Pajares y las suecas, año 2018

La violación es un problema y seguirá siéndolo, así que seguiremos devanándonos los sesos con la forma de proteger a la mujer violada sin dinamitar la presunción de inocencia de los hombres

Foto: Manifestacion en Madrid contra la liberación de los cinco miembros de La Manada. (EFE)
Manifestacion en Madrid contra la liberación de los cinco miembros de La Manada. (EFE)

Voy a hablaros de consentimiento, y voy a hacerlo queráis o no. Primero tendremos que exclamar algo en voz alta y grabarlo a fuego en nuestras meninges: en Suecia, tras la reforma legal, no hace falta un sí explícito para follar.

—¡Pero esto es lo que ha dicho la prensa!

—Sí, señora, pero no es cierto.

En Suecia se entiende, como se entiende aquí, que el consentimiento en una relación sexual es lo que distingue la follesca común de la violación. Antes de la reforma legal, allí hacía falta demostrar que se usó la fuerza física, la amenaza o la coerción para que un juez condenase a un violador. Ahora, el consentimiento puede ser explícito o tácito: palabras, expresiones u otras señales inequívocas, como tomar la iniciativa ella, quitarse la ropa, etc.

De lo que se desprenden dos consecuencias importantísimas: la primera, que Pajares y Esteso pueden estar tranquilos porque nada de lo que hicieron con las suecas sería hoy ilegal. La segunda, que Suecia ha avanzado tanto en materia de protección sexual como para llegar al nivel... de España.

Pajares y las suecas, año 2018

Sí, de España, el país de la justicia patriarcal. ¿Os acordáis de la polémica de la 'agresión' y el 'abuso'? En Suecia, antes de la reforma, solo se condenaba lo que aquí entendemos por agresión. Sin embargo, 'El País' (¡en la portada!) dijo que Carmen Calvo quiere hacer aquí lo mismo que en Suecia. Carmen Calvo no dijo que hará falta un sí explícito para que un polvo no sea violación, pero el 'El País' malinterpretó, primero, la reforma legal que se ha hecho en Suecia, y después la intención ministerial.

Y de esos polvos, estas pajas mentales. Os voy a dar una prueba. Si vais a la célebre sentencia de La Manada, veréis que la chica no dijo ni que sí ni que no, que fue su denuncia posterior y su actitud durante el acto, según dos de los jueces, lo que deja claro que ella no quería hacerlo. Es decir: o los jueces han juzgado desde el futuro imaginado por 'El País', o los encierros de San Fermín tienen lugar en Estocolmo. Una de dos.

Polémicas y escándalos

Lo que pasa aquí, entiendo, es que el sexo da muchos clics. El debate feminista en las redes sociales es tan atronador como el escándalo de los huesos del libertino Don Juan, que se revuelve en la tumba de Forocoches. Por un lado tenemos mujeres que imaginan a todos los hombres como sátiros pichabravas fuera de control, y por otro a hombres que ven a todas las feministas como monjas castradoras. Deberían cruzar sus perversiones y quedar una noche. Lo mismo al final se lo pasan muy bien y me dejan descansar.

El debate está empapuzado de histeria victimista. Algunos textos feministas que se leen por ahí caen por su propio peso si les cambias la palabra 'hombre' por 'moro', 'violación' por 'atentado' y 'patriarcado' por 'islam'. Por su parte, el futuro orwelliano que pintan otros, en el que un buen hombre irá a la cárcel cuando no pueda controlar el músculo ocular, queda desdibujado si escarbamos debajo del titular. Pero las alarmas venden, no hay más que poner la radio por la mañana, todo el día con la matraca de Securitas Direct.

¿Nos veremos obligados a llevar un certificado en la cartera, junto a los condones, para compulsarlo cada vez que queramos follar? Esto será decisión vuestra. También podéis llevar a un notario a que presencie el coito y lo grabe en vídeo. No seré yo quien critique las parafilias ajenas; yo, que de pequeño me la meneaba mirando el programa de Leticia Sabater.

La violación es un problema y seguirá siéndolo, así que seguiremos devanándonos los sesos con la forma de proteger a la mujer violada sin dinamitar la presunción de inocencia de los hombres. La balanza entre seguridad y libertad basculará, y el sexo, en Suecia y en España, en Chicago y en Madrid, nos encontrará confundidos, pegajosos y excitados. Quien folle provocará envidia, y a quien no folle le quedará la posibilidad de tuitear.

España is not Spain
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