'American Vandal': la desvergonzada y adictiva nueva serie juvenil de Netflix

La serie de ocho capítulos es una historia tan obscena como interesante que consigue enganchar al espectador al estilo del género documental

Foto: El resultado de los hechos de los que se acusa al joven Dylan Maxwell.
El resultado de los hechos de los que se acusa al joven Dylan Maxwell.

Todo comenzó en HBO con ‘The Jinx’. Meses después, en diciembre de 2015, llegó a Netflix ‘Making a Murderer’. Y el testigo lo recogió este año en la plataforma de 'streaming' ‘The Keepers’. Tres series documentales muy interesantes que han hecho del género uno más de la parrilla televisiva actual. En todas ellas, una o varias víctimas esperan que se haga justicia y el culpable de su muerte acabe entre rejas. Entre los personajes habituales de estas producciones están los padres, abogados, conocidos y otros allegados que, desde el estreno de la serie documental, se convierten en un rol más de la conversación televisiva.

Pero las tres creaciones documentales más interesantes de los últimos años también tienen muchos otros elementos en común. Lágrimas, giros inesperados y apariciones sorprendentes conviven con planos aéreos interminables, elaboradas recreaciones digitales y momentos íntimos (e incómodos) con aquellos que peor llevan la situación que atraviesan. Para reírse de todo ello, llegó a Netflix ‘American Vandal’ (también conocida como 'Gamberro de instituto') el pasado 15 de septiembre. Pero también para reflexionar sobre las series documentales y ofrecer un retrato muy interesante de los adolescentes de hoy. Una serie que, a pesar de lo que parece en las próximas líneas, es una producción que merece más atención de la que despierta inicialmente su premisa. E incluso ha recibido los aplausos de espectadores y críticos, sorprendidos por la factura final de la serie.

Principal sospechoso

2 de abril de 2016. Dylan Maxwell responde en la cocina de sus padres a las preguntas de su compañero Peter Maldonado, un joven que ha decidido hacer un documental sobre él. “Di tu nombre y quién eres”, comenta Maldonado tras las cámaras. “Soy Dylan Maxwell y soy… No sé, tío, soy Dylan. ¿Cómo que quién soy? Es una pregunta estúpida". Cuando el entrevistador consigue ser más concreto, el joven destaca que todo el mundo cree que él lo hizo. “¿El qué?”, pregunta Maldonado antes de que Maxwell pronuncie la palabra clave de la serie. “Lo de las pollas”.

La historia retrocede en el tiempo unos días y, a través de las noticias de los telediarios locales, describe la gamberrada de la que se acusa a Maxwell. “Una escena turbadora para los profesores, que al salir se encontraron sus coches vandalizados con dibujos obscenos”, cuenta la reportera Erin Cadwell desde el aparcamiento del Instituto Hannover. O para ser más concretos, y menos políticamente correctos, 27 coches tienen dibujado un pene, con sus correspondientes testículos, en su carrocería. Una gracia que superaba los 100.000 dólares en daños.

Para la comunidad estudiantil quedan pocas dudas sobre el autor de la masacre pictórica. “Es un puto idiota”, responde una joven estudiante de apariencia inofensiva en la biblioteca del Hannover, cuando Maldonado le pregunta su opinión sobre Dylan Maxwell. Algo que el espectador puede comprobar unas escenas después, cuando el documental nos muestra imágenes de archivo del joven. En ellas, le vemos realizar gestos obscenos con una piñata de un burro que luce los colores de la bandera de México. Unas imágenes que llegan intercaladas con el testimonio de la Sra. Shapiro, la profesora de español, que, sin dudar, acusa a Maxwell de ser el autor de los 27 dibujos.

La Sra. Shapiro, con unas pruebas que cree irrefutables.
La Sra. Shapiro, con unas pruebas que cree irrefutables.

Gamberradas adolescentes

La descabellada propuesta audiovisual irá a más cuando el joven acusado describa su coartada, que incluye una broma telefónica, un romance adolescente y un anciano con fobia a la tecnología. El desarrollo de la narración nos descubrirá ese entorno estudiantil que las redes sociales y las nuevas tecnologías han convertido en un lugar mucho más peligroso que hace unas décadas. E impregnará esta gamberra historia de hormonas en plena ebullición, envidias propias de pasillos de instituto y esa estupidez innata que caracteriza a los adolescentes.

Ocho episodios, de poco más de 30 minutos, en los que la producción propone una historia absurda para burlarse de las series documentales. Y para que nuestra percepción sobre ellas cambie para siempre. Para conseguirlo, convierte en protagonista a un joven documentalista apasionado por la verdad, que pacientemente analiza todos los puntos de vista del caso que ha llevado a Maxwell al ostracismo social. Desde las diferencias de estilo entre sus dibujos sobre el miembro viril masculino y los que quedaron plasmados en los vehículos, hasta las motivaciones de la profesora de español, para ser tan tajante en sus acusaciones. Una investigación minuciosa en la que no faltan reconstrucciones digitalizadas de los eventos más relevantes en la trama, inesperados posibles culpables y amistades ofendidas por las implicaciones que termina teniendo el caso.

A PARTIR DE AQUÍ, SE COMENTA LA SERIE DESVELANDO UN HECHO QUE SUCEDE EN EL CAPÍTULO CUATRO Y ES MUY RELEVANTE PARA LA SERIE. LEE BAJO TU RESPONSABILIDAD.

Peter y Sam, trabajando en el caso de Maxwell.
Peter y Sam, trabajando en el caso de Maxwell.

Cambio de género

La broma de pensar que Netflix emite ahora documentales hechos por estudiantes de instituto llega hasta el capítulo cinco, cuando Peter Maldonado cuenta que han publicado sus investigaciones en YouTube y su trabajo se ha vuelto viral. Es decir, el documental pasa a ser un falso documental, o 'mockumentary', y los sufridos y maliciosos estudiantes, unos buenos actores. Pero eso no es malo. Simplemente una licencia de los creadores para 'trolear' a la audiencia durante un par de horas.

Cuando el espectador asume que lo que ve es ficción, se encuentra en ‘American Vandal’ un retrato de la adolescencia tan válido e importante como ‘Por Trece Razones’, aunque mucho más gamberro. Ambas llevan a la pantalla el 'bullying' y la presión que sienten muchos estudiantes durante sus años de instituto. Aunque para conseguirlo recurran, respectivamente, a la sátira y el drama para reflejar ese momento de la vida en el que todo parece 'superimportante', aunque cuando echamos la vista atrás todo termine pareciendo superfluo.

Dylan Maxwell y sus amigos, haciendo de las suyas.
Dylan Maxwell y sus amigos, haciendo de las suyas.

Adolescentes del siglo XXI

En la nueva producción de Netflix lo menos importante, aunque pueda convertirse en la verdadera motivación del espectador, es saber quién dibujó los penes en los coches de los profesores. La verdadera intención de ‘American Vandal’ no es encontrar un hueco entre las grandes series documentales, sino entretener al espectador a través de adolescentes idiotas, fiestas desmadradas y adultos con demasiados secretos que ocultar. Pero también ayudarle a entender un poco mejor a su hija adolescente, que convierte una foto de Instagram en un apocalipsis social.

Para conseguirlo se mofa, desde su apertura al estilo ‘Making a Murderer’, de un género que ha ganado interés en los últimos tiempos. Pero también ofrece una historia bien construida, crítica con los documentales e interesante para el espectador, que incluso trata de buscarle una moraleja a las casi cinco horas de metraje. Y al final, el que parece más tonto termina siendo el más sabio. Porque preguntarse quién eres en plena adolescencia es, ciertamente, una pregunta estúpida.

Desde Melmac
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