Rafa Nadal o Carolina Marín nunca hubieran llegado a nada con la ministra Celaá

Frente a la nueva Ley de Educación, que permite pasar de curso sin límite de suspensos, sus respectivos entrenadores, Toni Nadal y Fernando Rivas, reivindican la cultura del esfuerzo

Foto: Rafa Nadal y Carolina Marín.
Rafa Nadal y Carolina Marín.

Rafa Nadal se lo confesó a Bertín Osborne en el programa 'Mi casa es la tuya': "Los entrenamientos eran intensos. Mi tío me apretaba tanto a nivel tenístico como emocional. Pasé momentos difíciles porque tensaba la cuerda y, a veces, la tensaba demasiado, pero aguanté todo lo que tenía que aguantar". Su tío era y es Toni Nadal, entrenador del jugador mallorquín durante 27 años, cuando Rafa ganó 75 títulos gracias a una exigente preparación en la que tan importante fue lo que hizo como lo que tuvo que renunciar a hacer.

Sin embargo, según la ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá, con la reforma educativa aprobada por el Gobierno se pretende "que nadie puede quedar atrás, porque un país necesita el talento de todos". Y para ello ha dado luz verde a las comunidades autónomas para que permitan a los alumnos pasar de curso sin límite de suspensos. Todo un contrasentido en materia de educación, salvo, claro está, que por educación se entienda adoctrinar (aún más) la sociedad, pues el talento nunca puede estar exento de trabajo y esfuerzo. Lo explicó una leyenda de la NBA como Larry Bird: "Es curioso, cuanto más entrenamos, más suerte tenemos".

De esto saben, y mucho, los técnicos del alto rendimiento deportivo, donde se llega gracias al talento, pero solo se mantienen quienes le añaden valores en desuso por culpa del 'subvencionismo' como el compromiso o el sacrificio. Junto a unas aptitudes más o menos innatas, pero que no por ello deben dejar de ser desarrolladas, son indispensables unas actitudes que están al alcance de cualquiera, aunque lógicamente cuestan. Hablamos de la llamada cultura del esfuerzo, en la que, como concluyó Howard Gardner, psicólogo, investigador y profesor de la Universidad de Harvard, no hay nadie brillante que no tenga detrás de sí muchas horas de trabajo.

"El éxito de Carolina es excepcional porque muchos de los que han triunfado en nuestro país lo han hecho en deportes que son muy populares en occidente. Sin embargo, lo que ha logrado ella es ser la número 1 en un deporte que es extremadamente popular en Asia". Sirvan estas declaraciones de Rafa Nadal, el mejor deportista español de la historia, para coronar a su versión femenina, Carolina Marín, la única jugadora de bádminton tres veces campeona del mundo, además de una olímpica y cuatro de Europa. Y es que si algo tienen en común Rafa y Caro, además de sus éxitos, es el enorme trabajo y esfuerzo que han tenido que hacer para conseguirlos.

Carolina Marín, Rafa Nadal y Fernando Rivas.
Carolina Marín, Rafa Nadal y Fernando Rivas.

Si hace cinco años Carolina no tuvo ningún reparo en agradecer a Nadal que le "dejara" conocerle, ahora es el tenista quien se descubre ante su compatriota en 'Carolina Marín, puedo porque pienso que puedo', la serie de Amazon Prime Video que se estrenó el 9 de octubre y, aunque a la ministra Celaá posiblemente no le guste, es altamente recomendable. Ya en 2014, justo cuando empezó su meteórica carrera al estrellato, Carolina dijo públicamente que "para mí Rafa es un ejemplo a seguir. Ambos tenemos el mismo carácter competitivo. Él lucha por todas las bolas, yo por todos los volantes, y hasta que no nos vemos muertos no damos nada por perdido".

Pero entre los muchos paralelismos que hay entre estos dos deportistas, hay uno especialmente importante, como son sus respectivos entrenadores, el ya mencionado Toni Nadal y Fernando Rivas. El primero cuenta que "después de ganar el primer Roland Garros (2005), le dejé una carta a Rafael en su habitación de hotel en la que desgranaba todas las cosas que había hecho mal durante el torneo y le hice una lista con todos los jugadores españoles que habían ganado un Grand Slam, preguntándole si quería ser mejor que ellos o se conformaba ya". "Sabía que lo que Rafael quería en el tenis, así que la única manera de prepararlo era endureciéndolo", explica el entrenador mallorquín.

"Yo creo poco en los talentos innatos"

Del mismo modo que el 'tío Toni' reconoce que "a veces le hice la vida muy difícil", en 'Carolina Marín, puedo porque pienso que puedo', nos encontramos con un Fernando Rivas que hace prácticamente lo mismo con su pupila, a quien empezó a entrenar en el CAR de Madrid con 14 años y ya lleva 12 con ella, algo, que, como la propia jugadora confiesa, les ha supuesto "muchas broncas". El documental muestra en primera persona la dureza de ganarlo todo. El sacrificio y la pérdida de infancia y adolescencia de Caro para alcanzar un objetivo que ella misma se puso cuando era una niña. "Quiero ser la mejor en todo", le dijo a su entrenador. Y lo logró.

Rafa Nadal, junto a Toni Nadal, durante un entrenamiento. (EFE)
Rafa Nadal, junto a Toni Nadal, durante un entrenamiento. (EFE)

"Yo creo poco en los talentos innatos", asegura Rivas. "Carolina es quien es por la capacidad de trabajo y por las horas de trabajo que acumula. Lo suyo no es talento, sino una capacidad de trabajo asombrosa y de renunciar a muchísimas cosas", añade el granadino. "Organizaba entrenamientos mucho más largos de lo habitual, le obligaba a entrenar con bolas malas en pistas muy adversas", confesó Toni Nadal en una entrevista con el diario suizo 'Blick'. "La verdad es que él fue el mejor alumno que podría imaginar. Su predisposición a aprender fue brutal y siempre entendió la dureza y la exigencia como un medio para obtener un fin. Un jugador debe hacer las cosas porque está convencido de ellas, no porque se le obliga", explica el mallorquín.

"La vida no es solo diversión"

Según Toni, "un entrenador debe saber cuándo es preciso ser exigente y cuándo debe contenerse. Cuando Rafael ha pasado por momentos complicados o ha dudado de sí mismo, siempre busqué darle motivación, ánimos e intentar fortalecerlo. Pero cuando las cosas van bien, siempre le pedí algo más. Vivimos en un mundo en el que la gente solo quiere divertirse, incluso cuando está entrenando, pero la vida no es solo diversión. La mayoría se frustra cuando las cosas no van bien y no están dispuestos a cambiar sus hábitos. El que necesita ser elogiado no va a mejorar nunca".

En 'Carolina Marín: puedo porque pienso que puedo' se ve plasmado todo lo que dice el que fuera entrenador de Nadal, pues lo pone en práctica su colega Fernando Rivas, un auténtico referente del bádminton mundial y un tesoro para la federación española de este deporte. No en vano se trata de una historia sobre el sacrificio, en la que se enseña lo que hay detrás del éxito deportivo y la fama. "Carolina y deportistas como ella no tienen tiempo para tener una vida ordinaria", asegura su entrenador. Una exigencia admitida y valorada por la deportista, que le ha servido para llegar donde ha llegado y volver como ha vuelto detrás de una grave lesión.

Toni Nadal y Fernando Rivas, en la Caja Mágica de Madrid.
Toni Nadal y Fernando Rivas, en la Caja Mágica de Madrid.

En el máximo nivel de tensión entre jugadora y entrenador todo cambia en una charla catártica que ambos tienen con las cámaras de testigo. Una conversación real que sirve para alcanzar un punto de confluencia. Tal y como se apunta en las críticas de la serie, el 'malo' Fernando Rivas le explica a la 'sufrida' Carolina Marín que "si te conviertes en una persona normal, dejas de hacer cosas extraordinarias". Cosas de lo más normales que, tras haberse puesto como objetivo ser la mejor jugadora de la historia del bádminton, no se puede permitir. "Yo no tengo ninguna intención de controlar tu vida personal, pero mi trabajo es hacerte reflexionar sobre lo que tu ocio te puede costar", le dice Fernando a Carolina.

Precisamente por esa máxima exigencia en su día a día, la onubense reconoce a lo largo del documental de Amazon que "a los amigos los cuento con los dedos de una mano y me sobran. Tengo muy pocos". Del mismo modo que acepta que "me he perdido muchas cosas, lo sé, pero ha merecido la pena, pues he tenido todas las recompensas que de pequeña soñaba". Otra lección de humildad, además de una gran capacidad de sufrimiento, indispensables en la cultura del esfuerzo.

Por suerte, el ministerio de Educación ya no es también el de Cultura y Deporte, pues seguro que a la ministra Celaá los ejemplos de Rafa Nadal y Carolina Marín no le parecerían convenientes en su ridículo planteamiento de que "nadie se quede atrás" y para ello se premia a los que suspenden. Y no digamos ya los métodos empleados por sus respectivos entrenadores y formadores. Como suele decir Fernando Rivas a sus pupilos del CAR de Madrid, "piensa que mientras tú no te entrenas, hay un chino que se está entrenando". Aplíquenlo al estudio y entenderán que la ley Celaá no solo no hará competitivos a los jóvenes españoles, sino que, salvo que se esfuercen y aprueben, les convertirá en acomodados incompetentes.

A mi bola
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