¿No veías 'El cuento de la criada' para no sufrir? Es inútil, ahí tienes La Manada

Me decidí por no empezar con la serie de HBO porque me habían advertido de su crudeza, pero no tiene sentido esconderme del horror de la ficción si está en la realidad, a un soplo de nosotras.

Foto: Imagen del primer episodio de la segunda temporada de 'El Cuento de la Criada'. (HBO)
Imagen del primer episodio de la segunda temporada de 'El Cuento de la Criada'. (HBO)

La Manada está suelta. La Audiencia de Navarra decretó el jueves la puesta en libertad provisional de los cinco salvajes que violaron a una chica de 18 años en un portal en Sanfermines. Habían sido condenados a nueve años de prisión por un delito de abuso sexual y llevaban dos en prisión provisional. Ahora podrán campar a sus anchas hasta nuevo aviso. Una decisión vomitiva que, dentro de lo malo, levanta una marea maravillosa de mujeres con puño en alto y sangre púrpura. Una ola de compañerismo que no solo tiñe -y teñirá- las calles, también redes y espacios de opinión. Ayer, después del anuncio de la sentencia, se sucedían comentarios indignados y mensajes de apoyo. Muchos de ellos iban acompañados de un fotograma reconocible, de rojo sangrante y blanco: ‘El cuento de la criada’. Unos lo utilizaban para llamar a la lucha. Otros, aterrados, para mostrar la similitud de ambos horrores.

No empecé a ver ‘El cuento de la criada’ porque no quería pasarlo mal. Aunque la curiosidad era extremadamente fuerte, el número de series que acumulaba en 'pendientes' y las críticas -cada vez más extendidas- del aumento de sufrimiento innecesario del que hacía gala la producción de HBO, terminaron inclinando la balanza. Varias amigas dejaron de verla porque no aguantaban más. “Disculpadme si, después de ver cómo se filtran los datos de la víctima de La Manada en internet, no soy de las que llegan a casa dispuestas a ver cómo el control gubernamental pone en duda las cualidades maternales de June, la protagonista de ‘El cuento de la criada’”, escribía Aloña Fernández en una columna en la que criticaba la dureza de la serie. Lo que sí que empecé fue el libro de Margaret Atwood, convencida de que sin imágenes el trago sería menos amargo.

La escritora y feminista Florencia Etcheves me comentaba hace poco en una entrevista que muchas personas, lo último que quieren, es sufrir con las noticias o la ficción si ya tienen bastante en lo que pensar en su vida. Ahora no puedo evitar verlo no absurdo, sino inútil. No tiene sentido esconderme del horror de la ficción si está en la realidad, a un soplo de nosotras.

“La realidad de los titulares supera la distopía de la publicidad que los acompaña”. Lo publicaba en Twitter un compañero junto con una captura de la noticia de la libertad provisional de La Manada. Los banners de publicidad que enmarcaban la página eran de ‘El cuento de la criada’. Al otro lado de la pantalla, los ojos vacíos de Elisabeth Moss traspasaban la ficción para colarse en la realidad, casi como advirtiendo de la fusión de ambos mundos. Pocos minutos después de que se conociera la decisión de la Audiencia, una amiga escribía en la misma red: “Estoy llorando con el capítulo de ‘El cuento de la criada de hoy’, lo he tenido que quitar”. Deseé que tardara un poco en leer las noticias.

Los cinco miembros infectos de La Manada obligaron hace dos años a una joven a mantener relaciones sexuales, la forzaron en un portal en una lista de abusos inhumanos, la grabaron, ella entró en estado de shock y la dejaron incomunicada y semidesnuda, como si fuera un objeto y no una persona. “¡A saber por qué estaba llorando!”, se atrevió a decir en el juicio Juan Canales, el abogado de uno de ellos. “¿Llevamos burundanga? Tengo reinoles tiraditos de precio. Para las violaciones”, decía uno de los acusados en una conversación de WhatsApp que, según el tribunal, no guardaba relación con los hechos.

Lo he pasado mal leyendo las noticias de La Manada. He repasado horrorizada las frases que se dijeron en el juicio que recupero en el anterior párrafo. Siento rechazo y repugnancia al ver sus rostros impunes. Ahora, cuando empiece ‘El cuento de criada’ me va a parecer Winnie The Pooh. Sí, he decidido verla y saciar por fin mis ganas de devorar una serie tan aclamada. Su dureza no se la quita nadie, claro, pero tiene una barrera en la que apoyarse y resoplar, un alivio, un bálsamo tranquilizador con el que me he dado cuenta de que ya no me da miedo pasarlo mal: eso, al menos, es ficción.

Chicas Malas

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