La mayor pérdida de poder adquisitivo de los salarios en 20 años
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Juan Ramón Rallo

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La mayor pérdida de poder adquisitivo de los salarios en 20 años

En 2021, experimentaremos el mayor descenso de los salarios reales de las últimas dos décadas

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El triunfalismo laboral del Gobierno es en parte comprensible por los buenos datos que han ido mostrando las estadísticas laborales durante los últimos meses: no es que la intensidad de la recuperación en nuestro mercado laboral sea inédita en el panorama global (todos los países que han derrotado al virus están experimentando un rebote laboral de intensidad parangonable), pero desde luego la cifra de parados no es ni remotamente parecida a aquella que se esperaba al comienzo de la pandemia ante el riesgo de que todo se viniera abajo. Mas ese triunfalismo laboral debería ser matizado en dos aspectos.

El primero, que podríamos estar ante una recuperación del empleo con muy baja productividad. Si las cifras que ofreció el INE hace unas semanas sobre el modesto ritmo de crecimiento del PIB durante el segundo trimestre del año no se ven enmendadas por una aceleración de su ritmo de expansión durante el tercer y cuarto trimestre, habremos creado mucho empleo en relación con lo poco que habrá crecido el PIB, esto es, habremos creado empleo muy poco productivo. Nótese que crecimientos similares del PIB (en torno al 1% intertrimestral) se lograron en el pasado con aumentos de las horas trabajadas alrededor de tres veces inferiores: si ahora hemos creado mucho más empleo creciendo lo mismo, es que ese empleo es escasamente productivo.

El segundo, que en 2021 experimentaremos, casi con absoluta seguridad, el mayor descenso de los salarios reales de las últimas dos décadas. Recordemos que el salario real es el salario nominal corregido por los precios: si los salarios nominales suben, pero los precios se incrementan en mayor medida, entonces los salarios reales se reducen. A estas alturas del año, el incremento del IPC ya se ubica en el 4% y no es probable que descienda (más bien al revés): de ser así, 2021 será el ejercicio de mayor inflación en todo el siglo XXI… con la posible excepción de 2008. Ese año, en el que se nos abrieron las puertas de la terrible crisis económica 'subprime', los precios también se incrementaron un 4%, pero como los salarios (medidos a través de los negociados por convenio) se incrementaron un 3,6%, la reducción del salario real no llegó siquiera al medio punto.

En esta ocasión, sin embargo, parece que el alza salarial no alcanzará el 2%: no solo porque el Gobierno ya ha fijado ese porcentaje para los empleados públicos, sino porque los convenios colectivos solo han registrado hasta septiembre una revalorización del 1,46% (un porcentaje relativamente estable en anteriores meses del año). Dicho de otra manera, avanzamos con paso firme hacia una contracción de los salarios reales de, como poco, un 2% que bien podría llegar a ser del 3%. Hasta el momento, la mayor pérdida de poder adquisitivo en lo que llevamos de siglo la habían experimentado los trabajadores en el fatídico 2012 (el año en que estuvimos a punto de quebrar): por aquel entonces, los salarios nominales en convenio apenas aumentaron un 1%, mientras que los precios crecieron un 2,4%, de modo que los salarios reales retrocedieron un 1,4%. Pero estamos diciendo que, en 2021, el recorte salarial puede llegar a duplicar el peor registro en 20 años.

A este respecto, es verdad que tanto en 2019 como en 2020 se experimentaron fuertes alzas en los salarios reales que, en parte, compensarían la merma de 2021 (pero eso también podríamos decir que sucedió parcialmente 2009 frente a la caída posterior de 2010, 2011, 2012 y 2013). Por tanto, los trabajadores acogidos a convenio perderán en este 2021 buena parte del poder adquisitivo que ganaron en 2019 y 2020. Quizás esa ganancia de poder adquisitivo en 2019 y 2020 facilite un mayor 'aguante' de los trabajadores frente a la erosión de los salarios reales que están ahora mismo experimentando.

Pero la cuestión es precisamente esa: ¿cuánto tiempo tardarán los trabajadores en exigir alzas en sus salarios nominales si la inflación continúa golpeándolos? Como ya hemos expuesto en otras ocasiones, la inflación actual puede que tenga una naturaleza transitoria, pero si penetra en las expectativas de los agentes económicos, entonces bien podría terminar enquistándose. Y una espiral precios-salarios es una de las vías más comunes en que las expectativas de los agentes pueden verse persistentemente alteradas. Si no se ataja con prontitud el actual impulso inflacionista, terminará afectando a los salarios y, a partir de ahí, nos expondremos al riesgo de descontrol inflacionista o, si la política monetaria no acomoda la situación, de fuerte pérdida de competitividad.

El triunfalismo laboral del Gobierno es en parte comprensible por los buenos datos que han ido mostrando las estadísticas laborales durante los últimos meses: no es que la intensidad de la recuperación en nuestro mercado laboral sea inédita en el panorama global (todos los países que han derrotado al virus están experimentando un rebote laboral de intensidad parangonable), pero desde luego la cifra de parados no es ni remotamente parecida a aquella que se esperaba al comienzo de la pandemia ante el riesgo de que todo se viniera abajo. Mas ese triunfalismo laboral debería ser matizado en dos aspectos.

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