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¿Peligra la hegemonía monetaria del dólar tras las sanciones contra Rusia?
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Juan Ramón Rallo

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¿Peligra la hegemonía monetaria del dólar tras las sanciones contra Rusia?

El espejismo de que estas monedas estatales son monedas neutrales y universales se ha quebrado para siempre y eso necesariamente afectará a la evolución futura de su demanda

Foto: Foto: Reuters/Archivo/Dado Ruvic.
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Tras el abandono del patrón oro, el mundo no dispone de un estándar monetario global. No, al menos, de manera oficial. Eso no significa, empero, que ese estándar monetario global no sea necesario: del mismo modo que un individuo necesita mantener reservas de liquidez frente al resto de la sociedad para poder hacer frente a gastos imprevistos, un Estado también necesita disponer de reservas de liquidez frente a la economía global para hacer frente a gastos imprevistos y que no puede atender a partir de la producción dentro de su jurisdicción. La cuestión, por consiguiente, pasa a ser qué activo monetario puede desempeñar ese necesario papel de moneda de reserva global, esto es, qué divisas(s) tiende(n) a mantener en cartera los bancos centrales para efectuar pagos al extranjero.

Y a este respecto la respuesta es contundente: el euro y sobre todo el dólar son las dos principales monedas de reserva globales. El 60% de las reservas exteriores de los bancos centrales está materializado en dólares y el 20% en euros. A mucha distancia se ubican otras divisas como la libra (5%) o el yuan (2%). ¿Por qué el dólar y el euro son mayoritariamente las reservas globales? Pues porque son monedas emitidas por Estados solventes, que controlan economías de gran tamaño e interrelacionadas con el resto del planeta, cuyas instituciones de gobernanza monetaria transmiten confianza en la preservación del valor de la divisa y alrededor de las cuales se han generado importantes efectos red que las vuelven especialmente convenientes.

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Ahora bien, este estatus privilegiado del euro y sobre todo del dólar dentro de las relaciones financieras globales podría empezar a resquebrajarse tras las históricas sanciones impuestas contra Rusia. Recordemos que la represalia más dañina de cuantas han aplicado hasta el momento EEUU y la Unión Europea ha sido la de congelar todas las reservas exteriores de Rusia que estén denominadas en dólares o euros (sobre el oro en territorio ruso o sobre los yuanes, no pueden ejercer control alguno). Es decir, que por primera vez se han utilizado el dólar y el euro como armas de guerra: en lugar de mantenerlas como infraestructuras neutrales para ambos lados del conflicto militar, uno de los bandos (que obviamente es a la vez el emisor de los dólares y de los euros) las ha utilizado para dañar al otro bando (asfixia financiera). Y al margen de que estemos a favor o en contra de ese tipo de represalias, sus repercusiones serán inevitables: si monedas 'fiat' como el dólar o el euro pasan a ser percibidas no como activos monetarios neutrales sino como activos monetarios que son administrados (al menos en determinadas circunstancias) para el beneficio privativo de los emisores y en contra de sus tenedores, entonces los gobiernos extranjeros (especialmente aquellos que teman tener conflictos con EEUU o la Unión Europea en el futuro) tratarán de minimizar sus tenencias de dólares o de euros (lo cual alimentaría todavía más la inflación en EEUU y la eurozona).

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Por supuesto, lo anterior no implica que el dólar o el euro vayan a ser inmediatamente destronados como activos de reserva. En esencia, porque por mucho que algunos países, como Rusia o China, deseen reducir al mínimo su cartera de ambas monedas 'fiat', ahora mismo no existe ninguna alternativa realista: el oro físico (al cual Putin ya convirtió en el segundo activo exterior de Rusia probablemente temiendo que sucediera algo parecido a lo que ha terminado ocurriendo) no es fácil de vender a gran escala y con rapidez salvo en grandes transacciones bilaterales entre bancos centrales; el bitcoin sigue mostrando demasiada volatilidad como para que pueda desatesorarse a un valor estable en el muy corto plazo, y el yuan continúa sometido a controles de capitales, lo cual lo vuelve muy poco propicio como medio de intercambio internacional.

En definitiva, a corto plazo, la posición del dólar o del euro parece sólida por falta de alternativas reales. Sin embargo, el espejismo de que estas monedas estatales son monedas neutrales y universales se ha quebrado para siempre y eso necesariamente afectará a la evolución futura de su demanda y, por tanto, de su valor.

Tras el abandono del patrón oro, el mundo no dispone de un estándar monetario global. No, al menos, de manera oficial. Eso no significa, empero, que ese estándar monetario global no sea necesario: del mismo modo que un individuo necesita mantener reservas de liquidez frente al resto de la sociedad para poder hacer frente a gastos imprevistos, un Estado también necesita disponer de reservas de liquidez frente a la economía global para hacer frente a gastos imprevistos y que no puede atender a partir de la producción dentro de su jurisdicción. La cuestión, por consiguiente, pasa a ser qué activo monetario puede desempeñar ese necesario papel de moneda de reserva global, esto es, qué divisas(s) tiende(n) a mantener en cartera los bancos centrales para efectuar pagos al extranjero.

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