"Se me está cayendo el pelo, me han dicho que es por estrés pero yo me siento bien"
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Luis Muiño

El consultorio psicológico del siglo XXI

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"Se me está cayendo el pelo, me han dicho que es por estrés pero yo me siento bien"

Un lector nos explica que a pesar de no sentirse agobiado se le está cayendo el pelo y se pregunta qué puede hacer para evitarlo. Esta es la respuesta del experto

placeholder Foto: Alopecia aerata. (iStock)
Alopecia aerata. (iStock)

"Hola, Luis. Desde hace unos meses me ha salido una alopecia areata. Siempre he vivido con varios trabajos, empalmándolos y con situaciones de no parar ni un minuto. Hace unos meses también lo dejé con mi pareja aunque seguimos viviendo juntos (porque nos llevamos muy bien). Me han mandado corticoides y tranquilizantes para que este tipo de alopecia remita, pero todo el mundo lo atribuye al estrés aunque yo no me siento así. En otras ocasiones lo he estado más y nunca me había pasado esto. Lo dicho, no me siento estresado aunque soy muy nervioso. ¿Que está pasando?".

Hola. Quizás podría ayudarte comenzar por darle una vuelta al concepto de estrés que manejamos. En la vida cotidiana utilizamos habitualmente esa palabra para etiquetar el estado de activación puntual que nos producen acontecimientos de gran impacto, como la pérdida de empleo, enfermedades graves o problemas económicos asfixiantes. Esa fue la primera concepción del síndrome.

En la década de 1930, Hans Selye desarrolló en la Escuela de Medicina de la Universidad McGill de Canadá una serie de experimentos que mostraron que las ratas de laboratorio sometidas a ejercicio físico extenuante acaban teniendo un nivel elevado de hormonas suprarrenales (ACTH, adrenalina y noradrenalina). Eso les llevaba a sufrir atrofia del sistema linfático e incrementar la presencia de ulceras gástricas. Al conjunto de alteraciones las denominó "estrés biológico". Este estado de alarma ante situaciones críticas que ponen en peligro nuestra vida cotidiana es estrés más reconocible. Tú afirmas que no lo tienes y estoy casi seguro de que aciertas.

Si creemos que lo psíquico puede controlarlo todo, nos sentiremos frustrados y desbordados, porque lucharemos con fenómenos imposibles de eliminar

Pero ese no es el fenómeno psicológico que deberías analizar. La Sociedad Española de Estudios del Estrés calcula que tres cuartas partes de los ciudadanos de este país han padecido en algún momento este síndrome. Son cifras similares a las que ofrece la OMS para el resto del planeta. Lo que intentan cuantificar estas organizaciones no son las reacciones ante cataclismos vitales, el SGA (Síndrome General de Activación), puntual y adaptativo, que describía Selye. Se trata más bien de la activación continua que generan tensiones de las que me hablas en tu email, ese "miedo líquido" que caracteriza el mundo actual en expresión del sociólogo Zygmunt Bauman.

Lo que nos causa estrés son esas cuestiones que no se acaban de solucionar nunca y que van produciendo desasosiego en la vida cotidiana. Recuerda aquello que escribió Charles Bukowski: "No son las cosas importantes las que envían a un hombre al manicomio, sino las series ininterrumpidas de pequeñas tragedias que suceden constantemente... tampoco la muerte de la persona amada sino el cordón del zapato que se rompe cuando hay prisa". Analiza esos asuntos de pareja, laborales o de espacio vital de los que me hablas en tu email. Esos problemas difuminados son los que pueden etiquetarlo dentro del concepto moderno de estrés.

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Relájate. (iStock)

Problemas psicosomáticos

El neurólogo de la Universidad de Stanford Robert Sapolsky analiza este fenómeno en su libro '¿Por qué las cebras no tienen úlcera?'. En él recopila datos que muestran que somos la única especie (junto con los babuinos, semejantes en el estilo de vida) que desarrolla cierto tipo de problemas psicosomáticos acentuados por el estrés. Las cebras no tienen esos síndromes porque solo viven momentos de activación puntuales: pacen apaciblemente comiendo y bebiendo alimentos bastantes fáciles de encontrar en su hábitat hasta que les amenaza algún depredador produciéndoles un estrés puntual que se solventa en unos minutos.

Nosotros, sin embargo, no estamos continuamente pendientes de factores vitales como la alimentación o huir del enemigo. Nuestros problemas vienen casi siempre de factores de presión derivados de nuestras relaciones sociales. Esos asuntos producen temores indefinidos y complejos que, además, se pueden prever con más antelación. Y esos tres factores nos han llevado a pasar del estrés puntual al estrés global, para el cual nuestro organismo está menos preparado.

No son las cosas importantes las que envían a un hombre al manicomio, sino las pequeñas tragedias que suceden constantemente

La doctora Esther M. Sternberg, profesora de la Universidad de Arizona, es una de las investigadoras que analizan los problemas psicosomáticos. En libros como 'The Balance Within: The Science Connecting Health and Emotions' recopila experimentos que muestran la influencia del sistema neurológico y endocrino (los más relacionados con el estrés) sobre el sistema inmunológico, que defiende al organismo de los ataques de sustancias extrañas. La actividad de los "soldados" del sistema inmunológico (linfocitos y macrófagos, por ejemplo) depende de su "general". Pero ese jefe (sistema neurológico) necesita energía que en los momentos de alerta general está en parte desviada a los músculos y el cerebro. Tu nivel de estrés está afectando a la cantidad de "combustible" que dedicas al combate contra virus, bacterias y sustancias agresoras.

Te cuento todo esto para que veas que lo que te ocurre es una crisis de adaptación al estilo de vida actual. De hecho, aparte de asuntos característicos de nuestra época relacionados con la pareja y el mundo laboral, das muestras de un fenómeno muy característico de nuestro tiempo: el "síndrome de la falta de diagnóstico". En la actualidad asumimos que podemos tener un total control sobre nuestras enfermedades. Crecemos con la sensación omnipotente de que todos nuestros problemas de salud tendrán una causa clara y un tratamiento eficaz. Y después nos desasosiega la constatación de que hay enfermedades como la alopecia areata cuya etiología no está completamente controlada. A todos nos cuesta asumir los problemas de salud que no se sabe cuándo ni por qué remitirán.

Estrés líquido

Si aceptas el concepto de "estrés líquido" que te propongo, esos son los grandes temas que te sugiero trabajar. Con ayuda terapéutica o sin ella, trata de interiorizar la idea de que el estrés es parte de nuestra vida actual y nuestra vida es una continua búsqueda de técnicas de adaptación al fenómeno. No intentes eliminarlo de tu vida, porque te sentirás culpable por no conseguirlo. Busca técnicas que te ayuden a desconectar, a relajarte físicamente de vez en cuando o a concentrarte en el presente evitando la continua anticipación. Pero recordando siempre que lo que buscas es fluir en una continua corriente de estrés, no salirte del río.

Foto:  Foto: iStock. Opinión

En un anterior artículo del 'Consultorio del Siglo XXI' hablé del riesgo de las auto-instrucciones irreales del tipo de "Tengo que estar bien emocionalmente para curarme" o "Relajarme y acabar con mi estrés es la única manera de volver a recuperarme". La escritora Susan Sontag narra en su libro 'La enfermedad y sus metáforas' el sufrimiento psicológico que le produjeron las teorías simplistas que entienden lo psicológico como un superpoder capaz de controlar todo.

Basándose en datos no científicos y fuera de contexto, muchos libros de autoayuda popularizan desde hace décadas la idea de que los problemas psicosomáticos están causados únicamente por el estrés (que solo es una variable más en la ecuación) y que eliminarlo radicalmente nos convertirá en personas sanas para siempre. Sontag nos recuerda el riesgo de esta brutal sacralización de lo mental: si creemos que lo psíquico puede controlarlo todo, nos sentiremos frustrados y desbordados continuamente, porque lucharemos con fenómenos imposibles (como el "estrés difuso") de eliminar en el mundo actual.

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