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De mis padres heredo yo, no tú
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Alberto Olmos

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De mis padres heredo yo, no tú

La herencia y el mérito guardan una relación más estrecha de lo que algunos creen

Foto: El empresario Amancio Ortega junto a su hija Marta Ortega. (EFE/Cabalar)
El empresario Amancio Ortega junto a su hija Marta Ortega. (EFE/Cabalar)

A diferencia de usted, Marta Ortega ya sabe lo que hará el 1 de abril de 2022. Dirigirá Inditex, la empresa fundada por sus padres hace 35 años para fortalecer, entre otras, la marca Zara, creada a su vez en 1975. A muchos, esta designación intrafamiliar les ha parecido mal. No hay mérito en heredar, consideran; no hay mérito en nada, quieren decir. La prueba está en que la gente hereda emporios el 1 de abril de 2022 como quien va a la peluquería un día después. Es todo agenda genealógica, las páginas fatales de la clase social. Sin embargo, yo creo que, como hijos, nunca nos hemos esforzado ni nos esforzaremos más en todos los días de nuestra vida como por recibir la herencia de nuestros padres.

Es larga, por tanto, muy larga la lista de méritos de Marta Ortega para hacerse con un imperio textil valorado en 87.000 millones de euros. Empiezo con la enumeración de dichos méritos: 1) Es la hija del dueño. Fin de la enumeración. Tus méritos para hacerte con la casa en la playa de tus padres, con ese abanico cubano o con la finca rústica en Perales de Tajuña son exactamente los mismos. Solo que tus padres no tuvieron tanta suerte con las batas acolchadas.

Foto: Mark Zuckerberg presenta Meta, la nueva denominación de Facebook. (Reuters/Facebook) Opinión

Durante siglos, el orgullo familiar se cifraba en las riquezas y linajes de los progenitores. Expresiones como 'hidalgo' (ser 'hijo de algo'), 'de rico abolengo', 'de familia bien', 'de buena cuna' o 'pijo' iban dando color a esta suerte de secreto que lo explicaba todo. Sin embargo, al mismo tiempo que se actualizaban las palabras para señalar a los ricos de nacimiento, una grieta se abría en la propia noción de vanidad familiar. Gracias al socialismo, uno podía decir muy alto que su abuela “era analfabeta”, su padre “camionero” o que su madre “limpiaba escaleras”, y no solo la gente te votaba —que para eso lo decías—, sino que se restañaba una mezquindad milenaria al comprenderse de pronto que de los padres no puede uno avergonzarse nunca, porque son todos exactamente iguales: gente que no sabía lo que hacía.

Hoy uno se avergüenza más si sus padres tienen dinero que si carecen de patrimonio

Sin embargo, como sucede con todas las compensaciones sociales, la buena intención se pasa de frenada, siempre hay alguien que sube la apuesta y al final estamos en un momento en el que uno se avergüenza más si sus padres tienen dinero que si carecen de cualquier patrimonio. Después de la verdad, suele llegar el ridículo. Yo, sinceramente, prefiero con gran diferencia que mis padres me den motivos para estar orgullosos de ellos a que tenga que inventarme yo ese orgullo sobre el vacío absoluto de su paso por el mundo. Ayuda mucho a los hijos que sus padres hayan hecho algo con su vida. También ayuda bastante a los padres que sus hijos consigan hacer algo con la suya, pero ese es otro tema.

Indemnización

Frizt Zorn publicó en los años 70 'Bajo el signo de Marte', un libro donde expresaba un gran desprecio por sus padres, pertenecientes a la alta burguesía zuriquesa. La rigurosa educación recibida, y un ambiente familiar irrespirable, eran para Zorn los principales motivos de que hubiera enfermado de cáncer. Al mismo tiempo, vivía de la herencia de sus padres. Y escribe: “Considero ese dinero como mi indemnización: lo he recibido por innumerables dolores y sufrimientos; lo gané más dolorosamente que si fuera con el sudor de mi frente; lo gané con las lágrimas de mis ojos; y lo considero bien ganado y mío.”

Foto: Haciendo cuentas con dinero del que nunca disfrutaremos. (iStock)

Esta afirmación radical dentro de un libro violentísimo no deja de tener implicaciones más allá de la torturada familia de Zorn. Quizá todas las herencias familiares, incluso las recibidas de padres amantísimos, son, de hecho, una indemnización.

Para empezar, la indemnización por traerte al mundo, por empujarte cuesta abajo desde la nada inocente hacia una muerte segura e inútil. Visto así, toda herencia es muy merecida y nadie acumula más méritos para ninguna otra recompensa como para recibir graciosamente el patrimonio familiar. Philip Roth no tituló el libro dedicado a su padre: 'Miré a mi papá empujarme en el columpio' o 'El olvido que seremos'; lo tituló 'Patrimonio'.

Foto: En todas las familias cuecen habas. Opinión

Marta Ortega no recibe Inditex como lo recibiría —si ese fuera el capricho de Amancio Ortega Íñigo Errejón, por ejemplo. El motivo es que Errejón no ha tenido que soportar a un padre como Amancio Ortega, la vida como hija del hombre más rico de España de Marta. Errejón recibirá la herencia de los padres a los que ha aguantado. Porque la familia es una condena perpetua equivocada; errores que se pagan.

La familia es una condena perpetua equivocada; errores que se pagan

De hecho, hace poco adquirí una humilde vivienda en Carabanchel, después de los trámites enojosos por todos conocidos y de cierta sensación de huida hacia adelante. Tengo dos hijos. Pero no pensé en ellos como voy a revelarles hasta que no tuve la escritura de propiedad en mis manos, y las llaves en los bolsillos, y cuatro paredes a mi alrededor con las que podía hacer lo que se me antojara. En ese momento, viniendo de ninguna parte, una idea me atravesó la conciencia con toda su plenitud y su alegría, a pesar de que esa misma idea podía habérseme prefigurado en cualquier momento de la compra, o incluso mucho antes, cuando ni siquiera estaba en disposición de convertirme en propietario. La idea fue esta: cuando muera, mis hijos tendrán algo. Es decir, yo no pensaba, a las 24 horas de tener una casa, que yo tenía una casa; pensaba que mis hijos eran los que tenían esa casa, cuando, por su edad, ni siquiera entienden la diferencia entre vivir de alquiler o vivir en una casa propia.

Pocos alivios he sentido en mi vida como este: saber que mis hijos algún día puedan sentirse indemnizados.

A diferencia de usted, Marta Ortega ya sabe lo que hará el 1 de abril de 2022. Dirigirá Inditex, la empresa fundada por sus padres hace 35 años para fortalecer, entre otras, la marca Zara, creada a su vez en 1975. A muchos, esta designación intrafamiliar les ha parecido mal. No hay mérito en heredar, consideran; no hay mérito en nada, quieren decir. La prueba está en que la gente hereda emporios el 1 de abril de 2022 como quien va a la peluquería un día después. Es todo agenda genealógica, las páginas fatales de la clase social. Sin embargo, yo creo que, como hijos, nunca nos hemos esforzado ni nos esforzaremos más en todos los días de nuestra vida como por recibir la herencia de nuestros padres.

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