Eduardo Madina pide consejo a Patinir ante la decisión más importante de su vida
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Peio H. Riaño

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Eduardo Madina pide consejo a Patinir ante la decisión más importante de su vida

El diputado socialista se interesa por el cuadro más allá de su representación mitológica, porque "capta el fondo del alma humana"

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Es el momento de decidir. No de dudar. Caronte acaba de llegar al lugar en el que se presenta un canal a cada lado de la laguna Estigia. Es la decisión final, el alma a la que conduce debe optar por uno de los dos. Un alma desabrida, minúscula e indefensa ha mirado en dirección al camino fácil, el que lleva directamente a la perdición. Caronte observa de reojo al espectador, subrayando el error de la decisión al optar por lo cómodo y el Infierno. El otro, el difícil, desemboca en el Paraíso. Así de traicionero es el asunto: disponte a sufrir cómodamente en tu infierno para siempre.

No habrá salvación y Joachim Patinir (1480-1524) lo inmortaliza en el Paso de la laguna Estigia (1520), una de las obras maestras del Museo del Prado y la favorita de Eduardo Madina (Bilbao, 1976), diputado socialista por Bizkaia en el Congreso de los Diputados. Lo ha dudado por un instante, pero inmediatamente ha reconocido este cuadro como su favorito. Reconoce que “no resulta sencillo elegir una obra de, probablemente, la mejor pinacoteca del mundo”. “Es un museo que para mí es muy especial y que está dirigido por Miguel Zugaza, una de las personas a las que más admiro de nuestro país”, añade.

Madina destaca este cuadro por encima de los demás porque “representa el coste de las elecciones”

Habla de la relación con el arte en las distintas etapas de su vida. “Ahora, en este momento, elijo El Paso de la laguna Estigia. Es una obra de la primera parte del Siglo XVI, elaborada en medio de un ambiente humanista. Representa el momento de una decisión ya tomada”, comenta. Y destaca la calidad con la que Patinir ha representado el instante, no en vano se le reconoce como el primer pintor flamenco paisajista.

Más allá de los términos artísticos y de impacto vanguardista, Madina destaca este cuadro por encima de los demás porque “representa el coste de las elecciones”. “En el fondo, el cuadro más allá de su representación mitológica (cerbero, la laguna, el río del olvido), capta el fondo del alma humana. Patinir en el Prado es siempre para mí un encuentro muy especial”.

Sobre la crítica hora de decantarse por uno u otro lado asegura que las decisiones “aparentemente fáciles”, las más apetecibles, conducen “hacia los malos caminos”. “Las más difíciles, las de las convicciones y los valores, cuestan más, pero llevan por los buenos caminos”. Decidir sobre el futuro de uno mismo ya es un éxito, pero hacerlo sin condiciones ni condicionales es victoria asegurada.

Patinir clandestino

Las deudas formales con la pintura de El Bosco son tan evidentes, que podríamos considerarlas como citas pictóricas de Patinir. Para empezar, la fábula moral: lo que aquí se representa es el dilema de la posibilidad de tomar las elecciones libremente. Las consecuencias del libre albedrío. Pero se desmarca de su coetáneo en las vistas panorámicas que ofrece, donde adopta una preocupación humanista por la natura e impone la perspectiva para estructurar el espacio en fuga.

Jorge Semprún “elegía siempre la ubicación de este cuadro de Patinir para mantener conversaciones en encuentros clandestinos en El Prado“

Paisaje, tema, mitología no es suficiente. Este cuadro es tan significativo para Madina porque, además, Jorge Semprún (1923-2011) “elegía siempre la ubicación de este cuadro de Patinir para mantener conversaciones en encuentros clandestinos en El Prado durante los años del franquismo”. Desde luego, la imagen es impagable: conspiraciones en el museo. “Después he sabido que estuvo en origen en la habitación (creo recordar que de verano) de Felipe II”. De hecho, la obsesión del rey fue tan que llegó a tener diez obras suyas en su colección.

Su imaginario poético es diferente al de El Bosco, eminentemente surrealista. Ambos ejecutan con una técnica perfecta y un magnífico control sobre la luz y las sombras. Patinir es un pintor de azules y verdes, un artista que para hacerse más competitivo en Amberes –el gran centro comercial de pintura europea durante más de dos siglos- se inventó el género del paisaje, pero camuflado en un tema. Tuvo tanto éxito copiando la naturaleza y creando esas enormes vistas panorámicas de amplias extensiones que las réplicas le salieron a patadas. Hoy la copia es una costumbre incluso política.

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