Que no os engañen: la incorrección política no es de derechas

La libertad de expresión solo tiene sentido si todo el mundo se ofende y todo el mundo puede ofender a quienes les han ofendido

Foto: Vista de la autocaravana de la Asociación HazteOir. (Reuters)
Vista de la autocaravana de la Asociación HazteOir. (Reuters)

Un último disparo para recordar cuál es la trampa de HazteOir y sus ramificaciones. Su escándalo ha terminado con varios alegatos de Ignacio Arsuaga, presidente de la secta, en defensa de la libertad de expresión y la incorrección política. Y eso sí que no. Arsuaga es un maestro en el manejo de las palabras falsas, y finalmente, por el injustificable secuestro del autobús, celebrado por algunos sectores de izquierdas, ha querido mostrarse como víctima amordazada cuando él y sus secuaces son un enemigo claro y frontal del derecho a pensar y expresarse libremente.

HazteOir ha capitalizado una confusión que enreda a muchos desorientados de izquierdas: los que creen que la libertad de expresión sirve para que se aprovechen de ella los racistas, los machistas, los homófobos, y proclaman, con tono beato, que “una cosa es libertad y otra libertinaje” y que “todo debe tener un límite”. No se dan cuenta de que proponen lo mismo que sus enemigos acérrimos: limitar por donde les molesta a ellos, cuando la libertad de expresión solo tiene sentido si todo el mundo se ofende y todo el mundo puede ofender a quienes les han ofendido. ¿De qué creíais que estábamos hablando? ¡Ni que viviéramos en un mundo de gente educada y cordial!

En materia de libertad de expresión, la semana pasada nos dejó los siguientes episodios:

-Varios juicios en la Audiencia Nacional contra gente que puso en Twitter chistes sobre Carrero Blanco o lemas proterroristas.

-Prohibición de circular, gracias al clamor de una parte de la izquierda, a un autobús por el mensaje que llevaba pintado...

-... por una organización de extrema derecha famosa por perseguir, acosar, boicotear y lograr la censura de anuncios, libros, programas de TV.

-Cancelación de dos 'shows' de Jorge Cremades en dos teatros, porque en una entrevista hace seis meses dijo algo machista.

-Denuncias contra una 'drag queen' que se disfrazó de Jesucristo y de Virgen María en carnaval.

-Petición de 30.000 euros por daños al honor contra la periodista Sabina Urraca por un artículo satírico (divertidísimo) donde contaba su viaje con Álvaro de Marichalar en un coche de BlaBlaCar.

-Peticiones de boicot contra una película por las declaraciones en EiTB de una de las actrices.

No ha sido una semana aberrante, sino una semana más de ataques contra este derecho universal. Desde hace tres o cuatro años, el proceso sigue su curso lentamente, al compás de la guerra cultural, con polémicas que nadie recuerda cuando pasan los días pero que socavan el universo de lo que se puede decir sin consecuencias y lo que, una vez dicho, puede traernos problemas. Estos problemas van desde el banquillo al linchamiento digital.

En este sentido, me preocupa el cambio de actitud de una parte de la izquierda, que en España, por tradición antifranquista, solía mostrar bastante pudor para exigir el silencio de sus adversarios. Hoy, distintos sectores progres manifiestan su malestar ante la libertad de expresión de sus enemigos. En parte, caen en la trampa de la extrema derecha, que ha conseguido posicionarse como la valedora de la incorrección política, de una forma totalmente hipócrita, como vamos a ver ahora.

HazteOir sencillamente miente cuando se declara políticamente incorrecta. Y, con perdón, sois tontos si os tragáis su cuento. Les estáis dejando apropiarse, como a Donald Trump, del discurso de la libertad de expresión. Para desenmascarar su hipocresía, basta recopilar algunas de sus mayores campañas de censura.

Lanzaron una contra VIPS por un anuncio con una pareja gay, según ellos intolerable, y exigieron sin éxito la retirada. Cargaron contra El Corte Inglés por una promoción semejante, donde aparecían dos padres gais, y El Corte Inglés se arrugó y suprimió el 'spot'. Fueron contra Coca-Cola por el mismo motivo, pero el CEO, Marcos de Quinto, los mandó a freír monas.

La publicidad no es el único sector contra el que han lanzado sus huestes represivas. Recogieron firmas para censurar una exposición sobre la homosexualidad, llamada 'Es natural'. Fueron contra el programa 'Campamento de verano', al que acusaban de “convertir la televisión en un burdel” y dar una imagen “denigrante” de la mujer (¿les suena el argumento?). Fueron contra 'Cámbiame' con las mismas armas, porque en el programa aparecían dos hermanos diciendo que estaban enamorados.

¿Quién defiende la incorrección política? Hace falta un acuerdo entre conservadores y progresistas, de defensa a ultranza de la libertad de expresión

Cargaron contra la serie infantil de TVE 'Cleo', que mostraba una boda entre dos mujeres. Trataron de impedir que colectivos como la PAH o CIES No organizasen la agenda cultural de las fiestas de La Paloma porque una de las organizaciones había dejado hablar en público a Pablo Hasel. Atacaron con una gran campaña de humillación en las redes a una simple profesora porque esta había dado un sobresaliente a un alumno que hizo un trabajo “blasfemo”. HazteOir situó esta caza de brujas entre sus 14 logros del año 2016.

Otra rama afín a HazteOir es la Asociación de Abogados Cristianos, que denunció a las participantes de la "procesión del coño insumiso", y también a Ada Colau y Dolors Miquel por su "padrenuestro feminista" y ejerció de acusación particular en el juicio contra Femen. CitizenGO (otra marca secundaria) entregó 26.000 firmas a Google para que retire su publicidad del aborto en Polonia.

La revista de HazteOir, 'Actuall', promociona cada una de las campañas de censura de la Asociación de Abogados Cristianos: fueron ellos quienes denunciaron la actuación del ganador del festival Drag de Las Palmas, quienes abrieron una causa contra la exposición “sacrílega” de Abel Azcona, que había escrito la palabra 'pederastas' con hostias consagradas. También denunciaron a Wyoming por calificar de “mierda” la cruz del Valle de los Caídos.

Otra organización afín, Enraizados, actuó junto a HazteOir en numerosas campañas de censura. Por ejemplo: “La Asociación Enraizados se une a la petición de retirada de la foto blasfema”. “Enraizados pide al fiscal general del Estado que actúe contra Femen tras el nuevo ataque a Rouco”. Y otra rama, Maslibres.org, se alió con HazteOir para lanzar, por ejemplo, esta campaña: “Exigen la retirada de un videojuego 'online', 'Vatican Quest”, porque “nadie puede ampararse en la 'libertad artística o de expresión' para defender un ataque contra la libertad religiosa, que es superior”, según ellos.

Así que, ¿estos son los que defienden la incorrección política? Lo que nos hace falta, creo, es un discurso liberal que ponga de acuerdo a los conservadores y progresistas en la defensa a ultranza de la libertad de expresión. Como decía Isaac Rosa hace unos días, todos estamos perdiendo esta batalla.

Ojalá combatir el racismo, el machismo o la homofobia fuera tan fácil como poner mordazas. Pero la victoria de Donald Trump después de 30 años de corrección política en EEUU debería habernos enseñado que los sentimientos colectivos son invulnerables a los maquillajes léxicos. Hay que trabajar desde la educación, y esto no significa amparar una educación dogmática, donde las malas palabras se ocultan. Las malas palabras, sean cuales sean, deben ser combatidas con argumentos, no con mordaza.

España is not Spain

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