La canción que explica la separación de Íñigo Errejón y Pablo Iglesias

Las discrepancias sobre los himnos del partido, agudizadas tras la decepción electoral, ejemplifican las diferencias políticas entre pablistas y errejonistas

Foto: Íñigo Errejón y Pablo Iglesias
Íñigo Errejón y Pablo Iglesias
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La irrupción de Podemos ha sido tan intensa que parece que el partido lleve toda la vida con nosotros en lugar de dos año y medio. Mensaje a los niños pequeños que no conocen otra realidad que la podemista: no os podéis imaginar el muermo que era la vida política española -el turnismo- hasta que llegaron ellos; te podrán gustar más o menos, pero el espectáculo está garantizado. ¿El último ejemplo de que las cosas son ahora diferentes? Que el trauma poselectoral podemista haya derivado en una trifulca pop entre pablistas y errejonistas a cuenta de los himnos musicales del partido. Esto con el PPSOE no pasaba... 

Abrió el fuego Íñigo Errejón, pocos días después del shock electoral, en un curso de verano de la UCM en El Escorial sobre las tribulaciones del partido: 

"La cuestión estética me parece fundamental. Un pueblo no se construye en torno a un programa electoral o un programa de gobierno. Un pueblo es una comunidad que se emociona, ríe y llora junta; y eso se hace fundamentalmente con el arte y con la estética. Tiene que ver con la generación de mitos, de fechas compartidas, de canciones... nuevas, no que refieran a derrotas viejas. De canciones nuevas que nos emocionen juntos y funden la voluntad popular hoy", dijo Errejón durante su conferencia.

Carlos Prieto

Traducción política de lo de "canciones nuevas que no refieran a derrotas viejas": zasca al secretario general del partido, Pablo Iglesias, que cerró el acto de la noche electoral con 'El pueblo unido jamás será vencido', de los chilenos Quilapayún, himno primero 'allendista' y luego antipinochetista que los progres de la Transición española tomaron como propio.  

Le contestó días después Pablo Iglesias en una entrevista en 'El Diario': "En los momentos de más comunión hemos apostado por la canción nacional popular por excelencia que es 'El pueblo unido' y por una canción patriótica en otros términos como es 'A galopar' de Rafael Alberti [en versión de Paco Ibáñez]. Y el 'Cambia, todo cambia' de Mercedes Sosa'. Creo que hay una enorme coherencia. Nuestro país no tiene un 'Grandola, Vila Morena'. Jugamos con los elementos disponibles. Hay algunos que se quejan. Recuerdo que hay un compañero de Podemos que decía 'pues está más cerca de España el rollo maquinero de Soraya Sáenz de Santamaría que Quilapayún'. Que es como 'ya campeón, entonces, ¿qué ponemos en el mitin?'. Ponlo tú, no me digas que vamos a poner La Oreja de Van Gogh, que me gusta, me encanta La oreja de Van Gogh, pero no sé si con esto construimos un himno. Esto forma parte de un trabajo de producción cultural que hay que hacer y creo que hemos resignificado muchas cosas. 'El pueblo unido' asusta a un porcentaje muy pequeñito, la conocemos porque somos hijos de quien somos, pero la gente no se la sabe. Ni Garzón se la sabía en el mitin. Yo creo que eso se puede resignificar en un sentido muy positivo".

Carlos Prieto

Sí, han oído bien: a Pablo Iglesias le "encanta La oreja de Van Gogh". ¿Se lo imaginan en la ducha cantando "abrazaría al diablo sin dudaaaaaar, por ver tu cara al escucharme hablaaaar, eres todo lo que más quiero"?... pero no nos dispersemos y recuperemos la cordura/el hilo de este artículo... La rajada pop de Iglesias en la entrevista fue de antología, se notaba que estaba escocido por las críticas del errejonismo cultural, a los que atizó llamándoles "los hipsters" [nota mental: ¿es "hipster" un insulto?] y choteándose de su obsesión con no asustar. "Yo hablo mucho con Los Chikos del Maíz y me río con ellos del miedo de otros. El Nega siempre me manda 'telegrams' para que se lo enseñe 'a los de la centralidad del tablero' de un concierto suyo con 25.000 personas. Y me dice: 'La Oreja de Van Gogh a ver cuántos junta, o Vetusta Morla, o los hipsters esos que dicen que son de la centralidad. A lo mejor resulta que Los Chikos del Maíz somos más de la centralidad del tablero que los hipsters que no quieren asustar a nadie'... Podemos lo montan los macarras de La Tuerka y quien tiene éxito musicalmente son Los Chikos del Maíz. ¿Y vosotros dónde estáis, hipsters? Vosotros os subís a esto, porque no habéis sido capaces de ser hegemónicos en nada.".

Al margen de la modestia típica de Iglesias (Podemos lo inventé yo con mis colegas y los errejonistas llegaron después) y de que el secretario general no es consciente de las masas juveniles que mueve Vetusta Morla, este pim pam pum musical define perfectamente las disputas políticas que caliéntan hoy día al partido: ¿Moderación o agitación? ¿Eje nuevo contra viejo o eje izquierda contra derecha? Lo que da idea de hasta qué punto lo cultural en un pilar fundamental de la estrategia podemista. O cuando las fricciones culturales reflejan todo lo demás. 

Germán Cano, miembro del Consejo Ciudadano de Podemos y referente del errejonismo cultural, contestó a Pablo Iglesias hace unos días en 'El País'. "En la campaña de las europeas arriesgamos con la canción 'Golpe Maestro' de Vetusta Morla, un grupo independiente, pero influyente en sectores generacionales amplios. La noche del 26J escuchamos 'El pueblo unido'. Un himno que escuchábamos de pequeños cuando mi padre, militante del PCE, buscaba socializarnos políticamente, pero que hoy suena gastado y difícil de resignificar para las nuevas generaciones. Al oirlo esa noche algunos levantaron con orgullo el puño, otros se mostraron indiferentes ante una épica que habla de otras experiencias... Nuestra herencia debe conectar con experiencias mayoritarias que vayan más allá del radio de acción de la militancia tradicional de izquierda y sus gustos estéticos. Por eso, simplificar el problema como una confrontación entre hipsters blanditos y malotes 'macarras' de 'La Tuerka' deja de lado un debate más complejo y necesario sobre las difíciles tensiones entre cultura, historia, hegemonía y resistencia".

Conseguir que un auditorio intergeneracional podemista cante una canción a coro no se soluciona (ni de coña) poniendo a Vetusta Morla

A simple vista uno diría que la razón (populista) la tienen los errejonistas: partido nuevo, canciones viejas, mal rollo rancio. O Podemos incapaz de sacudirse la caspa cultural... de sus padres. Pero el asunto no es tan sencillo. Los himnos de la Transición representaban luchas intergeneracionales comunes -antifranquismo y ruptura democrática- que no volvieron a repetirse: luego llegó la fragmentación política (luchas sectoriales) y cultural (multiplicación de escenas musicales con identidades propias y que a menudo mezclan mal entre sí: raperos, indies, etc.). Por tanto, conseguir que un auditorio intergeneracional podemista cante una canción política a coro no se soluciona (ni de coña) poniendo a Vetusta Morla: quien tenga más de cincuenta años y se sepa de memoria una canción indie, que de un paso al frente (y no se me apelotonen, please). Los himnos de la Transición serían, por tanto, el mal menor: al menos se los saben los padres progres y sus hijos.

En otras palabras: muy a favor de eliminar los tics izquierdistas de toda la vida, pero "lo nuevo" no es el santo grial. De igual modo que hacer una campaña electoral cursi y moderada no garantiza el voto (y hasta puede hacer que pierdas unos cuantos), cantar una canción de Vetusta Morla para cerrar un mitin no es el maná transversal prometido por el errejonismo. ¿Por una tercera vía entre modernos tibios y progres trasnochados?

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