Karembeu, ídolo en un país que encerró y trató a su abuelo como un caníbal

Karembeu es uno de esos futbolistas que puede presumir de haber ganado todo en el fútbol. Como internacional, defendió la camiseta de Francia, país que señaló a su abuelo como un caníbal

Foto: Karembeu, durante un momento del programa
Karembeu, durante un momento del programa

Actualmente, en TVE se está emitiendo una serie de documentales llamados 'Tribus XXI' que llevan al ex futbolista Christian Karembeu a visitar diferentes comunidades históricas. Pese a compartir tiempo con nosotros, permanecen ancladas en sus tradiciones y ritos, más próximas a la Prehistoria que al tecnológico y avanzado siglo XXI. El choque cultural impresiona. El interés de Karembeu por estas tribus rudimentarias no viene de ahora, sino de mucho antes. Antes incluso de que pudiera presumir de haberlo ganado todo en el planeta fútbol. Campeón del Mundo, de Europa y de la Copa Confederaciones con la Selección francesa. Dos veces ganador de la Champions y una de la Copa Intercontinental con el Real Madrid, también sumó otros títulos con Nantes y Olympiakos, en una amplia carrera que le llevo por Italia, Inglaterra y Suiza.

Sin embargo, la vida de Karembeu nunca fue fácil. El jugador nació en el archipiélago oceánico de Nueva Caledonia, perteneciente a Francia. Con apenas 230.000 habitantes, la ONU lo tiene aún como territorio pendiente de descolonización. En 2018 se celebró un referéndum por la independencia, pero acabó imponiéndose el 'no'. Nueva Caledonia lleva desde mediados del siglo XIX bajo dominio galo. Este fue el lugar de procedencia de Christian Karembeu y sus 18 hermanos. Desde esta isla en el Pacífico fue captado por un ojeador del Nantes, que se lo llevó a la ciudad para que se dedicara al fútbol. Karembeu llegó influido por una trágica vivencia familiar.

Karembeu, con la camiseta del Real Madrid en un partido entre jugadores históricos del club. (EFE)
Karembeu, con la camiseta del Real Madrid en un partido entre jugadores históricos del club. (EFE)

Un zoológico de humanos

En la Europa de principios del siglo XX, aún imperialista y que dirigía colonias a miles de kilómetros de distancia, era común organizar exposiciones que servían como muestra de esas naciones distantes. El objetivo: justificar el dominio y la superioridad moral que occidente tenía que aplicar sobre ellas. En las ferias no había problemas en mostrar los estilos de vida que allí se pregonaban. Ritos, costumbres, edificios, formas de actuar... y eso incluía a los propios nativos en un demencial zoológico de humanos. Indígenas traídos de los lugares donde las potencias ejercían su dominio y que eran mostrados en jaulas junto a otras bestias y animales.

En las exposiciones primaban descripciones sobre sus primitivas costumbres, tan alejadas, por ejemplo, de las de una urbe como París, ciudad de las luces, el progreso y el desarrollo. En amplios pabellones se enseñaba a árabes, asiáticos, africanos, oceánicos... ataviados todos ellos con sus particulares vestimentas y herramientas. La exposición de París de 1931 contó con un amplio dispositivo organizativo de la República Francesa, pero también participaron EEUU, Japón, Italia, Portugal, Holanda y Reino Unido. Se estima que a lo largo de los seis meses que duró, la muestra llegó a tener más de 30 millones de visitantes. Unas cifras increíbles para la época.

Christian Karambeu (d), con la selección francesa en la Eurocopa del año 2000. (Imago)
Christian Karambeu (d), con la selección francesa en la Eurocopa del año 2000. (Imago)

Willy, su abuelo

Entre los indígenas de Oceanía expuestos se encontraba Willy Karembeu. Un hombre traído de Nueva Caledonia, al que se mostraba como un caníbal que se alimentaba de sus semejantes y, aparte de ser violento, se comunicaba en un dialecto extraño. Por supuesto, no era cierto, pero eso no importaba. No había manera de corroborarlo en los años 30 para una familia occidental que visitaba París. Los niños tenían a alguien a quien temer, los adultos para reflexionar sobre la superioridad moral de la civilización occidental y los políticos para justificar el estatus que ejercían sobre esos territorios.

La historia del abuelo de Karembeu fue narrada en el libro 'Cannibale' de Didier Daeninckx. Las secuelas por esos seis meses que estuvo expuesto en una jaula, mientras era observado desde los barrotes por los hombres 'civilizados', le perduraron toda la vida. 70 años después, sobre el mismo París, a escasa distancia de donde se celebró la Exposición Universal, su nieto, luciendo la camiseta francesa se proclamaba Campeón del Mundo de fútbol.

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