón en su discurso del año pasado. Si quieres ser votado hoy en día en el mundo anglófono tienes que ser de izquierdas. Este cambio, en parte, parece reflejar las opiniones de los más jóvenes de estos países, que ahora mismo son muy pesimistas con respecto a sus perspectivas económicas. Hay encuestas que indican que la mayoría de los jóvenes estadounidenses ahora rechaza el capitalismo. Y 'socialism' era la palabra más buscada en Estados Unidos en 2015, según el diccionario Merriam-Webster (aunque supongo que no es imposible que la gente que la busca sean personas mayores que han olvidado su significado). Podría añadirse que todos los nuevos medios, organizados por periodistas jóvenes e independientes –por ejemplo, 'The Young Turks' en Estados Unidos, o 'Novara Media' en Gran Bretaña–, son abiertamente progresistas y van teniendo cada vez más espectadores (en parte porque hoy en día un número creciente de personas recibe sus noticias 'online').

Si es así, ¿por qué el Reino Unido ha votado el Brexit, y Estados Unidos ha votado a Trump?

Hay un contraargumento obvio a la idea de que se están popularizando ideas socialistas en el mundo anglófono. Si es así, ¿por qué el Reino Unido ha votado el Brexit, y Estados Unidos ha votado a Trump? Como británico, diría que el Brexit es un fenómeno políticamente ambiguo, que seguramente tiene que ver en parte con la xenofobia pero que también refleja un impulso democrático importante (la encuesta de Ashcroft, que se realizó inmediatamente después del voto, mostró que la mayoría de los británicos que votaron para salir de la UE consideraron que lo hicieron para retomar la soberanía democrática) y una actitud de sospecha hacia las estructuras políticas de la UE, actitud que hoy en día no es exclusiva de los británicos.

Ante esta situación, sin embargo, ¿por qué Theresa May sigue siendo primera ministra de Gran Bretaña? ¿Y por qué ganó Trump en EEUU? La respuesta es obvia. Ni Trump ni May ganaron en realidad. Los dos perdieron las elecciones en términos absolutos, y también las hubieran perdido en términos relativos si no fuera por la torpeza estratégica de la izquierda, más específicamente, de aquellos que siguen sin aceptar la legitimidad de sus propios candidatos. Sanders fue bloqueado por el propio Partido Demócrata (que luego perdió las elecciones) y Corbyn fue minado por los demás diputados laboristas, que intentaron derrocarle justo antes de las últimas elecciones generales (diciendo algunos abiertamente que preferirían no ganar si Corbyn era el líder), lo cual afectó negativamente a sus resultados.

Mientras el mundo anglófono (UK, EEUU, Canadá y Nueva Zelanda) parece girar a la izquierda, una parte importante de Europa ha girado a la derecha

Voy a terminar con un punto polémico. Me pregunto si la asociación automática entre Reino Unido y Brexit (en tanto que demanda xenófoba) y entre EEUU y Trump más bien refleja un prejuicio continental. Porque lo más curioso de lo que he argumentado aquí es que, mientras el mundo anglófono (Reino Unido, EEUU, Canadá y Nueva Zelanda) parece girar a la izquierda, una parte importante de Europa ha girado a la derecha (especialmente en el norte del continente). ¿Por qué esta diferencia? Esto probablemente debe ser materia de otro artículo.

*Timothy Appleton es doctor en Filosofía por la Universidad Complutense y estudió retórica política en la Universidad de Essex, Inglaterra, con Ernesto Laclau.

Tribuna Internacional

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