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Aún Ucrania no ha muerto
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Mariano Vergara

Al sur del sur

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Aún Ucrania no ha muerto

Nada justifica una invasión a sangre y fuego de una nación independiente y soberana, reconocida como tal en el mundo entero y que tiene todo el derecho a tomar las decisiones que considere convenientes en el ejercicio de esa soberanía

Foto: Bandera de Ucrania. (EFE/Alessandro Di Marco)
Bandera de Ucrania. (EFE/Alessandro Di Marco)

Este es el título del hermoso himno nacional de Ucrania. Aunque los pacifistas de panza colmada y blandos pensamientos no lo crean, hay bellísimos versos en algunas canciones nacionales, que no otra cosa son los himnos. El nuestro no tiene letra porque somos una nación inacabada. Los ucranianos, gente aguerrida y descendiente de los cosacos, no cantan “que una sangre impura riegue nuestros surcos” como cantan los civilizados franceses. Ingenua y delicadamente cantan que “el destino nos sonreirá” y que “el enemigo se derretirá como el rocío bajo el sol” con la solemnidad de los grandes coros de los países del este y el aire resignadamente orgulloso de saber que luchan contra el destino.

En el bajo vientre de Europa reventó la I Guerra Mundial, en el mismo escenario se engendró la II y en parecido escenario está a punto de abortarse la III. Mientras tanto, en una increíble muestra de ignorancia y frivolidad, aquí en la Unión Europea, que ha vivido décadas en la estupidez del pacifismo inexistente más que en los arruinados cerebros de los amantes de 'Imagine' y otras víctimas de los planes de estudiar jugando, celebramos el carnaval. En esos planes de juegos locales se enseñó a intelectuales de salón, autonombrados profesores de universidad, periodistas de tertulias salvatorias y demás especímenes conformadores de cerebros lavados y centrifugados, que Ucrania es una nación inexistente, creada por los dos monstruos antecesores del actual de la infernal triada soviética: Lenin, Stalin y Putin, que sería el redentor.

Foto: Plaza de la Independencia de Kiev, en 2015. (EFE/Sergey Dolzhenko)

Ucrania no es una democracia occidental. Pero sí quiere serlo, encabezada por un pequeño exactor cómico, Vladimir Zelenski, que lleva camino de convertirse en un héroe como los grandes de la historia, como los cantados por poetas, músicos y escultores. Un desconocido, un donnadie, que se atreve a resistir, que no huye ante la soberbia aplastante, indigna e indecente de la Rusia invasora. Tampoco son democracias algunos de los nuevos miembros de la Unión Europea, que entraron en el club, como en el metro de Tokio, a empujones de Alemania, que es el quid de la cuestión, como siempre.

El expansionismo ruso ha existido desde sus inicios como algo más que una tribu. Desde que se creó el Rus de Moscú, nacido del Rus de Kiev, que existía desde el siglo IX, cuando los cosacos lo crearon junto al Dniéper. Ucrania es la madre de la que nace Rusia, impregnada de bizantinismo, convertida al mundo y religión ortodoxos, que han sustituido a Roma en la cabeza de la verdadera interpretación de la religión cristiana en aquel mundo dorado, incensado, arcangélico y diaconado de la más alta civilización. Roma, Constantinopla y ahora Moscú que aspira a ser la Tercera Roma. Y Putin, en su ordinaria y zafia maldad, soñando reconstruir el Imperio perdido en una mareante ceremonia en la catedral de Kiev. El Imperio Romano, el Sacro Romano Imperio Germánico, el Imperio Ruso, heredar las esencias de los que se ha considerado como la culminación del sueño europeo. A nuestro Carlos V siempre se le llamó el César. Estas cuestiones histórico/legendarias tienen ya poca importancia.

Foto: Mural con la imagen de Vladímir Putin como Voldemort en Polonia. (EFE/Jakub Kaczmarczyk)

Ucrania es un país corrupto, como Rusia y todos los antiguos comunistas. No son demócratas y nadie les ha dado nunca la oportunidad de serlo. Las zonas rusófonas de Ucrania han sido repobladas con rusos desde la II Guerra Mundial. Ucrania es el granero de Europa y muchas cosas más. Los que hablan de la reciente creación de Ucrania olvidan la implosión de la URSS, Imperio como el de los zares, aumentado en cientos de miles de kilómetros cuadrados gracias a los tanques del Pacto de Varsovia. Cuando la URSS estalla, cada país del Imperio busca la independencia, liderados por caudillos locales. Ahora pretenden que Polonia, Hungría, Chequia y Ucrania son nazis. Hasta la Unión Europea, en su placidez socialdemócrata, lo ha dudado hasta que apareció el ogro de Moscú. No lo son. Solamente conocen a Rusia, a Putin y al KGB y están en permanente guardia. Eso se oculta por las democracias europeas y, no digamos, en España. Maidan fue la revolución ucraniana contra el régimen títere de Putin y se olvida que Ucrania es un hecho histórico desde antes incluso de que existiera el concepto de estado, o de nación.

Nada de lo que negativamente pueda ser cierto respecto a Ucrania justifica una invasión a sangre y fuego a una nación independiente y soberana, reconocida como tal en el mundo entero y que tiene todo el derecho a tomar las decisiones que considere convenientes en el ejercicio de esa soberanía. No parece que Putin sea un demócrata convencido, habiendo asesinado a tantos opositores con métodos que recuerdan 'El poder del perro'. Y encima se olvida el Holodomor, el holocausto de Stalin en Ucrania que mató de hambre a seis millones de ucranianos, llevando a la población al canibalismo y trasladando a Siberia forzosamente a cientos de miles de ellos, igual que los nazis, en vagones de ganado, para diluir el mundo germano parlante de los originarios de la zona oeste del país, que había sido parte integrante del Imperio austrohúngaro, o del germánico, en un mar de rusófonos, a miles de kilómetros de sus hogares. ¿Con qué autoridad moral pontifican actualmente los componentes de la alegre muchachada comunista?

Foto: Campesinos hambrientos en una calle de Kharkiv, Ucrania, 1933 en una exposición conmemorativa en la Universidad de Harvard

¿También son corruptas y nazis Polonia, las repúblicas bálticas y Suecia, amenazadas por el zar Putin? No. Son enemigos históricos de Rusia. ¿Sabe el analfabetismo rampante que existió la Gran Lituania, o la Gran Polonia, o el Imperio Sueco? El nivel pretendidamente universitario es deleznable. Del otro prefiero no hablar. Son víctimas de la LOGSE. Ahora los próximos lo serán de Celaá. Respecto al tema nazi recomiendo la lectura de 'Memorias y confesiones' de Albert Speer y Rudolf Hess o 'Los amnésicos' de Geraldine Schwarz. Puede que se lleven más de una sorpresa respecto a los nazis y a la pretendida desnazificación.

Sonia Delaunay era ucraniana con pasaporte francés. Y creó los más hermosos tejidos de brillantes colores para acabar con la tristeza gris. Ayer se vio en todo el mundo la muerte de una niña de seis años. Asesinada por el ejército de Putin. ¿De qué color la habría amortajado Delaunay? Nada está por encima del ser humano. Nada. Ni el Arte.

Este es el título del hermoso himno nacional de Ucrania. Aunque los pacifistas de panza colmada y blandos pensamientos no lo crean, hay bellísimos versos en algunas canciones nacionales, que no otra cosa son los himnos. El nuestro no tiene letra porque somos una nación inacabada. Los ucranianos, gente aguerrida y descendiente de los cosacos, no cantan “que una sangre impura riegue nuestros surcos” como cantan los civilizados franceses. Ingenua y delicadamente cantan que “el destino nos sonreirá” y que “el enemigo se derretirá como el rocío bajo el sol” con la solemnidad de los grandes coros de los países del este y el aire resignadamente orgulloso de saber que luchan contra el destino.

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