Todos aseguran que 'Solenoide' de Cartarescu es una obra maestra. ¿Lo es?

La monumental novela del escritor rumano supone un reto para críticos y lectores: entender su complejidad y lograr acabarla en una época con tanta oferta de ocio.

Foto: Mircea Cartarescu durante una visita en Madrid (EFE)
Mircea Cartarescu durante una visita en Madrid (EFE)

A la hora de escribir este artículo voy por la página 245 (sobre 800) de un libro de Mircea Cartarescu que me ha costado 28 euros. No sé cuántas más tengo que leer para que me compense. Se necesita en el mundo una tabla que ponga en relación el precio de los libros y el número de páginas a partir del cual está amortizada su compra. Y es que poco se habla de la relación entre el dinero y la lectura, que es la relación entre dos imprentas que a lo mejor son la misma, y está en Toledo.

'Solenoide', digo, es un libro que te tienes que comprar. Yo agradezco mucho a Impedimenta que no me lo haya enviado. Si me lo hubiera enviado, se lo hubiera dado intacto a mi amigo David, que los vende en Wallapop porque no tiene trabajo. Sepan que a veces soy buena persona; otra veces los libros los cambio yo mismo por un puñado de pañales.

'Solenoide' te lo tienes que comprar porque, si no, qué lo vas a leer. Son 800 páginas traducidas del rumano, muy bien traducidas del rumano, es verdad, pero a las que se les nota todo el tiempo que siguen estando en rumano, como si ese idioma del que no sabes ni una sola palabra rumiara y rumoreara y ruñara incesantemente por debajo de la traducción, y te dijera: "no te estás enterando de nada, Alberto, no lo pillas, no lo captas, el rumano no está en español, ¡el rumano está en rumano!"

Yo hubiera dejado 'Solenoide' en la página 34 porque la vida de Cartarescu me importa un pimiento. Sin embargo, 28 euros me importan bastante. He seguido leyendo única y exclusivamente como un homenaje al gasto, celebrándome mientras tiro el dinero.

"Obra maestra"

Portada de 'Solenoide'
Portada de 'Solenoide'

Se preguntarán con mucha razón por qué no espero a acabarme el libro para hablar de él. Bueno, es que eso lo hace cualquiera: leerse un libro entero y opinar. Dense cuenta de que yo soy un tipo que -niña al margen- se pasa todo el día metido en su casa pensando en cómo joder a la gente desde esta columna. Yo creo que jode mucho que un crítico diga que un libro es esto o lo otro sin habérselo leído entero. Jode al editor, jode a los lectores, jode a los críticos que tampoco se lo han leído entero pero no han tenido la desvergonzada gracia de contarlo y jode a mi propio jefe, que es el que luego da la cara. Jode a todo el mundo y eso es bueno.

La reseña de 'Solenoide' se hace muy fácilmente, y en dos palabras: “obra maestra”. Esto lo habrán leído en todas las reseñas del libro, y luego habrán leído más palabras porque con dos no se llenan los periódicos. El propio Cartarescu dice en una entrevista que lleva desde los 16 años con “su obra maestra”. Al parecer, como un tercio de 'Solenoide' está hecho migrando páginas de los diarios a Solenoide.doc. También dice Cartarescu que escribe sus novelas sin plan, a ver qué sale, dejándose llevar por una fe mística y mágica en que el libro se redondeará por sí solo. Y añade, en esa misma entrevista, “no conozco a ningún autor que lo haga así”.

Bueno, aparte de Javier Marías, de Zadie Smith (ver "Esa sensación de oficio”, en 'Cambiar de idea', Salamandra, 2011), de JM Coetzee (“escribo para saber lo que quiero decir”) y de yo mismo (cuando no estoy pensando en cómo joder a la gente con esta columna, escribo novelas con el mismo objetivo), no, es verdad, Mircea, sólo tú escribes así.

Versión biográfica falsaria

'Solenoide' es un gran libro. Por un lado, su prosa expansiva, totalizadora (entiendo que por aquí se justifica su filiación con Thomas Pynchon) trae en ocasiones un vendaval a la página, y el lector se marea de puro placer, arrastrado por la corriente de todo lo que la lengua puede nombrar de más. Por otro, su presupuesto narrativo es muy habilidoso. Como JM Coetzee en 'Verano', Cartarescu parte de una versión biográfica falsaria de sí mismo para narrarse. En Coetzee era la propia muerte, en Cartarescu -mucho más original- es la afirmación de que no ha escrito nunca un libro, que fracasó como escritor.

Cartarescu dice: "Tú sabes que soy Cartarescu, pero yo me niego tres veces, me degrado y me anulo, y te doy lo que el talento de Cartarescu haría con mi vida si yo no fuera también Cartarescu"

Esto es genial y desplaza todo el armatoste del lenguaje a una posición virtual, en negativo, falsa pero más verdadera que la solapa del libro o la entrada de este autor en Wikipedia, porque deja a un lado el gran veneno de la autoficción en nuestros días: la soberbia. Donde otro autor diría: "Soy Cartarescu, molo mucho, y esta es mi vida", Cartarescu dice: "Tú sabes que soy Cartarescu, pero yo me niego tres veces, me degrado y me anulo, y te doy lo que el talento de Cartarescu haría con mi vida si yo no fuera también Cartarescu". Y todo, encima, en rumano.

Piojos

El libro empieza bien, con piojos. Empezar con piojos es lo que uno espera de un libro sin soberbia. Mircea pilló piojos una vez y a partir del piojo llega al humano. Eso es lo que hace un escritor de verdad. Luego caemos en la página 34 (que es un página que cito a voleo), donde el tipo se abandona al simple narrar, contando cosas, o sea, aburriendo. Nunca entenderé por qué un escritor cree que su vida nos interesa, si no le pone literatura.

Leer es fabricar soledad, por eso el atrevimiento de leer está de retirada. Enfrentarse solo a un libro es para mí la única épica

Se la pone, Cartarescu, enseguida, y en los capítulos 9 y 10 realmente toca el cielo del decir, con una imaginería verbal impresionante, tóxica para bien, atenta a las cosas menudas pero inclinada siempre hacia el gran tema, que es la muerte. “La madre de todos nuestros miedos: el de la eternidad en la que ya no existes.”

Bueno, aún me queda más de medio libro por leer y ya he hecho el comentario. ¿Para qué seguir leyendo, entonces? ¿Podré acabarlo si sólo me mueve a la lectura la lectura misma? Leer es fabricar soledad, por eso el atrevimiento de leer está de retirada. Enfrentarse solo a un libro es para mí la única épica. Vale que ustedes tienen muchos y graves problemas, pero yo tengo una soledad de 500 páginas rumanas por delante. No me vayan a comparar.

Mala Fama

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