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Irene Lozano, Pedro Sánchez y el CSD: otra presidenta de usar y tirar
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Kike Marín

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Irene Lozano, Pedro Sánchez y el CSD: otra presidenta de usar y tirar

Al igual que hizo con su antecesora en el cargo, María José Rienda, el presidente del Gobierno utiliza a una mujer como medida populista y desprecia al Deporte español

Foto: Irene Lozano, entre Rienda y Rodríguez Uribes, en su toma de posesión. (EFE)
Irene Lozano, entre Rienda y Rodríguez Uribes, en su toma de posesión. (EFE)

Como los malos proyectos, el mandato de Irene Lozano al frente del exitoso deporte español empezó mal y poco más de un año después ha terminado peor. Primero, porque Pedro Sánchez la escogió principalmente por ser mujer, un claro ejemplo de desigualdad de género hacia los hombres y que no es lo que reivindican las mujeres. Y, segundo, porque lo hizo con el único aval de "haber dado forma literaria" a su 'Manual de resistencia', según confirma el propio presidente del Gobierno en el prólogo de su libro. Es decir, sin ninguna experiencia y preparación para la gestión de un organismo tan importante como el Consejo Superior de Deportes (CSD).

Cabe recordar que Lozano sustituyó en el cargo a otra mujer, María José Rienda, quien al menos tenía el bagaje de haber sido deportista de élite, con presencia en cinco Juegos Olímpicos y seis victorias en pruebas de la Copa del Mundo de esquí, además de llegar al CSD desde la Junta de Andalucía, donde ejercía de Directora General de Actividades y Promoción del Deporte. La granadina fue la primera mujer después de trece hombres que ocupó la secretaría de Estado para el Deporte, aunque no aguantó en el puesto ni dos años y fue destituida por el ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, con una mísera llamada de teléfono.

Foto: Irene Lozano, el pasado mes de julio, cuando se conmemoró el décimo aniversario del Mundial de Fútbol de 2010. (EFE)

Precisamente, el mencionado Rodríguez Uribes ha sido, junto a su amigo y presidente del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco, decisivo en la caída de Lozano, pues nadie se cree la versión oficial de que es Irene la que ha "abandonado el cargo" para incorporarse a la lista de Ángel Gabilondo, candidato del PSOE en las próximas elecciones del 4 de mayo a la Comunidad de Madrid. En el laboratorio propagandístico de Moncloa llevaban tiempo sin saber dónde recolocarla. Sonó como embajadora de España en Londres, pero ha terminado volviendo al lugar del que salió: el barro de la política. Lo cierto es que la relación entre Uribes y Lozano empezó torcida, pues en la toma de posesión en la sede del CSD, José Manuel tuvo que recordar públicamente que él era el ministro de Cultura "y también de Deportes".

Curiosamente, y por más que durante su breve estancia en el CSD no se haya cansado de reivindicar la igualdad y el empoderamiento de la mujer, lo que Irene ha experimentado es el 'empobrecimiento' de la mujer, así como del propio deporte español. Aunque suene duro, ha sido otra presidenta de usar y tirar y le echan sin que le haya dado tiempo a tener un borrador de la nueva Ley del Deporte, una ley antidopaje que no pasa de ser un anteproyecto y la cacareada profesionalización del fútbol femenino que quiso dejar atada antes de irse. Lo hizo en un acto en el que presentó la 'Liga Ellas', un auténtico galimatías de competición, y en presencia, además de la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, del presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, en sustitución del de la Federación Española de Fútbol (RFEF), y sin el ministro...

Engatusada en sus inicios por un Rubiales del que le hubiera bastado recordar que tiene pendiente sentarse delante de un juez en Valencia por un posible delito de lesiones a una mujer, para cuando Irene Lozano quiso darse cuenta de que había elegido el lado equivocado de una guerra que en realidad no es sino una especie de intifada de la RFEF contra LaLiga, ya era demasiado tarde. Si de por sí era complicada de gestionar, la pandemia del coronavirus le vino demasiado grande y su contacto con el deporte español se limitó a hablar y hacerse fotos con deportistas en lugar de ayudar a sus gestores a salir de una situación más que complicada.

placeholder Irene Lozano, junto a la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo. (EFE)
Irene Lozano, junto a la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo. (EFE)

Volviendo al siniestro Rubiales de Arabia, lo cierto es que antes que Lozano, Rienda también sufrió la presiones del "amigo de Pedro", como les gustaba recordarles a las dos últimas secretarias de Estado para el Deporte el presidente de la RFEF. "Si sigue por este camino va a haber una situación de incomodidad y seguramente una respuesta", le advirtió públicamente Rubiales a María José, sí, casualmente la misma semana en la que el diario 'El Mundo' publicó una información en la que se le acusaba de haber utilizado una sociedad instrumental para ingresar 1,4 millones de euros en sus tiempos como deportista de élite. A diferencia de lo sucedido con el ministro Màxim Huerta, quien se vio obligado a dimitir, el caso de Rienda quedó en nada, pero quedó señalada.

Nunca abandonó el barro de la política

Aunque en realidad nunca dejó de hacerlo durante su breve y estéril mandato, Irene Lozano también ha seguido haciendo política antes incluso de abandonar el CSD, es decir, todavía como presidenta de todos los deportistas y no solo los de su partido. Así, después del mencionado último ejercicio de postureo hacia el fútbol femenino, entró en directo desde el propio CAR en el programa 'Al Rojo Vivo' para asegurar que "es muy importante sumar en este momento a todos los madrileños que quieren para Madrid un futuro que no sea convertirnos en un referente internacional del turismo de borrachera" e incluso se permitió criticar "la mala gestión de la pandemia" que ha llevado el Gobierno de la Comunidad de Madrid. Cabe recordarle que si fuera por ella, el Deporte español aún estaría confinado y sin un protocolo anti-Covid...

"Plantear que mi cargo es un premio de consolación me parece ofensivo para la gente del deporte", dijo Lozano al poco de ser nombrada Secretaria de Estado de una materia que desconocía por completo y así los demostró desde sus primeras y osadas entrevistas que ni siquiera se preocupó de preparar. No, Irene, lo que fue ofensivo para "la gente del deporte" ha sido tener al frente del CSD a alguien, no solo puesta a dedo y con fines puramente políticos, sino que en todo momento ha resultado prescindible porque no aportaba nada. Y así lo demuestra el hecho de que se prescinda de ella a cuatro meses para los Juegos Olímpicos de Tokio.

El ministro Uribes debería darse prisa en buscar un sustituto —o quién sabe si una sustituta— para Irene, aunque todo apunta a que la decisión la tomará el mismo que nombró a Rienda y a la propia Lozano, sin por supuesto importarle el futuro del deporte español. Parafraseando el título del primer libro de la trilogía 'Millennium' de Stieg Larsson, 'Los hombres que no amaban a las mujeres', de Sánchez podría decirse que es el presidente que no ama a las mujeres, sino que las utiliza. Presidentas de usar y tirar como María José e Irene, ya saben...

Como los malos proyectos, el mandato de Irene Lozano al frente del exitoso deporte español empezó mal y poco más de un año después ha terminado peor. Primero, porque Pedro Sánchez la escogió principalmente por ser mujer, un claro ejemplo de desigualdad de género hacia los hombres y que no es lo que reivindican las mujeres. Y, segundo, porque lo hizo con el único aval de "haber dado forma literaria" a su 'Manual de resistencia', según confirma el propio presidente del Gobierno en el prólogo de su libro. Es decir, sin ninguna experiencia y preparación para la gestión de un organismo tan importante como el Consejo Superior de Deportes (CSD).

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