Saltan las alarmas por el estado de salud de Merkel

A falta de información oficial, los medios alemanes consultan a los doctores sobre los síntomas, vistos solo a través del vídeo ¿Parkinson, esclerosis múltiple, estrés?

Foto: Ángela Merkel. (EFE)
Ángela Merkel. (EFE)

La primera vez que la canciller Angela Merkel tembló en un acto oficial, a mediados del pasado mes de junio, la prensa alemana apenas informó del caso, aunque sí la del resto del mundo. Esto tiene una explicación. Los medios germanos, en general, son bastante serios y sobrios. Quizá demasiado.

Los que publicaban la noticia de manera escueta entendían que se trataba de un problema físico personal y no político, porque no afectaba ni al cargo ni a la actividad de la canciller. Los temblores durante la interpretación de los himnos nacionales en la recepción oficial al presidente de Ucrania, Wolodymyr Selenskyj, ante la cancillería de Berlín, se debieron al calor, se dijo entonces de manera oficial. Bebió tres vasos de agua, y el problema desapareció.

Pero cuando Merkel volvió a temblar, apenas una semana después, en otro acto oficial, pero ya en un interior, dentro del palacio presidencial de Bellevue, se encendieron las primeras alertas. Sin embargo, el portavoz del gobierno insistía en que todo estaba bien, que la canciller se había puesto algo nerviosa al recordar el caso anterior. De hecho, Merkel partió inmediatamente después hacia Osaka para la cumbre del G-20, tras lo que voló a Bruselas donde vivió tres agotadoras y agrias jornadas de debates para la nominación de los dirigentes de la Unión Europea. A pesar de la intensidad de las discusiones, la canciller no mostró señal anormal alguna.

Pero un tercer temblor de todo el cuerpo en menos de un mes, en la recepción oficial al presidente de Finlandia, Anti Rinne, este miércoles en Berlín, ha hecho saltar las alarmas en Alemania. Hasta el muy serio semanario Die Zeit, que no había informado de los episodios anteriores, tiene que dar ya cuenta del caso. El Süddeutsche Zeitung titula: aumentan las preguntas sobre el estado de salud de la canciller. ¿Qué le sucede a la canciller?, se pregunta el semanario Der Spiegel, que había sido muy cauto y lacónico en los dos primeros casos.

Un comentario del habitualmente sensacionalista Bild, en este caso más directo y menos atento a la corrección política, asegura que ahora ya no se trata de una cuestión médica personal, sino que estamos ante un problema político y que el gobierno debería dar explicaciones. Se recuerda que el huésped de Merkel este miércoles, el presidente finés Rutte, había hablado claramente a comienzos de este año de una infección y los consiguientes problemas cardíacos que padeció.

Solo tras recibir a Rutte, y solo a preguntas de una periodista finlandesa sobre su estado de salud, Merkel afirmó que estaba mejorando, aunque el tratamiento no había terminado. Tendré que vivir con esto por un tiempo. No deben preocuparse, añadió. Espero que me crean si digo que estoy bien.

A falta de información oficial, los medios alemanes consultan a los doctores sobre los síntomas, vistos solo a través del vídeo ¿Parkinson, esclerosis múltiple, estrés? Se recuerda estos días a cuenta de estos temblores que pocos políticos en Europa trabajan tan duro y son tan resistentes como la canciller germana.

Merkel concurrió a las últimas elecciones en 2017 con la promesa de mantenerse en el cargo cuatro años más si las fuerzas y la salud se lo permitían. Lleva tres mandatos y medio, catorce años, al frente de la cancillería. El próximo 17 de julio cumplirá 65 años. En todo momento se ha mostrado bien de salud, física y síquica, y es conocida su resistencia y firmeza en las negociaciones, como saben bien en Bruselas, y como se mostró durante la crisis económica y financiera, como recuerdan muy bien los griegos. El record de resistencia lo tiene en la discusión que mantuvo con Putin, en febrero de 2015, sobre la tensión en el este de Ucrania, durante 17 horas seguidas.

La canciller fue sometida a una operación de rodilla en 2011 y a otra intervención en 2014 tras un accidente de esquí y en ningún momento estuvo de baja, sino que trabajó en su casa durante la recuperación.

Los servicios jurídicos de la cámara baja del Parlamento alemán, el Bundestag, precisaron en 2014 los pasos que se debían dar en caso de que el jefe o la jefa de gobierno no pudiera ejercer su cargo. El o la canciller tiene la potestad de nombrar un vicecanciller que debe ser ministro, que ocuparía su puesto en caso de enfermedad o de incapacidad.

Ahora, la preocupación sobre el estado de salud de Merkel crece en medio de la grave crisis de la Gran Coalición entre democristianos y socialdemócratas, por los fuertes retrocesos de ambos partidos y por las discusiones internas, como se puso de manifiesto en Bruselas en el reparto de los cargos de la Unión. Hoy, el partido preferido por los alemanes serían Los Verdes a nivel nacional, y en las elecciones regionales de otoño en el Este, la primera fuerza puede ser la ultraderechista Alternativa para Alemania.

Merkel abandonó la presidencia de la CDU tras los reveses del año pasado en Baviera y Hesse y aseguró que no volvería a presentarse a la reelección. Su sucesora al frente del partido, Annegret Kramp-Karrenbauer, no ha conseguido reconducir el rumbo perdido de la veterana formación. Incluso, la mitad de los militantes democristianos no la ven como sucesora de Merkel en la cancillería.

Se cierra una era y el futuro de la política alemana es incierto. Aunque, como decíamos, la canciller no mostró problemas de salud en la cumbre de Bruselas, se pudo constatar que su antiguo poder, el de aquella dirigente que marcaba las decisiones de la Unión con mano firme, había desaparecido.

* Daniel Peral es periodista y fue corresponsal de TVE en Berlín y Nueva York

Tribuna Internacional
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