El término fijo de la luz perpetúa los beneficios de las empresas tradicionales

¿Qué parte de los costes de las redes eléctricas vamos a pagar a través del término fijo de la factura y qué parte quedará en el variable, el que depende de la energía consumida?

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En estos últimos meses se suceden noticias sobre los recortes que se avecinan a la retribución de eléctricas y gasistas. Todos ellos derivan de una intensa actividad regulatoria que está llevando a cabo el macro regulador, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, CNMC, que en enero vio transferidas a su seno multitud de competencias que hasta la fecha habían ostentado los Gobiernos.

Muchas de estas nuevas competencias se refieren a actividades dentro del sector energético para las que no existe competencia y que, por tanto, no pueden ser retribuidas por mecanismos de mercado. Se trata, por ejemplo, de determinar lo que las empresas deben cobrar por construir, operar y mantener redes de electricidad y gas, cuya duplicación carecería de sentido.

El trabajo, además de intenso por su multiplicidad, es acelerado, pues la mayoría de las más de una decena de nuevas normas debe estar aprobada antes de finalizar el año.

Entre esta vorágine de circulares y resoluciones se debate estos días un aspecto que ha pasado bastante desapercibido en los medios y cuya importancia es capital tanto para determinar lo que vamos a pagar en nuestra factura de la luz como para materializar las posibilidades de que los ciudadanos podamos hacer más sostenible nuestro consumo de energía. Se trata de qué parte de los costes de las redes eléctricas vamos a pagar a través del término fijo de la factura y qué parte quedará en el variable, el que depende de la energía consumida.

Al Gobierno de Mariano Rajoy le bastaron seis meses para duplicar el precio del término fijo de la luz, lo que llevó a muchos ciudadanos a quejarse porque cada vez pagaban más a pesar de que concentraran sus esfuerzos en que su consumo fuera decreciendo.

Detrás de esta estrategia, reivindicada recientemente en una tribuna en este mismo medio, se esconde la idea de garantizar pagos a las empresas eléctricas con independencia de que consumamos más o menos.

El hecho es especialmente relevante en un momento de auténtica revolución en el sector energético, impulsada por unas fuentes de energía que, además de ser renovables, resulta que ahora son más baratas que las convencionales y están al alcance de todos. No hace falta ya tener un capital de miles de millones para ponerse unos paneles solares en el tejado de casa, comprarse un coche eléctrico y sustituir la calefacción tradicional por una bomba de calor que conjuntamente, te conducen a una autosuficiencia casi total pagando menos que ahora y que, por si fuera poco, te regalan excedentes de energía que puedes intercambiar con tus vecinos.

Pues bien, en este contexto, los servicios técnicos de la CNMC han hecho una propuesta en la que sostienen que en el ámbito doméstico la totalidad de los costes de las redes eléctricas deben satisfacerse a través del término fijo de la factura de la luz. Su argumentación es la siguiente: “las redes se diseñan para abastecer la potencia que demandan los consumidores en la hora de máxima demanda del sistema, independientemente de que el resto de las horas del año la demanda sea nula, lo que justifica que el coste de las redes sea de naturaleza mayoritariamente fija y, coherentemente, sea asignado al término fijo de los peajes.”

A primera vista resulta razonable, pero si uno profundiza un poco enseguida se da cuenta de que todos los negocios tienen costes fijos, pero prácticamente ninguna actividad económica permite su traslado como precios fijos a los clientes, con independencia de que al empresario siempre le resultara mejor (menos arriesgado) hacerlo y de que, sin duda, fuera mucho más sencillo para él.

Cuando vamos a la panadería, por ejemplo, no nos cobran 1 € por barra y luego un componente variable en función de su composición, a pesar de que los costes del local y personal, que son con diferencia los mayores, sean esencialmente fijos. Es más, en el propio sector energético se encuentran muchos ejemplos en el mismo sentido: en las gasolineras no nos cobran 5 € por entrar y un coste variable por litro de combustible. Todos los costes fijos se reparten entre los litros que se prevén vender.

Pero es que, además, el actual componente fijo de la factura eléctrica está suponiendo un freno a la innovación en el sector.

Quien tiene un vehículo eléctrico, por ejemplo, y no cuenta con plaza de garaje en su casa, debe pagar un segundo término fijo para la carga de su vehículo, aunque típicamente lo carga de noche y, por tanto, sumando su curva de consumo doméstico a la de su coche no hace uso adicional de la red al que haría si lo cargara desde su casa.

El autoconsumo compartido de energía solar en comunidades de propietarios es, por su parte, innecesariamente complejo como consecuencia del término de fijo. Sin él podrían fácilmente agruparse consumos y aplicar la generación al conjunto, repartiendo luego internamente en la comunidad los costes de cada cual (como se hace, por ejemplo, en otros suministros como el agua). No tiene sentido que pague igual término fijo una comunidad cuyos vecinos consumen energía simultáneamente otra en la que se reparte el consumo entre horas, pues ambas originan un coste de red muy diferente.

En resumidas cuentas, seguir aplicando costes fijos a nuestros recibos energéticos dificulta la transformación del modelo y perpetúa los beneficios de las empresas tradicionales.

Los nuevos contadores “inteligentes”, por su parte, ya permiten que pague más quien consume más a las horas en las que la red está más saturada y que, por el contrario, prácticamente no se pague nada por la red cuando se usa en horas valle. Unido a ello, la actual proliferación de todo tipo de dispositivos electrónicos de control y programación de electrodomésticos ya permite que trasladar consumos de gas o gasoil a la electricidad no implique un mayor desembolso del consumidor en concepto de redes, siempre el consumo evite los periodos de máxima demanda.

No es de recibo, por otra parte, poner en entredicho la independencia del Consejo de la CNMC ante la posibilidad de que desoiga alguna recomendación de sus servicios técnicos. Hay que recordar que es aquél y no éstos quien es responsable sobre las decisiones del organismo y que, por tanto, su actuación no puede estar restringida por los informes de sus servicios técnicos. Mucho menos cuando, como se ha visto, una decisión de calado como la que nos ocupa se pretende cimentar en un argumento más que discutible.

Si cayéramos en el error de atacar al organismo por su supuesta falta de independencia podríamos igualmente dar por buenos, por ejemplo, a los corrillos del sector, en los que se afirma desconocer algún caso en el que la consultora NERA haya ido en contra de las tesis de Iberdrola.

Que la deficiente regulación eléctrica mejore es responsabilidad compartida. Sin duda, una imputación adecuada de los costes para que quien mayor coste induce más pague es esencial. Seguir aumentando el término fijo de la factura en lugar de reducirlo no fomenta la reducción de consumo tan necesaria para cumplir con los objetivos climáticos ni tampoco la esencial aplicación de la innovación que está invadiendo el sector.

Jorge Morales de Labra

Director de Próxima Energía. Patrono de la Fundación Renovables

Tribuna
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