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Así de mal hizo su fortuna Warren Buffett. Y es el verdadero secreto del éxito

El popular inversor estadounidense es conocido por su gran intuición y por su sabiduría financiera. Pero no son esas las cualidades que le llevaron a convertirse en multimillonario

Foto: Warren Buffett. (Rick Wilking/Reuters)
Warren Buffett. (Rick Wilking/Reuters)

Es la figura por excelencia del capitalismo estadounidense, y por extensión del mundo globalizado. Es además un tipo muy popular en su país -le llaman “El oráculo de Omaha”- y la prensa económica, que le ha encumbrado, suele citar con frecuencia sus malos hábitos alimenticios, su afición a la comida basura, su fiabilidad inversora y su ojo clínico para los negocios. La creencia más habitual es que Buffett es un tipo extremadamente hábil y listo, y cuya mezcla de intuición y sabiduría le ha procurado un gran éxito en un terreno tan competitivo como el de los negocios.

El multimillonario se ha convertido en el ejemplo por excelencia para los aspirantes a inversores. Incluso existió un programa de dibujos animados titulado 'Warren Buffett's Secret Millionaires Club' que enseñaba a los niños a hacer negocios y que duró tres años. Esperemos que haya sido poco influyente, y que cuando los niños crezcan no intenten imitar a Warren. Que no es bueno.

La esencia del éxito de Buffett es convertir los negocios en monopolios y, a partir de esa posición dominante, ejercer su poder al máximo

Especialmente si tenemos en cuenta el reportaje publicado en 'The Nation' acerca del magnate. Un recorrido por sus negocios dictamina que ha hecho su fortuna no gracias al libre mercado, sino por haber conseguido que no lo sea en absoluto. A través de sus inversiones en agencias de calificación, en aerolíneas, casas prefabricadas, en compañías como Verisign, Berkshire Hathaway y sus subsidiarias, o en Apple, el artículo desvela la esencia del éxito de Buffett, que no es otra que la misma que se utiliza en nuestra tiempo: convertir los negocios en monopolios, y a partir de esa posición dominante ejercer el poder al máximo. Apretando a todos los que participan en la cadena, proveedores, clientes, trabajadores, además de a los reguladores, se logran condiciones mucho más ventajosas para la firma y muchos más beneficios que siempre van en la misma dirección, la de Buffett.

“El idiota de tu sobrino”

Así lo reconoció en la reunión anual de Berkshire Hathaway en 2000. Su clave es encontrar un negocio que esté rodeado por un gran foso que los competidores no puedan cruzar y su misión “es conseguir que ese foso se haga mayor cada año". Porque una vez que cuentas con esa posición, tu fortaleza es tal que “hasta el idiota de tu sobrino podría dirigir la empresa con éxito”.

En los más diferentes sectores, ya solo permanecen un pequeño número de firmas que se han hecho, por desgracia, con todo el control

El capitalismo lleva en sí la ineludible tendencia a ordenarse alrededor de monopolios y oligopolios que excluyan la competencia real, y nuestra época la está favoreciendo de un modo radical y perverso. La financiarización, derivada de la gran cantidad de dinero disponible para los grandes inversores, producto también de la acción de unos bancos centrales que están dopando el mercado, ha llevado a que la concentración sea la norma. Las empresas crecen, absorbiendo a la competencia, se expanden en el exterior y en el interior, adquiriendo firmas extranjeras o derivando hacia el mercado las prestaciones estatales, de modo que al final, en diferentes sectores, solo permanecen un pequeño número de firmas que se hacen con todo el control.

La excepción

Eso les permite apretar por todas partes, incluyendo a los gobiernos, configurando así una suerte de espacio de excepción en el que la gente común se ve obligada a cumplir las normas de las que ellos quedan exceptuados. Así les es posible, por ejemplo, evadir las fiscalidades nacionales, así como muchas de sus normas laborales, que estiran al máximo. Pero, al mismo tiempo, en su sector, son ellos quienes deciden el funcionamiento de facto; deciden qué normas se aplican, porque el poder real está en sus manos. Este marco de acción es el que provoca que se hable de una nueva oligarquía.

Las compañías aéreas ganan bastante más porque las condiciones que obligan a soportar a sus clientes son mucho peores

El sector de las aerolíneas estadounidenses contiene un buen retrato de este nuevo reparto de poder. Buffett era alérgico a invertir en él hasta que los reguladores permitieron que se convirtiera en un oligopolio. Las megafusiones -Delta y Northwest, United y Continental, Southwest y AirTran, y American y US Airways- dejaron en cuatro las compañías que controlan el 80% de los asientos de avión de EEUU. Desde entonces las firmas, y Buffett con ellas, ganan bastante más, pero las condiciones para los viajeros y para los proveedores han empeorado: aviones repletos, asientos más reducidos, más escalas y peores precios; más aún porque quien desee tener algo de espacio en el vuelo (es decir, el mismo del que se disfrutaba antes) ha de pagar más.

El caso Wells Fargo

Otro buen ejemplo es Wells Fargo, el banco del que Buffett es uno de los accionistas más relevantes, aunque al menos en este caso sí hubo sanción para sus prácticas. Insuficiente para desanimar conductas semejantes, pero existió: las autoridades federales penalizaron a la firma por abrir más 1.500.000 cuentas de depósito y dar de alta más de 500.000 tarjetas de crédito sin conocimiento de sus clientes con el propósito de poder cobrar más comisiones.

Cerraron cuentas o congelaron fondos de clientes sin justificación alguna y les obligaron a suscribir productos complementarios no solicitados

No es la única multa que ha debido pagar en los últimos tiempos. Poco antes, el banco había sido penalizado con 3,6 millones de dólares por el cobro de comisiones ilegales a las personas que habían solicitado préstamos para cursar estudios universitarios, y en 2010 ya había sancionado por prácticas discriminatorias con las minorías étnicas en la concesión de hipotecas, ya que ofrecía peores condiciones a hispanos y afroamericanos sin otra justificación que el color de su piel.

Wells Fargo imponía unas normas muy estrictas respecto de los objetivos, y sus directivos preisonaban al máximo para alcanzarlos

También han incurrido en prácticas peculiares, como cerrar cuentas o congelar fondos de clientes sin justificación alguna, y obligarles a suscribir productos complementarios, como la protección contra el robo de identidad, que no habían solicitado. Y la pasada semana se dio a conocer que también habían cobrado de más a sus clientes ricos, facturándoles cantidades inadecuadas por los servicios de inversión. El banco aseguró que estaba tratando de determinar el alcance del problema.

“Vais a terminar trabajando en McDonald's”

Este es el tipo de empresa que de verdad genera beneficios: se construye un muro para que no entren los competidores, se presiona a los reguladores para que los estándares de protección sean cada vez más bajos, se fuerza a los proveedores a aceptar peores condiciones y los clientes quedan cautivos. Y además, no solo se puede pagar menos a los trabajadores, sino que se les puede presionar más. Wells Fargo imponía unas normas muy estrictas respecto de los objetivos que sus trabajadores debían alcanzar, y sus directivos metían la mayor presión posible para lograrlos. Expresiones como “vais a terminar trabajando en McDonald's”, las actitudes degradantes, las broncas y los castigos eran muy frecuentes. De modo que si para cumplir lo que les pedían era necesario forzar las reglas, lo hacían. Esa fue la causa de que abrieran cuentas no solicitadas solo para cobrar las comisiones.

Sin duda, este tipo de funcionamiento beneficia a los principales accionistas. Pero a nadie más. Ni siquiera a los pequeños. Pero es posible porque el poder que detentan es lo suficientemente grande como para no encontrar una resistencia que les discipline. El problema, sin embargo, no es Wells Fargo, ni siquiera Buffett, sino que esa forma de hacer es imitada por los principales actores del sistema, lo cual lleva, sin otra opción, a que lo canibalicen.

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