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Némesis, Karma y Envidia
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Juan José Cercadillo

Feria de San Isidro

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Némesis, Karma y Envidia

Juego de jueves muy decepcionante, sin clase, ni bravura, ni entrega, ni nobleza. El lote de Morante peligroso. Nada pudo hacer la terna

Foto: El diestro Morante de la Puebla en su faena del jueves. (EFE/Kiko Huesca)
El diestro Morante de la Puebla en su faena del jueves. (EFE/Kiko Huesca)

Plaza Monumental de Las Ventas, 26 de mayo de 2022

10.ª de la Feria de San Isidro. Lleno de no hay billetes con la segunda tarde de la feria de Morante en el año del 25 aniversario de su alternativa. Tarde primaveral, pero con el viento molesto que no ha fallado en toda la semana. Seis toros de Juan Pedro Domecq de entre 524 y 592 kilos. Serios y bien presentados. En general bajos y con hechuras de embestir. De juego muy decepcionante, sin clase, ni bravura, ni entrega, ni nobleza. Nada que se pudiera aprovechar. El lote de Morante peligroso, imposible sobre todo el cuarto. El habitual estado de ánimo de algún conocido tendido contra esta ganadería en permanente vigilancia para que ninguna embestida sembrara esperanza de nada, se manifestó descarada en el quinto, que, sin ser bueno, con un ambiente menos a la contra hubiera lucido más. Dicho eso, la corrida ha sido de muy baja calidad y carente del todo de bravura. Nada pudo hacer la terna.

Morante de la Puebla de violeta y azabache, pitos y bronca.

Juan Ortega de gris cobalto y plata, silencio y ovación.

Pablo Aguado de grana y oro, silencio y silencio.

Destacó Iván García entre los subalternos, tanto con los palos como con la lidia del sexto.

Némesis era una diosa que igual valía para un roto que para un descosido. Invocada en trances de solidaridad, equilibrio y fortuna, su presencia era más demandada como principal referencia en las discrepancias relativas a la justicia retributiva. Desde el Código de Hammurabi al Deuteronomio bíblico, las reflexiones atribuidas por los griegos a la justa y bella Némesis las venimos resumiendo con el pegadizo “ojo por ojo y diente por diente” y su denominación apócrifa también muy conocida e históricamente interiorizada: la ley del talión.

Otro dato que no creo que venga tampoco a cuento es que la evolución de Némesis en el altar de los romanos derivó a llamarse Envidia. Bonito nombre para la diosa de la venganza y de los celos. Igual se la tropezaron en sus excursiones por Hispania o perseguidos por un toro. Ese hilo que va cosiendo a lo largo de la historia los retales que ha ido dejando la destructiva ambición humana ha ido confeccionando el abrigo que hoy nos da la sucesión de civilizaciones. En el tema de la concepción de la justicia, se ve el pespunte muy claro.

placeholder Morante de la Puebla en su faena. (EFE/ Kiko Huesca)
Morante de la Puebla en su faena. (EFE/ Kiko Huesca)

Añadida a la limitada capacidad de ser justos de los hombres, de llegar a todo trance, nos rodea un automatismo divino e inevitable. Una ley universal y transcendente que pone a cada uno en su sitio. Dependiendo de los siglos y las latitudes que mires, encontrarás definición distinta que resuma el mismo axioma. Hoy está de moda el karma, me parece un buen ejemplo.

Hoy la pretenciosa referencia mitológica, y el desvarío subsiguiente, me vinieron a la vez al tarro con el paso de las páginas del buen programa de mano que reparten en la plaza. Madrid hoy enfrentándose a quien, todos lo sabemos, es una de sus más poderosas némesis: Sevilla. Era difícil que hoy saliera nada bien. El siete mediatizado por una invasión hispalense. Los más atemorizados se revolvían en sus asientos soleados enfrente del presidente como si fuera a caer sobre las sagradas de Ventas la maldición más temida por la ortodoxia centralista. Se notaba desde que rompió el paseíllo un miedo a que el pueblo enemigo conquistara con su arte la fortaleza más férrea.

placeholder El diestro Juan Ortega en su faena. (EFE/ Kiko Huesca)
El diestro Juan Ortega en su faena. (EFE/ Kiko Huesca)

Tres toreros sevillanos y seis toros de una finca de Sevilla. ¿Casualidad? No lo creo. Pero los pitidos de miedo al anuncio de Juan Pedro con la primera tablilla sonaron con mucho estruendo. Con esa vieja rencilla que tienen los más paletos con los Domeqc y los Díez no esperaba yo otra cosa. Pero “¿añadirle tres toreros de la zona? Eso no lo consentiremos”. Estas insignes familias estarán acostumbradas, llevan ya mucho sufriendo las quejas de los más tontos habiendo aportado al toreo, y sobre todo a los toros, la belleza fisionómica, la excelencia en la embestida, la bravura ante el caballo de la que venimos disfrutando cinco décadas seguidas.

Esa némesis de cuerpo Domecq, y dos brazos, Juan Ortega y Pablo Aguado, tenía hoy una cabeza de las más privilegiadas. Morante, el rey de esa escuela que llamaban sevillana que, con la técnica de un mago y el valor de uno de Esparta, anda dando por España una vuelta merecida cumpliendo 25 años de su lejana alternativa. Y que es una vuelta de tuerca a la perfección del toreo, a la sublimación del arte en lo que va camino de ser uno de los capítulos más grandes de toda la tauromaquia. De Sevilla nada menos.

placeholder Pablo Aguado en su faena. (EFE/Kiko Huesca)
Pablo Aguado en su faena. (EFE/Kiko Huesca)

Ese engendro maestrante que suponía el cartel no podía conquistar tierra santa y castellana. Antes cerramos la plaza y nos comemos los mocos. Esa inquina y resistencia, ese no pasarán taurino, hubiera arruinado la tarde de no haber sido porque la tarde se fue arruinando solita.

Ese colarle a Madrid un cartel tan de Sevilla se llevó el karma enterito de que no embistiera un toro, ni de que un torero de tres rescatara un triste lance. Ni una pincelada que arrojarle y que le explotara en la cara a los apostados en la trinchera infumable de su trocito de gloria. Esos que con uniforme verde, de protestar a los toros, bordan su mediocridad con ese número siete creyendo que un simple número camufla ante el resto del mundo su radicalidad y su ignorancia.

Némesis, Karma y Envidia. Hoy, por motivos diversos, unos divinos, otros mundanos, no se podía hacer nada. Nada que yo no haya visto también en La Maestranza cuando durante muchos paseíllos la intentó conquistar Castilla, su némesis invertida, que acabó llamándose Envidia.

Plaza Monumental de Las Ventas, 26 de mayo de 2022

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