Perder el juicio: de Janet Lewis a Gloria Fuertes pasando por Javier Marías

En 'Casos de pruebas circunstanciales', Janet Lewis nos advierte de la dificultad de enjuiciar a los demás incluso disponiendo de pruebas supuestamente abrumadoras

Foto: Javier Marías. (Carmen Castellón)
Javier Marías. (Carmen Castellón)

Nos gustan las películas y las novelas de juicios, y hace meses me pregunté qué pasaría si alguien denunciara a otro por llamarle machista. Llevamos varios años en los que la voz 'machista' ha caído sobre escritores y cantantes y directores de cine y tuiteros paredaños y amigos que han dejado de serlo precisamente por su machismo (o no). Entonces consideré la evidencia de que el delito es cualitativo y la mala fama cuantitativa. Es decir, uno es un asesino ya solo con matar a una persona, pero para ser gilipollas hay que hacer cientos y cientos de gilipolleces. Del mismo modo, nadie es analfabeto por cometer una única falta de ortografía en un artículo o ignorante por escribir mal una sola vez, o cuatro o cinco, el enrevesado nombre de Nietzsche. Entiendo por tanto que uno es machista por un comportamiento continuado de agravio a las mujeres.

Así, pensé en los días de los que les hablo si sería posible una auditoría de vida, un despliegue monumental de recursos para determinar si alguien podía ser calificado de machista, lo que incluiría obviamente detectives y expertos que recogieran testimonios y lances privados y hasta revisaran la correspondencia y todo lo dicho y hecho por aquel calificado de machista en todos los días de su vida. Se haría un largo informe y se sacarían las conclusiones pertinentes.

Quizá pensé en esto cuando Twitter falló que Javier Marías era machista porque no le gustaba la poesía de Gloria Fuertes. Es indiscutible que sucedió como se lo cuento: Marías escribió un artículo expresando su desacuerdo con la canonización de la obra de Gloria Fuertes y Twitter dictaminó que esa opinión solo podía corresponder a un machista.

Javier Marías y Alberto Olmos, durante la entrevista. (Carmen Castellón)
Javier Marías y Alberto Olmos, durante la entrevista. (Carmen Castellón)

Por los días que les relato y recuerdo entrevisté al autor y, en la despedida, me dio un librito editado a sus expensas en su pequeño sello Reino de Redonda. Era 'La mujer de Martin Guerre', de Janet Lewis. Después de leerlo con enorme placer, me dejé llevar por la curiosa colisión que se producía entre un machista y un libro escrito por una mujer que este machista publicaba y promocionaba, y volvía a publicar: al Martin Guerre le siguieron 'El juicio de Sören Qvist' y 'El fantasma de Monsieur Scarron', asimismo de Janet Lewis. Las tres obras han sido reeditadas en un festín de 888 páginas a cargo de Debolsillo, movimiento editorial que celebro porque de un total de 66 euros esos tres libros han pasado a costar 14,90. He comprado el libro como si me regalaran oro por dar los buenos días.

Portada de 'La mujer de Martin Guerre'.
Portada de 'La mujer de Martin Guerre'.

Ando leyéndolo —se lo recomiendo tanto, queridos amigos— estos días sin olvidar cada cien páginas que le debo el descubrimiento de Janet Lewis a Javier Marías, un machista; un machista según Twitter. Un machista según Twitter por decir que no le gusta la poesía de Gloria Fuertes.

Lo de Lewis son actas judiciales del siglo XVI y XVII convertidas por ella en novelas adictivas sobre la falsa identidad, los hechos probados y la desesperante maquinaria de establecer oficialmente una verdad (Justicia). Si ya es difícil demostrar que el bueno de Sören Qvist no mató a Niels Bruss ('El juicio de Sören Qvist'), más difícil o exigente debería ser determinar si alguien es bueno o malo, racista o machista, caradura o munificente. O, al menos, haría falta un juicio detallado y populoso como el que les he comentado más arriba, juicio donde, quién sabe, quizá los acusados de machistas se revelarían, al revisar con lupa su vida privada, como hombres intachables (a la manera, digamos, de Bill Murray en 'St. Vincent') y los llamados 'aliados' verían descubiertos sus comportamientos más miserables para con las mujeres durante muchos años. A mí me gustaría que esto sucediera. Me gustaría tomar la vida de un hombre que presume y acusa y darle la vuelta, y ponerla al lado de la del hombre que, estoicamente, soporta que le llamen machista porque no le gustan (sic!) unos poemas. Les aseguro que muchos de ustedes, un poco tontos siempre con esto de las causas nobles, iban a flipar en muy vivaces colores.

Según Marías, "dentro de un siglo Janet Lewis gozará de un rango similar al de Stendhal y Hawthorne [...] en la historia de la literatura"

La trilogía togal de Janet Lewis la han titulado, con el esnobismo mínimamente imprescindible, 'Casos de pruebas circunstanciales', se escribió entre 1941 y 1959 y le hace afirmar a Marías que "dentro de un siglo, Janet Lewis gozará de un rango similar al de Stendhal y Hawthorne, incluso Flaubert y Melville, en la historia de la literatura". El autor de 'Berta Isla' no puede decir lo mismo de Gloria Fuertes por un motivo inalienable: Gloria Fuertes no es Janet Lewis; ni es Isak Dinesen ni es Rebecca West, todas ellas editadas por Marías en Reino de Redonda y no leídas siquiera por los que se recrearon en su día acusándolo de machista. El disparate usual, amigos.

Portada de 'El libro de Gloria Fuertes'.
Portada de 'El libro de Gloria Fuertes'.

Sin embargo, también he leído este verano 'El libro de Gloria Fuertes' (Blackie Books), rompeolas de todas estas polémicas, y me ha parecido maravilloso. Creo que Jorge de Cascante, su compilador y cicerone, ha hecho un trabajo fenomenal mezclando poemas sin atender a cronologías e insertando aquí y allá datos, anécdotas y (también) fantasías. Es muy apreciable moralmente que Jorge de Cascante no haya puesto su nombre en la portada del libro, con la que está cayendo hoy en día. Egos de punta están cayendo. Todo el aparato visual y juguetón que ofrece el libro se entrevera muy naturalmente con la poesía de Gloria Fuertes, y el retrato que extraemos de ella, tras 400 páginas, es tan español, tan castizo y tan entrañable que el hecho de que los poemas sean malos o buenos nos da completamente igual. Yo creo que esto es lo que le ha pasado a la gente: que ha decidido que los poemas le daban igual.

Gloria Fuertes es, quizás, "una mala poeta buena, una gran poeta menor o una poeta menor encantadora"

Yo, como Marías y cualquiera con alguna formación literaria, no tenía una imagen muy allá de la poesía de Gloria Fuertes. La lectura de este libro ha mejorado un poco esa imagen. Creo, por resumir y siguiendo a los maestros, que la poesía es “discurso memorable” (W. H. Auden, vía Rafael Reig en 'Señales de humo') y que escribir poesía sin atender a la métrica es "como jugar al tenis sin red" (Robert Frost, vía Andrés Trapiello no recuerdo dónde). ¿Pueden recitar entero un poema de Gloria Fuertes ahora mismo, de más de ocho versos, de memoria? Piénsenlo.

Con todo, por acumulación, por la cadencia del cariño, la voz de Gloria Fuertes me ha simpatizado y entretenido, me ha dicho algo; y a lo mejor ese oxímoron que empleó Juan Ramón Jiménez para Pablo Neruda (“un gran mal poeta”) podía darnos pistas del qué y el cuánto de estos versos, obra quizá de una mala poeta buena, de una gran poeta menor o de una poeta menor encantadora. Juzquen ustedes mismos.

O mejor no, dejen por un rato de juzgar y linchar y piensen bien de alguien para variar.

Mala Fama
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