'O.J. Simpson', por qué la serie más predecible del año es también la mejor

'The People Vs. O. J. Simpson' es una serie histórica (1995) sobre hechos bien conocidos, pero refleja tan bien nuestra época que parece un resumen informativo de 2016

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La fiscal, el acusado y el abogado
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La cosa daba mucha pereza a priori: una serie sin florituras sobre el juicio a O.J. Simpson. Es decir, sobre un caso judicial que monopolizó la atención informativa a mitad de los noventa (hasta la saturación y más allá), del que muchos recordábamos aún su planteamiento, nudo y desenlace (pocas sorpresas argumentales podía dar la serie, por tanto); todo ello en un contexto de avalancha de series novedosas sobre los temas más variopintos, rompedores y contemporáneos que uno se pueda imaginar. Pues ni por esas: contra todo pronóstico, ‘The People Vs. O.J. Simpson’ ha sido la serie del año.

Empiezas a verla pensando que no vas a pasar del piloto, pero no puedes dejar de mirar, y del capítulo tercero al final permaneces con la cabeza del revés. La paradoja de ‘The People Vs. O.J. Simpson’ es que sabes más o menos lo que va a ocurrir todo el rato, pero acabas cada capítulo boquiabierto: inquieto, enfebrecido y sin poder conciliar el sueño.

Puede que no sea el producto más sofisticado visualmente (aunque, eso sí, cuente con las mejores actuaciones), puede que no sea más que un folletín/telefilme judicial (aunque, eso sí, sea un entretenimiento político de primera), pero es difícil encontrar una serie que refleje mejor 2016 que esta historia sobre... 1995. Si a esto le añadimos el estreno de un fascinante documental de ocho horas sobre el caso -‘O.J.: Made in America’- pues poco más se puede añadir: O.J. Simpson ha sido el personaje televisivo del año.

'O.J. Simpson', por qué la serie más predecible del año es también la mejor

Violencia doméstica y racial

Para empezar, el caso Simpson no es otra cosa que el caso de un maltratador en serie al que no pararon los pies a tiempo. Violencia doméstica por un tubo, asunto prioritario ahora, pero que entonces era fácil que quedara impune, no digamos ya si el culpable era una respetable ‘celebritie’. Como se cuenta en ‘O.J.: Made in America’, tras ser cazado varias veces pegando a su mujer (Nicole Brown), O.J. Simpson fue condenado... a una pena más extravagante que severa: 120 horas de servicios comunitarios que cumplió organizando, ejem, un torneo de golf para famosos en Los Ángeles. La leche, sí.

El tema racial, por su parte, está ahora tan caliente en EEUU como en 1995. Dos años antes del asesinato de Nicole Brown Simpson, la tensión racial estalló en Los Ángeles tras otro absurdo veredicto judicial: la absolución de los policías que pegaron una brutal paliza a Rodney King. El vídeo de la paliza fue algo así como el primer vídeo callejero viralizado de la historia (14 años antes de la creación de YouTube). Los disturbios urbanos tras el veredicto también fueron de los que hacen época.

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Así que la ciudad de Los Ángeles estaba aún cicatrizando sus heridas cuando los abogados de O.J. Simpson decidieron que la mejor forma de defender a su cliente era convertir el juicio en un vodevil racial: O.J. Simpson como víctima de la policía racista de Los Ángeles. Trasfondo emocional subterráneo del juicio a O.J. Simpson: la comunidad negra, víctima habitual del abuso policial, iba a cobrarse la venganza judicial, aunque fuera de mala manera. Pero lo mejor no fue tanto la perversa politización del caso Simpson, como las resistencias iniciales de O.J. a que su defensa jugara la carta racial. Es muy fuerte, pero es así: O.J. no quería que le confundieran... con un negro.

O.J. Simpson años antes del juicio: “Yo no defiendo la causa de los negros, sino la de O.J. Simpson”Contexto: O.J. fue uno de los primeros negros en triunfar a lo grande en el deporte profesional estadounidense, pero renunció a usar su rol de estrella del fútbol americano en defensa de los derechos civiles porque, como explicó en una entrevista ochentera reproducida en el documental, “yo no defiendo la causa de los negros, sino la de O.J. Simpson”. Tan pronto hizo dinero, O.J. cortó sus lazos con el gueto y la comunidad afroamericana y se fue a vivir a un barrio pijo para blancos forrados (Brentwood, Los Ángeles).

O.J. se veía tan blanco que lo suyo alcanzó límites patológicos. El día que la policía le detuvo acusado del asesinato de su ex (Nicole), tras protagonizar una histriónica fuga televisada por las autopistas de Los Ángeles, se produjo una escena (dantesca) a las puertas de su casa, narrada así en el documental: Simpson va hacia el coche policial y observa como una multitud de afroamericanos se ha apostado allí para jalearle en su momento más difícil. ¿La respuesta de O.J.? Decirle lo siguiente a un amigo: “¿Qué coño hacen todos estos negros en Brentwood?”. En efecto, el barrio se está poniendo imposible con tanto negrata rondando... Insuperable.

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Breaking News

Ahora que se vende como lo nunca visto que nos pasemos el día conectados a la actualidad informativa desde nuestros móviles, no está de más recordar que la CNN mutó en vanguardia informativa en 1990 a golpe de emitir 24 horas al día, del mismo modo que la transmisión en directo del juicio a O.J. Simpson cubrió las parrillas televisivas estadounidenses de la madrugada a la medianoche. En 1995 internet estaba en pañales y era un actor informativo insignificante, pero ya no había vuelta atrás: había que estar conectado todo el maldito día a los medios de comunicación.

Analizar las analogías informativas entre 1995 y 2016 tiene algo de placer morboso. Ahora que todo es internet, que el factor digital determina cualquier análisis sobre el periodismo, y que internet (dicen) lo ha cambiado absolutamente todo, no deja ser cómico ver cómo los quilombos informativos de 1995 (ese mundo primitivo en el que no había -¡oh cielos!- internet) se parecen tanto a los de 2016.

El caso Simpson supuso una ruptura cultural, un antes y un después que anticipó modas sociales e informativas que hoy son tendencia. Primero, entronizó a las ‘celebrities’ como nueva aristocracia para el siglo XXI. Segundo, predijo nuestra obsesión con la intimidad. Tercero, puso los cimientos de la actual industria del circo mediático. Cuarto, marcó LA tendencia informativa: las noticias que triunfarían a partir de entonces ya no serían simplemente noticias, sino noticias + entretenimiento. Quinto, clavó la definición de posverdad con veinte años de adelanto.

'O.J. Simpson', por qué la serie más predecible del año es también la mejor

El Diccionario Oxford eligió hace unas semanas "posverdad" como palabra del año. Un neologismo sobre la perversión informativa asociada a los triunfos del Brexit y de Donald Trump: la posverdad "denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal", dice la definición. Si hay algún tema central en ‘The People Vs. O.J. Simpson’ es precisamente la posverdad. Se trata de una serie sobre la posverdad como herramienta política... en 1995. Ni más ni menos. Los fiscales del caso Simpson se las prometían muy felices al principio: pocas veces habían tenido tal cantidad de pruebas demoledoras e irrefutables contra un acusado. Pues bien: los hechos objetivos influyeron menos en la formación de la opinión pública/el jurado, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal…

Si la fiscal dice que el cielo es azul, protestaremos y diremos que eso son habladurías

“Las evidencias no importan, sino idear una historia con sentido que convenza al jurado, ganará el juicio el que cuente mejor su historia”, dice en la serie uno de los abogados de O.J. mientras prepara la estrategia de defensa. Otro picapleitos añade: “Si la fiscal dice que el cielo es azul, protestaremos y diremos que eso son habladurías. No se admitirá nada sin desafío y sin provocación”; y escuchándole uno no puede evitar pensar en un asesor de Trump preparando su dosis diaria de ‘bullshit’ para la prensa durante la campaña electoral. O cómo una serie sobre 1995 ha pegado el tiro de gracia a la palabra del año (2016) como concepto novedoso...

Los abogados de O.J. Simpson ganaron la batalla a los fiscales al entender que las nuevas reglas del juego -con la televisión emitiendo 24 horas al día, la obsesión con las 'celebrities' en auge y el tema racial en ignición- requerían alimentar a la bestia informativa todo el rato y montar controversia y bulla a tutiplén (ríete tú de las polémicas en las redes sociales). También entendieron que lo más importante no era tener las mejores pruebas -o siquiera tener prueba alguna- sino montar el mejor relato que apelara a las emociones. Unos auténticos profetas. Y en esas seguimos, en efecto, nada nuevo bajo el sol.

Chanquete ha muerto
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