La PS5 es un trasto obsoleto

Las nuevas maravillas de Sony y Microsoft, la PS5 y la Xbox Series X, son el canto del cisne de una cacharrería obsoleta, los últimos dinosaurios de las consolas caseras

Foto: El mando de la nueva PlayStation 5 de Sony.
El mando de la nueva PlayStation 5 de Sony.

La PS5 y la Xbox Series X son la leche merengada. Dos maquinones cargaditos de teraflops, píxeles, gigabytes, frames por segundo y hertzios hasta las manillas. Son capaces de simular rayos de luz en tiempo real y cargar juegos 10 trillones de veces más rápido que las cintas del ZX Spectrum. Después de la vacuna anticovid, las nuevas consolas de Sony y Microsoft son el invento del siglo. O eso dicen.

La PS5 tiene hasta un mando que, según los “expertos”, puede hacer que tus dedos sientan que estás lanzando una flecha con un arco aunque ellos no hayan tocado un arco en su puñetera vida, y darle a un gatillo no se puede parecer a lanzar flechas ni aunque vayas hasta los pezones de níscalos chungos. “¿Y gambas a la plancha? ¿Puede hacerte sentir comer gambas a la plancha?” pregunta Paquito a la tele mientras tira cañas escuchando a uno de esos 'yutubers' infames hablar de la Play como si fuera el descubrimiento del bosón de Higgs. “No, Paco”, le respondo. “Pero gastarte 500 pavos en un arco que no es un arco te puede hacer sentir gilipollas”.

Paquito, que se quedó en la Nintendo que le compró a sus hijos cuando la internet iba a 1.200 baudios, no entiende mucho esto de la fiebre de las consolas. Y yo, que soy jugador —no 'gamer', que esos son tan cretinos como los 'runners'—, lo entiendo todavía menos.

No es que la PlayStation 5 y la Xbox Series X no sean verdaderas maravillas de la electrónica. Lo son. Para conseguir esos gráficos en un PC, te tienes que gastar más del doble de lo que cuesta una PS5 solo en una Nvidia con cuarto y mitad de unidades de computación. Haber conseguido meter tanta potencia en un tamaño tan reducido a un precio tan barato es admirable (o no tan reducido, porque la PS5 parece un radiador eléctrico del AliExpress).

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Las dos consolas son una demostración más de que los videojuegos continúan impulsando la tecnología radicalmente. Llevan décadas haciendo que los ingenieros metan cada vez más transistores en menos espacio y, de paso, transformando a la humanidad. Los videojuegos han cambiado nuestra percepción del mundo, la manera en la que interactuamos con todo lo que nos rodea. Han influenciado el cine, la televisión, el arte e incluso han afectado la biología del ser humano, moldeando el comportamiento de algunas funciones cerebrales. Sin videojuegos —de las máquinas del Pac-Man a la GameBoy a la PlayStation— el mundo hubiera sido muy diferente.

Pero da igual. Gastarse 500 doblones en la PS5 o la Xbox Series X es tan ridículo como comerse el pollo de goma de Guybrush Threepwood. Son unos trastos casi obsoletos porque vamos lanzados hacia un mundo en el que todo —series, películas, juegos o realidad virtual— se consume usando pantallas tontas que solo muestran lo que los servidores generan en la nube. No es un futuro lejano. Las plataformas de juegos por 'streaming' —como Google Stadia, GeForce Now o Xbox Game Pass— ya ofrecen una experiencia similar a PS5 y Xbox Series X, pero en plan Netflix, ofreciendo títulos que se transmiten por internet y que tú controlas remotamente.

Gastarse 500 doblones en la PS5 o la Xbox Series X es tan ridículo como comerse el pollo de goma de Guybrush Threepwood

Desafortunadamente para los dueños de la PS5 y la Xbox Series X, no para los jugadores en general, estas consolas virtuales están en permanente evolución. En vez de esperar siete años para la próxima gran revolución gráfica —como ha ocurrido entre la PS4 y la PS5— los servidores irán aumentando en potencia gráfica rápidamente hasta que sus mundos virtuales sean indistinguibles del mundo real. Y las nuevas consolas de Sony y Microsoft, incapaces de competir, se convertirán en meros receptores de esa información hasta que acaben en el cubo del reciclaje.

La nueva Xbox Series X. (Reuters)
La nueva Xbox Series X. (Reuters)

Por eso a Microsoft, que tiene una visión estratégica más amplia que la de Sony, le importa dos condensadores de fluzo dónde juegues mientras estés suscrito a su servicio mensual Xbox Game Pass. Los de Redmond llevan muchos años invirtiendo en su Project xCloud porque saben que la muerte de la consola es inevitable e inminente. Porque admiten, y la Xbox Series S es la prueba, que no tiene sentido gastarse la pasta en procesadores ultrapotentes que un año después van a quedar enterrados en el fango.

La realidad es que a Microsoft no le importa si compras la Xbox Series X o no. Lo que quiere es que te suscribas y juegues desde la plataforma que se te ponga en la punta del cable USB-C. Sony también tiene PlayStation Now, compatible con sus consolas y los PC, pero no es tan potente ni tan ambicioso como el servicio de Microsoft, que cuenta con un músculo tecnológico que Sony nunca podrá tener (de hecho, Sony depende de Microsoft para sus juegos en 'streaming').

Pero aunque esto sea así, da igual. Muchos os seguiréis metiendo tollinas para poder conseguir una PS5 o Xbox Series X estas navidades. En algo hay que gastarse los cuartos, dios os libre de las gambas a la plancha. Cuando dentro de unos meses veáis Google Stadia 2.0 en casa de un colega y se os quede cara de Luigi cuando Mario le echa de la habitación para jugar a los médicos con Princess Peach, ya me contaréis. Estaré echándome unas partidas al 'Gálaga' y comiendo conchas finas en el bar de Paco.

Hasta los diodos
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